La interpretación de los sueños

Sigmund Freud

LA ELABORACIÓN ONÍRICA
(26ª parte)

Así, pues, hemos resuelto el problema de la absurdidad de los sueños descubriendo que las ideas latentes de los mismos no son nunca absurdas -por lo menos las de los sueños de personas psíquicamente sanas- y comprobando que la elaboración onírica produce sueños absurdos o con algunos elementos de este género cuando encuentra en las ideas latentes elementos que entrañan crítica, insulto o burla y tiene que representarlos en su peculiar forma expresiva. Fáltanos ahora demostrar que la acción conjunta de los tres factores hasta el momento examinados -y de otro más que aún nos queda por investigar- es lo que constituye la elaboración onírica, la cual no hace, fuera de esto, sino llevar a cabo una traducción de las ideas latentes, ateniéndose a las cuatro condiciones que le son prescritas, y, además, que la cuestión de si el alma labora en el sueño con todas sus facultades o sólo con una parte de las mismas se halla defectuosamente planteada y se aparta de las circunstancias reales. Mas como existen numerosos sueños en los que se juzga, critica y reconoce y en los que surge asombro o extrañeza de algunos de sus elementos, se construyen complicadas argumentaciones o se emprenden tentativas de aclaración, habré de rebatir con la exposición de ejemplos apropiados las objeciones que aparecen fundadas en tales fenómenos.

Mi respuesta a dichas objeciones es la siguiente: aquello que en los sueños se nos muestra como una aparente actividad de la función del juicio no debe ser considerado como un rendimiento intelectual de la elaboración onírica, pues pertenece al material de ideas latentes y ha llegado desde ellas como un producto terminado al contenido manifiesto. Aún más: gran parte de los juicios que, después de despertar, hacemos recaer sobre el sueño recordado y gran parte de las sensaciones que la reproducción del mismo despierta en nosotros pertenecen al contenido latente y deben ser incluidos en la interpretación del sueño.

I

En páginas anteriores hemos expuesto ya un ejemplo que confirma estas afirmaciones. Una paciente no quiere relatarnos su sueño alegando que es demasiado oscuro. Ha visto en él a una persona de la que no sabe si es su marido o su padre. A continuación venía un segundo trozo del sueño en el que aparecía un receptáculo para el polvo, lo que llevó al siguiente recuerdo: Cuando estableció por primera vez su hogar había hecho una observación chistosa a un familiar joven, que su actual trabajo era sujetar un nuevo receptáculo para el polvo. Otro trozo del sueño: Al llegar la mañana siguiente lo encontró lleno de lirios del valle. Representa a una frase corriente, `no creció en mi propio abono' (es decir, «no soy responsable de esto»). El análisis nos revela que las ideas latentes tratan del recuerdo de una historia oída por la paciente en su juventud y relativa a una criada que había tenido un niño, no sabiéndose claramente quién era el padre. Así, pues, la representación onírica se extiende aquí hasta el pensamiento despierto y deja que uno de los elementos de las ideas latentes sea representado por un juicio, emitido en la vida despierta, sobre la totalidad del sueño.

II

Un caso análogo: uno de mis pacientes tiene un sueño que le parece muy interesante, pues en cuanto despierta se dice: «Esto tengo que contárselo al doctor.» Al analizar este sueño hallamos clarísimas alusiones a unas relaciones amorosas iniciadas por el sujeto durante su tratamiento y de las que se había propuesto no contarme nada.

III

Tercer ejemplo (soñado por mí): «Voy con P. en dirección al hospital y a través de un sitio lleno de casas y jardines. Mientras tanto surge en mí la idea de que yo he visto varias veces, en sueños, estos lugares. Pero ando un poco desorientado, y P. me indica un camino que conduce a un restaurante (instalado en un salón y no en un jardín). Llegado a él, pregunto por la señora Doni y oigo que vive al fondo, en un pequeño cuarto y con tres niños. Me dirijo allá, y antes de llegar encuentro a una persona imprecisa que viene con mis dos hijas pequeñas, a las que tomo conmigo después de permanecer un rato ante ellas. Una especie de reproche contra mi mujer por haberlas dejado allí.»

