La interpretación de los sueños

Sigmund Freud

LA ELABORACIÓN ONÍRICA
(14ª parte)

El patio sobre cuyo suelo se halla extendida la plancha de hojalata no debe ser considerado, en esencia, como un símbolo, pues procede de un recuerdo del local en que el padre ejercía su comercio. Por discreción he sustituido por «hojalata» el artículo en que realmente comercia el padre, sin cambiar en nada más el texto del sueño. El sujeto, que ha comenzado a ayudar al padre en sus negocios, ha visto con gran repugnancia desde el primer día lo incorrecto de algunos de los procedimientos en los que reposa gran parte del beneficio obtenido. Así, pues, podemos dar a la idea que antes dejamos interrumpida la continuación siguiente: («Si yo hubiera preguntado a mi padre, me hubiera engañado como engaña a sus clientes.»)

El deseo del padre de arrancar un pedazo de la plancha de hojalata pudiera ser representación de su falta de honradez comercial pero el mismo sujeto del sueño nos da otra explicación distinta, revelándonos que es un símbolo del onanismo. Esta interpretación coincide con nuestro conocimiento de los símbolos; pero, además, está perfectamente de acuerdo con ella el hecho de que el secreto en que se han de realizar las prácticas masturbadoras queda expresado por la idea antitética (puede arrancar abiertamente lo que quiera). Tampoco extrañamos ver al hijo atribuir al padre el onanismo, del mismo modo que le ha atribuido la interrogación de la primera escena del sueño. El foso acolchado es interpretado por el sujeto como una representación de la vagina, con sus suaves y blancas paredes, interpretación a la que nuestro conocimiento de los símbolos nos permite añadir que el descenso al foso significa, como en otros casos, la realización del coito.

La circunstancia de hallarse el primer foso seguido de una larga plataforma, al final de la cual hay otro nuevo foso, nos la explica el sujeto por un detalle biográfico. Después de haber tenido frecuentes relaciones sexuales, se halla privado de ellas por inhibiciones patológicas que le impiden realizar el coito y espera que el tratamiento a que se ha sometido le devuelva su perdido vigor. Hacia su final se hace el sueño más impreciso, induciéndonos a sospechar la influencia, ya desde su segunda escena, de un nuevo tema, al que se refiere el comercio del padre, su poco escrupuloso proceder y la vagina representada por la primera fosa todo lo cual nos mueve a suponer una relación con la madre del sujeto.

4. Simbolización de los genitales masculinos por personas y de los femeninos por un paisaje (1911). (Sueño de una mujer perteneciente a la clase popular, casada con un agente de Policía. -Comunicado por B. Dattner.)

«…Alguien se introdujo entonces en la casa y, llena de angustia, llamo a un agente de Policía. Pero éste, de acuerdo con dos ladrones, había entrado en una iglesia, a la que daba acceso una pequeña escalinata. Detrás de la iglesia había una montaña, cubierta en su cima de espeso bosque. El agente de Policía llevaba casco, gola y capote. Su barba era poblada y negra. Los dos vagabundos que tranquilamente le acompañaban llevaban a la cintura unos delantales abiertos en forma de sacos. De la iglesia a la montaña se extendía un camino bordeado de matorrales, que se iban haciendo cada vez más espesos, hasta convertirse en un verdadero bosque al llegar a la cima.»

5. Sueños de castración soñados por sujetos infantiles (1919).

a) Un niño de tres años y cinco meses que ha recibido con visible disgusto la noticia del regreso de su padre, después de una larga ausencia, despierta una mañana muy excitado y repitiendo sin cesar la pregunta: «¿Por qué llevaba papá su cabeza en un plato? Esta noche llevaba papá su cabeza en un plato.»

b) Un estudiante, enfermo hoy de una grave neurosis obsesiva, recuerda que a los seis años tuvo repetidas veces el sueño siguiente: va a la peluquería a cortarse el pelo. De pronto aparece una mujer de alta estatura y severo rostro y le corta la cabeza. En esta mujer reconoce a su madre.

