La interpretación de los sueños

Sigmund Freud

LA ELABORACIÓN ONÍRICA
(16ª parte)

El análisis que a continuación exponemos de un sueño de una personalidad histórica contemporánea es incluido aquí por aparecer en él clarísimamente caracterizado como símbolo fálico, merced a la agregación de una determinante, un objeto apropiado ya de por sí para la representación del miembro masculino. El «infinito alargamiento» de una fusta no puede significar fácilmente cosa distinta de la erección. Este sueño constituye, además, un acabado ejemplo de cómo son representadas por material sexual infantil ideas graves y lejanas de lo sexual.

11. Un sueño de Bismarck. (Doctor Hanns Sachs.) (1919.)

En sus Pensamientos y recuerdos comunica Bismarck una carta dirigida por él al emperador Guillermo I, con fecha 18 de diciembre de 1881, de la que tomamos el siguiente párrafo:

«Lo que V. M. me escribe me anima a relatarle un sueño que tuve en la primavera de 1863, cuando la gravedad de la situación política había llegado a su punto máximo y no se vislumbraba salida ninguna practicable. Así las cosas, soñé una noche -y a la mañana siguiente comuniqué mi sueño a mi mujer y a otras personas- que iba a caballo por una angosta senda alpina, bordeada a la derecha por un abismo y a la izquierda por una roca perpendicular. La senda fue haciéndose cada vez más estrecha, hasta el punto de que el caballo se negó a seguir adelante, resultando también imposible, por falta de sitio, dar la vuelta o apearme. En este apuro, golpeé con la fusta que empuñaba en mi mano izquierda la roca vertical y lisa, invocando el nombre de Dios. La fusta se alargó infinitamente, cayó la roca y apareció ante mis ojos un amplio camino, al fondo del cual se extendía un bello paisaje de colinas y bosques, semejante al de Bohemia, por el que avanzaba un ejército prusiano con sus banderas desplegadas. Al mismo tiempo surgió en mí el pensamiento de cómo podría comunicar rápidamente tal suceso a V. M. Este sueño, del que desperté contento y fortificado, llegó luego a cumplirse.»

La acción que el sueño desarrolla aparece dividida en dos partes. En la primera llega a encontrarse el soñador en un grave aprieto, del que es luego salvado, en la segunda, de un modo milagroso. El apurado trance en que el sueño presenta al jinete y a su montura es una deformación onírica fácilmente reconocible de la crítica situación del hombre de Estado, la cual debió pesar especialmente sobre el ánimo de Bismarck al reflexionar, la tarde anterior al sueño, sobre los graves problemas que la política le planteaba por aquellas fechas. Con la misma imagen utilizada como representación por el sueño, describe Bismarck en el párrafo antes copiado de su carta al emperador («no se vislumbra salida ninguna practicable») su apurada situación, prueba de que dicho giro le era usual. Este sueño nos presenta, además, un acabado ejemplo del «fenómeno funcional» de Silberer. Los procesos que se desarrollan en el ánimo del sujeto, cuyas tentativas de solución tropiezan todas con obstáculos insuperables, pero que no puede ni debe, sin embargo, apartar su espíritu de la reflexión sobre los problemas planteados, quedan exactamente representados por el jinete, que no puede avanzar ni volver atrás. El orgullo que le prohíbe ceder y renunciar a sus proyectos se manifiesta en el sueño por medio de las palabras «imposible dar la vuelta o apearme». Por su continua y dura labor, puesta constantemente al servicio del bien ajeno, podía Bismarck compararse al caballo, cosa que hizo, en efecto, repetidas veces, por ejemplo, en la conocida frase: «Un buen caballo muere ensillado.» Así explicada, la frase «el caballo se negó a seguir adelante» no significa sino que el sujeto, fatigadísimo, experimentaba la necesidad de apartarse de los cuidados de la actualidad, o, dicho de otro modo, que se hallaba en vías de libertarse de las cadenas del principio de la realidad por medio del reposo y del sueño. La realización de deseos, tan enérgicamente lograda en la segunda parte, queda ya preludiada en la primera con las palabras «senda alpina». Por aquellos días tenía ya Bismarck el proyecto de pasar sus próximas vacaciones en los Alpes -en Gastein-. El sueño que allí le trasladaba le libertaba, pues, por completo de todos los abrumadores negocios del Estado.