Al despertar experimento una gran satisfacción, que atribuyo a mi esperanza de averiguar ahora, con el análisis del sueño, lo que significa el yo he soñado ya con esto dentro del mismo sueño. Pero el análisis no me da luz ninguna sobre esto, limitándose a demostrarme que mi satisfacción pertenece al contenido latente y no a un juicio sobre el sueño. Es la satisfacción por haber tenido hijos en mi matrimonio. Pues una persona que ha seguido durante algún tiempo en la vida mi mismo camino, realizando primero iguales progresos que yo y adelantándome luego considerablemente en posición económica y social, no ha tenido hijos en su matrimonio. En este caso no necesitamos realizar un análisis completo, pues la simple mención de los dos motivos del sueño basta para la demostración deseada. Días antes leí en el periódico la esquela mortuoria de una señora llamada Dona A… y (nombre que convierto en Doni en mi sueño), muerta de resultas de un parto. Mi mujer me dijo luego que la comadrona que había asistido a aquella señora era la misma que la había asistido a ella en sus dos últimos partos. El nombre Dona me había llamado la atención por haberlo hallado poco antes en una novela inglesa. El otro motivo del sueño nos es revelado por la fecha en que éste se desarrolló. Fue la noche anterior al cumpleaños de mi hijo mayor, dotado, según parece, de felices aptitudes poéticas.

IV

Idéntica satisfacción experimenté también al despertar del absurdo sueño antes citado de que mi padre había desempeñado, después de su muerte, una importante misión política entre los magiares, hallándose motivada en este caso por la persistencia de la sensación que acompañaba a la última frase del sueño. «Recuerdo que mi padre presentaba en su lecho de muerte un extraordinario parecido con Garibaldi y celebro que haya llegado a cumplirse lo que tal semejanza prometía…» (A esto se agrega una continuación olvidada.) El análisis me proporciona el material correspondiente a esta laguna. Trátase de la mención de mi hijo segundo al que puse el nombre de una gran personalidad histórica que se había atraído poderosamente mi admiración, sobre todo durante mi estancia en Inglaterra. Durante el embarazo de mi mujer concebí el propósito de poner al esperado descendiente, si resultaba ser varón, el nombre de dicha personalidad, y en cuanto me presentaron al recién nacido le saludé ya muy satisfecho con dicho nombre. No es difícil observar que los padres suelen transferir en su pensamiento a sus hijos la consecución de aquellas aspiraciones que ellos se han visto obligados a reprimir, e incluso hemos de ver en esta circunstancia uno de los medios que facilitan dicha ineludible represión. El pequeño ser adquirió el derecho de ser incluido en este sueño por haberle sucedido aquel día el accidente - disculpable en los niños y en los moribundos- de haber ensuciado sus ropas. Recuérdese en relación con esto la alusión Stuhlrichter (Stuhlrichter = juez; Stuhl = silla; Stuhlgang = deposición), y el deseo del sueño; aparecer limpio de toda impureza ante nuestros hijos después de la muerte.

V

Habiendo de presentar ahora ejemplos de juicios emitidos en el sueño y que permanecen limitados a él sin extenderse a la vigilia o, por lo contrario, son transferidos a ella, facilitaré considerablemente mi labor, utilizando con este fin sueños ya expuestos para la demostración de otras particularidades del fenómeno onírico. El sueño del ataque de Goethe contra M. parece contener toda una serie de actos de juicio. «Intento aclarar las circunstancias de tiempo que me parecen inverosímiles.» ¿No equivale esto a un sentimiento crítico contra el desatino de que Goethe haya atacado literalmente a un joven conocido mío? «Me parece plausible que tuviera dieciocho años.» Esto semeja el resultado de un cálculo, si bien desatinado. Por último, el «No sé con seguridad en qué año estamos» sería un ejemplo de inseguridad o de duda en el sueño.

