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Técnicas de estudio


Atención y Concentración

Podemos definir la atención como la capacidad para centrarse de manera persistente en un estímulo o actividad concretos. Un trastorno de la atención puede manifestarse por distraibilidad fácil o por dificultad para realizar tareas o concentrarse en el trabajo.

Existen dos tipos de atención:

Involuntaria: es aquella en la que no ponemos intención. Por ejemplo, un sonido fuerte, una voz conocida, una luz.

Voluntaria: es aquella que requiere una elección por nuestra parte y por tanto un esfuerzo evitar la atracción que ejercen otros estímulos hacia nosotros. Este tipo de atención es indispensable para obtener rendimiento al estudiar.

La concentración es el mantenimiento prolongado de la atención. Para aumentar la capacidad de atención hay que trabajar sobre cinco puntos:

  • Ejercitar la voluntad y el interés por el estudio, esto es, estar motivado hacia él. Pensar a menudo porqué estudias, buscar la utilidad concreta que pueda tener lo que estás haciendo ahora, volver siempre a la tarea sin nervios ayuda a reforzar la voluntad.
     
  • Tratar adecuadamente los asuntos personales, esto puede hacerse de dos modos: anotarlos y posponer su atención para después del estudio, o bien, si es una cuestión importante o irritante, darse un tiempo de 15 minutos para pensar en ella y luego volver al estudio.
     
  • Entusiasmarse uno mismo con lo que está haciendo, teniendo en cuenta el poder que tienen los pensamientos, de modo que éstos deben ser positivos respecto a la tarea para que podamos sentirnos a gusto.
     
  • Procurar mantenerse físicamente en forma y sin tensiones a la hora de estudiar.
     
  • Hacer ejercicios específicos para mejorar la atención. Por ejemplo: Contar todas las "a" de una página de un libro teniendo en cuenta el tiempo que tardas en hacerlo. Observar un objeto cualquiera durante un minuto intentando recordarlo en el mínimo detalle. Dibujarlo sin el modelo intentando buscar la exactitud de los detalles.

El aprendizaje

Aprender algo significa realizar un cambio en nuestros conocimientos y forma de pensar sobre una cuestión concreta, con relativa permanencia, y que no se puede atribuir sólo al proceso de desarrollo de la persona. Depende de las circunstancias personales y el momento evolutivo en que se encuentre.

Hay cuatro condiciones básicas para conseguir un óptimo aprendizaje:

  1. Querer aprender, de forma voluntaria y libre.
  2. Tener motivación para aprender, sabiendo el esfuerzo que supone y estar dispuesto a realizarlo.
  3. Tener un método que sistematice los conocimientos.
  4. Distribuir de forma adecuada del tiempo, de manera que impida perderlo innecesariamente.

Además hemos de saber que existen una serie de leyes sobre el funcionamiento del aprendizaje:

  • Ley del parecido: Una imagen evoca a aquellas que se le parecen.
     
  • Ley del contraste: Una imagen evoca a la contraria.
     
  • Ley de la continuidad: Una imagen evoca a otra próxima en el espacio o en el tiempo.
     
  • Ley de las relaciones íntimas: Una imagen evoca otras que tienen relación con ella.
     
  • Ley del interés: Una imagen se une intensamente a un efecto si la emoción sentida por ella es agradable.

Así, cuanto más relacionemos lo que aprendemos con estas leyes más lo retendremos.

Para posteriormente saber combinar, integrar y extraer de los datos que hemos aprendido, es necesario crear una síntesis de los mismos. De aquí surgen unas leyes mentales que es necesario poner en práctica al estudiar y son:

  • Ley del Efecto: procurar asociar sentimientos agradables a todo lo referente al estudio, ya que se recordará mejor.
     
  • Ley del Ejercicio: la repetición continuada y el repaso hace muy fuerte la conexión entre los elementos estudiados, reduciendo mucho el olvido.
     
  • Ley de la Predisposición o del Fin: una vez aceptada una meta, el camino hacia ella se hace agradable, por tanto hemos de clarificar cuanto sea posible nuestras metas en el estudio.


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