6. Simbolismo urinario (1914):

El dibujo reproducido a continuación y titulado Sueño de la niñera francesa procede de una serie de ellos que Ferenczi halló en una revista humorística húngara (Fidibusz) y reconoció como muy apropiado para ilustrar la teoría de los sueños. O. Rank lo ha utilizado ya en su trabajo sobre la acumulación de símbolos en los sueños provocados por un estímulo exterior que acaba por interrumpir nuestro reposo (pág. 99).

Hasta la última viñeta, que muestra el despertar de la niñera a consecuencia de los gritos del niño, no descubrimos que las siete anteriores representan las fases de un sueño. La primera reconoce el estímulo que ha de interrumpir el reposo. El niño siente una necesidad y solicita la ayuda correspondiente. Pero el sueño cambia el lugar de la acción, sustituyendo la alcoba por un paseo. En la segunda viñeta, la sujeto ha arrimado al niño a una columna; el niño orina -y ella puede, por tanto, continuar durmiendo-. Pero el estímulo despertador no cesa; antes bien, se hace más fuerte; el niño, al ver que no le hacen caso, chilla con más energía. Cuanto mayor es la energía con la que reclama el despertar y la ayuda de la niñera, más seguramente hace ver a ésta su sueño que todo se halla en orden y que no tiene necesidad de interrumpir su reposo, amplificando el símbolo en proporción a la intensidad del estímulo despertador. La líquida corriente que el niño emana se hace cada vez mayor. En la cuarta viñeta navega ya sobre ella un bote; luego, una góndola, un barco velero y, por último, un gran vapor. La lucha entre la imperiosa tenacidad de dormir y el infatigable estímulo despertador queda descrita en el dibujo por el gracioso artista.

7. Un sueño de escaleras (1911). (Comunicado e interpretado por Otto Rank.)

Al mismo colega que me comunicó el sueño de estímulo dental que más adelante expondremos debo el relato del siguiente sueño de polución, análogamente transparente:

«Corro escaleras abajo detrás de una niña para castigarla por algo que me ha hecho. Al final de la escalera la detiene alguien (¿una persona adulta femenina?). La cojo y no sé si le llego a pegar, pues de repente me encuentro en.mitad de la escalera, donde (como si flotara en el aire) realizo el coito con la muchacha. En realidad no es un coito completo, sino que me limito a frotar mi pene contra sus genitales exteriores, apareciéndoseme con extraordinaria claridad tanto esto como la cabeza de la muchacha, vuelta e inclinada hacia un lado. Mientras tanto, veo colgando a mi izquierda y por encima de mí (también como en el aire) dos cuadritos que representan un paisaje, una casa entre verdes árboles. El más pequeño de tales cuadros muestra en el ángulo inferior, donde el pintor debía haber colocado su firma, mi propio nombre, como si me estuviera dedicado como regalo por mi cumpleaños. De los dos cuadritos cuelga, además; una tarjeta, en la que se lee que hay también cuadros aún más baratos (después me veo muy imprecisamente como acostado en una cama situada en un descansillo de la escalera). Al llegar aquí despierto con una sensación de humedad, provocada por la polución.»

Interpretación. -La tarde inmediatamente anterior al sueño había estado el sujeto en una librería y se entretuvo mirando unos cuadros que representaban motivos pictóricos análogos a los de su sueño. Un cuadrito muy pequeño le gustó más que los restantes y se aproximó para ver el nombre del pintor, que le resultó por completo desconocido.

Aquella misma tarde oyó contar de una criada nacida en Bohemia que, hablando de un hijo natural que había tenido, se vanagloriaba de que «se lo habían hecho en la escalera». Extrañado el sujeto ante una circunstancia tan poco corriente, inquirió detalles de la historia y supo que la criada de referencia había ido un día con su novio a casa de sus padres y, no habiendo encontrado ocasión de realizar allí el coito, lo había realizado, a la salida, en medio de la oscura escalera. Modificando entonces el sujeto la frase corrientemente usada para expresar que un vino ha sido falsificado y no procede de los viñedos que su marca indica, dijo en tono humorístico que aquel niño «había nacido en la escalera de la cueva».