En la segunda parte muestra el sueño doblemente realizados los deseos del sujeto, una vez franca y comprensiblemente, y otra, simultánea, en forma simbólica. Simbólicamente, por la desaparición del obstáculo, en lugar del cual le muestra un amplio camino, o sea la salida buscada, en su forma más cómoda; abiertamente, por la vista del ejército prusiano en marcha. Para el esclarecimiento de esta profética visión no es preciso establecer conexiones místicas; basta con la teoría freudiana de la realización de deseos. Bismarck ansiaba ya, como la mejor solución de los conflictos internos de Prusia, una guerra victoriosa con Austria. Mostrándole al ejército prusiano en marcha a través de Bohemia, o sea del territorio enemigo, le presenta su sueño la realización de tal deseo, conforme al postulado de Freud. Desde el punto de vista individual, la única circunstancia importante es la de que el sujeto del sueño no se contentó en este caso con la realización onírica, sino que supo conquistar la real. Un detalle que ha de llamar necesariamente la atención de todo conocedor de la técnica de interpretación psicoanalítica es el de la fusta que se «alarga infinitamente». La fusta, el bastón, la pica y otros muchos objetos de este género son corrientes símbolos fálicos. Pero cuando además se atribuye a la fusta la cualidad más singular del falo, esto es, la de dilatarse, no podemos abrigar ya la menor duda. La exageración del fenómeno hasta el «infinito» parece corresponder a una concepción infantil del mismo. El empuñar la fusta es una clara alusión al onanismo referido, naturalmente, no a las circunstancias actuales del sujeto, sino a épocas muy pretéritas de su infancia. Nos resulta en este caso muy valiosa la interpretación hallada por el doctor Stekel de que la izquierda significa en el sueño el delito, o sea en el caso presente, la masturbación infantil practicada contra una expresa prohibición. Entre este más profundo estrato infantil y el más superficial, constituido por el tema de los planes diurnos del hombre de Estado, descubrimos aún otro, intermedio y relacionado con los dos. Todo el proceso de la salvación conseguida con la ayuda de Dios, golpeando la roca, recuerda evidentemente una escena bíblica, aquella en que Moisés salva a su pueblo de la sed haciendo brotar agua de una peña al golpe de su vara. Bismarck, perteneciente a una piadosa familia protestante, familiarizada con los textos bíblicos, tenía que conocer tal escena, y por aquellos días de conflicto podía muy bien compararse con Moisés, pues ha puesto, como él, todas sus energías al servicio de su pueblo y se ve también recompensado con el odio, la ingratitud y la rebelión. Esta circunstancia hubo de facilitar el enlace de sus deseos actuales con el citado pasaje de la Biblia, el cual contiene, por otro lado, algunos detalles muy susceptibles de ser utilizados en la fantasía masturbadora. Contraviniendo el mandato de Dios, empuña Moisés la vara, y esta desobediencia es castigada por el Señor con el anuncio de que morirá sin pisar la tierra de promisión. La desobediencia a la prohibición de empuñar la vara -inequívocamente fálica en el sueño-, la producción de un líquido por el acto de golpear con ella y la amenaza de muerte: he aquí reunidos todos los factores de la masturbación infantil. Muy interesante es en este caso la elaboración que ha soldado, por medio del pasaje bíblico, tales dos imágenes, heterogéneas, procedente una de ellas de la psiquis del genial hombre de Estado, y la otra de los impulsos de la primitiva alma infantil, logrando, además, borrar todos los factores displacientes. La circunstancia de que el empuñar la vara es un acto prohibido y rebelde queda indicada simbólicamente por el hecho de ser realizado dicho acto con la mano izquierda. Pero en el sueño manifiesto acompaña al mismo la invocación a Dios, como para rechazar lo más ostensiblemente posible toda idea de ilicitud. De las dos predicciones que Dios hace de Moisés, la de que dará vista a la tierra prometida y la de que no llegará a pisarla, queda claramente representada la realización de la primera (vista de un paisaje de colinas y bosques), y, en cambio, la otra, en extremo displaciente, no es siquiera mencionada. El agua ha sido suprimida, sin duda, por la elaboración secundaria, que aspiraba a la unificación de este escena con la precedente y queda sustituida por la disgregación de la roca misma. El final de una fantasía onanista infantil, en la que aparece representado el tema de la prohibición, ha de ser, a nuestro juicio, el deseo de que las personas a cuya autoridad se halla sometido el niño no averigüen nada de lo sucedido. En el sueño se muestra representado este deseo por su contrario, el de comunicarlo en seguida al rey. Pero esta inversión se armoniza perfectamente y sin esfuerzo alguno con la fantasía victoriosa contenida en el estrato más superficial de las ideas latentes y en una parte del contenido manifiesto. Tales sueños de victoria y avasallamiento son con frecuencia encubridores de deseos eróticos de.conquista. Algunos rasgos de éste (por ejemplo, el obstáculo que se opone el avance del sujeto y desaparece después del empleo de la fusta, «que se alarga infinitamente», quedando sustituido por un amplio camino) indicarían algo semejante, pero no son suficientes para concluir la existencia de una orientación ideológica y optativa determinada de todo el sueño. Este nos ofrece, desde luego, un acabado modelo de deformación onírica perfectamente conseguida.

Lo que decía provocar displacer es elaborado de tal manera que permanece totalmente encubierto por la trama tejida sobre ello, quedando así evitado el desarrollo de angustia. Constituye, pues, este sueño un caso ideal de realización de deseos, conseguida hasta el último extremo sin despertar en absoluto la suspicacia de la censura, resultando así comprensible que el sujeto despertara de él contento y fortificado.

Cerraremos esta serie de ejemplos con el sueño siguiente:

12. Sueño de un químico (1909).

El sujeto es un joven químico que trataba de sustituir por el comercio sexual normal con una mujer sus costumbres onanistas.

Información preliminar. -El día inmediatamente anterior al sueño ha estado explicando a un estudiante la reacción de Grignard, por medio de la cual puede convertirse el magnesio, bajo la acción catalítica del yodo, en éter absolutamente puro. Realizado este mismo experimento, se produjo dos días antes una explosión, de la que resultó con quemaduras en las manos uno de los asistentes. Sueño. -I. Tiene que hacer un compuesto de fenol, magnesio y bromo. Ve clarísimamente todos los aparatos dispuestos para el experimento, pero ha sustituido el magnesio por su propia persona. Se halla en un estado singularmente vacilante y no cesa de repetirse: «Esto va bien, mis pies comienzan ya a disolverse, mis rodillas se ablandan.» Luego se palpa los pies, saca (no sabe cómo) sus piernas del alambique y dice: «Esto no puede ser. Pero, sí: está bien hecho.» Al llegar aquí despierta parcialmente y se repite el sueño porque quiere contármelo. Siente ya miedo de lo que habrá de solucionar su interpretación; experimenta durante este intervalo, en el que permanece medio despierto, una gran excitación y repite sin cesar: «Fenil, fenil…» II. Se encuentra con toda su familia en (…ing) y está citado con cierta señora a las once y media, pero cuando se despierta es ya esta hora. Se dice: «Ya es tarde: cuando llegue allí serán más de las doce y media.» Luego ve a su familia sentada a la mesa, y con particular precisión a su madre y a la criada, que trae la sopera. Entonces se dice: «Bueno; si vamos a comer, no puedo irme.»

Análisis. -Está seguro de que ya el primer sueño se halla relacionado con la señora de la cita. (Fue soñado la noche inmediatamente anterior a esta cita.) El estudiante al que explicó la reacción de Grignard es un sujeto repulsivo. Durante el experimento hubo de decirle: «Eso no va bien», al ver que el magnesio permanecía aún intacto, y el interpelado respondió: «No, no va bien», como si todo aquello le tuviese sin cuidado. Este estudiante es él mismo, tan indiferente a su propio análisis como aquél a su síntesis. En cambio, la persona que lleva a cabo en el sueño la operación química no es él, soy yo, presentado bajo sus apariencias. ¡Cuán repulsivo debe parecerme por su indiferencia hacia el resultado del tratamiento! También es él, por otro lado, aquello con lo que se hace el análisis (síntesis).

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