Pero el análisis de este caso me ha revelado que la expresión verbal de estos actos de juicio, aparentemente realizados por vez primera en el sueño, es susceptible de una distinta inteligencia que los hace valiosísimos para la interpretación onírica y desvanece al mismo tiempo todo absurdo. Con la frase «Intento aclarar las circunstancias de tiempo» me sitúo en el lugar de mi amigo, que intenta realmente aclarar las circunstancias temporales de la vida. Con esto pierde la frase toda significación de juicio contrario a la insensatez de las precedentes. La interpolación de «que me parecen inverosímiles» debe ser enlazada con la frase posterior: «Me parece plausible.» Aproximadamente con las mismas palabras había yo respondido a la señora que me relató la historia de la enfermedad de su hermano: «Me parece inverosímil que la exclamación `¡Naturaleza! ¡Naturaleza!' tenga alguna relación con Goethe; creo más plausible que tuviera para el enfermo la conocida significación sexual.» Existe aquí evidentemente un juicio; pero no ha sido formulado en el sueño, sino en la realidad y en una ocasión que es recordada y aprovechada por las ideas latentes. El contenido manifiesto se apropia este juicio como otro cualquier fragmento de las ideas latentes.

El número 18, con el que es disparatadamente enlazado el juicio en el sueño, conserva aún la huella de la totalidad de la que fue desglosado el juicio real. Por último, el «No sé con seguridad en qué año estamos» tiene por objeto establecer mi identificación con el paralítico, para lo cual había surgido realmente en mi visita al mismo un punto de apoyo.

En la solución de los aparentes actos de juicio del sueño podemos recordar la regla señalada al principio para la realización de la labor interpretadora; esto es, la de que hemos de echar a un lado, considerándola como una vana apariencia, la conexión de los elementos oníricos establecida en el sueño y buscar aisladamente la derivación de cada uno de dichos elementos. El sueño es un conglomerado que ha de ser fragmentado de nuevo para los fines de la investigación. Pero, por otra parte, observamos que se exterioriza en los sueños una fuerza psíquica que establece dicha aparente conexión; esto es, somete el material construido por la elaboración onírica a una elaboración secundaria. Tenemos aquí manifestaciones de aquel poder, que más tarde examinaremos como el cuarto de los factores que intervienen en la elaboración onírica.

VI

Continuaré buscando otros ejemplos de actos de juicio en los casos ya comunicados. En el sueño absurdo de la reclamación del Ayuntamiento pregunto a mi padre: «Te casaste poco después, ¿no?», y luego echo la cuenta de que nací en 1856, fecha que me parece suceder inmediatamente a la otra (1851). Este fragmento onírico reviste por completo la forma de una conclusión: mi padre se casó en 1851, poco después de tener el ataque: yo soy su primogénito y nací en 1856; luego esta fecha es inmediatamente posterior a la del matrimonio de mi padre. Sabemos que esta conclusión aparece falseada por la realización de deseos y que la frase dominante en las ideas latentes expresa: «Cuatro o cinco años no son nada.» Pero cada uno de los términos de la deducción posee, tanto por lo que respecta a su contenido como por lo que a su forma se refiere, una determinación diferente: el enfermo, cuya paciencia admira y critica mi colega, es quien en realidad piensa casarse en cuanto alcance su completa curación. La conversación que en el sueño sostengo con mi padre semeja un interrogatorio o un examen y me recuerda así a un catedrático de la Universidad que al hacer la lista de sus alumnos acostumbraba tomar una completa filiación de cada uno. «¿Nació usted en…?» -1856- «¿Padre?» A esta pregunta tenía uno que contestar con el nombre de su padre en latín o agregándole una desinencia latina, y los estudiantes opinábamos que el señor profesor y consejero áulico deducía del nombre del padre del matriculado conclusiones que el de este último no le hubiera facilitado por sí solo. Resulta, pues, que el deducir del sueño no es sino la repetición del deducir que aparece formando parte del material de las ideas latentes. Descubrimos aquí algo nuevo. Siempre que en el contenido manifiesto aparece una deducción que podemos asegurar que procede del contenido latente, pudiendo hallarse incluida en él a título de parte integrante del material recordado o de enlace lógico entre varias de las ideas que lo integran. Pero la deducción en el sueño constituye siempre la representación de una deducción efectuada en las ideas latentes.

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