Estas conexiones con sucesos diurnos, que aparecen representadas en el sueño, son espontáneamente reproducidas por el sujeto. Pero al mismo tiempo reproduce también, con igual facilidad, un fragmento de un recuerdo infantil que ha sido asimismo utilizado por el sueño. La escalera que éste le muestra es la de la casa en que pasó la mayor parte de su infancia y en la que trabó su primer conocimiento con los problemas sexuales. Uno de sus juegos consistía en dejarse resbalar, con otros niños de su edad, a horcajadas sobre el pasamanos, ejercicio que despertaba en él excitación sexual. En su sueño baja igualmente la escalera con enorme rapidez; tanta, que, como dice al relatarlo, no toca los escalones, sino que bajaba «volando» y «resbalando». Este comienzo del sueño parece representar el factor excitación sexual de dicho suceso infantil. En tales escaleras y en la casa a la que correspondían había el sujeto jugado de niño con sus compañeros a juegos violentos (luchas, guerras, etc.) de encubierto carácter sexual, en los que hubo de hallar una satisfacción de este género, lograda en forma análoga a la del sueño.

Conociendo por las investigaciones de Freud sobre el simbolismo sexual (cf. Zentralblatt f. Ps., A, número 1, página 2) que las escaleras y el subir o bajar por ellas simbolizan casi siempre, en los sueños, el coito, se nos hace este sueño por completo transparente. Su fuerza impulsadora es, como nos lo muestra la polución a que da origen, de naturaleza puramente libidinosa. En el estado de reposo, despierta la excitación sexual (representada en el sueño por el rápido. bajar o resbalar por la escalera, cuyo matiz sádico, basado en los juegos violentos del sujeto cuando niño, queda indicado en la persecución y el abuso de la niña. La excitación libidinosa va tomando incremento e impulsa a la acción sexual (representada en el sueño por los actos de apoderarse de la niña y conducirla a la mitad de la escalera). Hasta aquí sería el sueño un puro símbolo sexual, y como tal, nada transparente para los interpretadores poco experimentados. Pero esta satisfacción simbólica que había salvaguardado hasta entonces la tranquilidad del reposo, no basta a la intensísima excitación libidinosa. La excitación conduce al orgasmo, quedando así evidenciado todo el simbolismo de la escalera como una representación del coito. Este sueño parece confirmar, con especial claridad, la opinión freudiana de que el aprovechamiento sexual de dicho simbolismo rítmico de ambos actos, pues el sujeto manifiesta en su relato que el ritmo de su acto sexual con la niña constituyó el elemento más claro y preciso de su sueño.

Hemos de hacer todavía una observación sobre los dos cuadros del sueño que, aparte de su significación real, posean, en sentido simbólico, la de «mujeres» (Weibsbild, literalmente «imagen de mujer»), y por extensión corriente, «mujer», cosa que resulta ya del hecho de tratarse de uno grande y otro pequeño, como en el contenido manifiesto, de una mujer (adulta) y una niña («una pequeña»). El que haya también cuadros más baratos conduce al complejo de las prostitutas, como, por otro lado, el nombre de pila del sujeto y la idea de que le han regalado el cuadro por el día de su cumpleaños (Geburtstag, literalmente, «día del nacimiento»), al complejo de los padres (nacido en la escalera, creado en el coito). La imprecisa escena final, en la que el sujeto se ve acostado en una cama situada en el descansillo de la escalera y siente humedad, parece aludir, retrocediendo más allá del onanismo infantil, a períodos más tempranos de la infancia del sujeto y tener, probablemente, como modelo escenas análogamente placenteras en las que quedó mojada la cama.

8. Un sueño de escaleras, modificado (1911).

Hago a un paciente mío, un abstinente gravemente enfermo, cuya fantasía se halla fijada a su madre y que ha soñado varias veces ir subiendo una escalera en su compañía, la advertencia de que una masturbación mesurada le sería probablemente menos perjudicial que su forzada abstinencia. La influencia de este consejo mío provoca el sueño siguiente:

«Su profesor de piano le reprocha que descuide su práctica de dicho instrumento y no ejercite los estudios de Moscheles ni el Gradus ad Parnassum, de Clementi.»

Anterior Siguiente
Contenido relacionado: