*

La interpretación de los sueños

Sigmund Freud

LA ELABORACIÓN ONÍRICA
(4ª parte)

II

Una vez que un colega me remitió un trabajo suyo en el que, a mi juicio, se concedía valor exagerado a un moderno descubrimiento fisiológico y, sobre todo, se trataba de él en términos harto ampulosos, soñé a la noche siguiente una frase que indudablemente se refería a dicho trabajo. Esta frase era: «Es éste un estilo verdaderamente norekdal.» La solución de este producto verbal me resultó al principio difícil. No cabía duda de que se había formado en calidad de parodia de superlativos tales como «colosal» y «piramidal», pero no era fácil adivinar de dónde procedía. Por fin quedó dividido este monstruo verbal en los nombres Nora y Ekdal, que son los de dos personajes de dos conocidas obras de Ibsen. Poco tiempo antes había leído un artículo periodístico sobre Ibsen, original del mismo autor, cuya última obra criticaba en mi sueño.

III

Una de mis pacientes me comunicaba un breve sueño, que termina en una desatinada combinación verbal. Se encuentra con su marido en una fiesta campesina y dice: «Esto acabará en un Maistollmütz general.» Al decir esto, tiene en el sueño la oscura idea de que aquella palabra es el nombre de un plato en cuya composición entra la harina de maíz (mais), una especie de polenta. El análisis divide la palabra en mais (maíz) -toll (loco) -mannstoll (ninfómana) y Olmütz (nombre de una ciudad), palabras todas que la sujeto reconoció como restos de una conversación de sobremesa con sus familiares. Detrás de la palabra mais se esconde, a más de una alusión a una exposición recientemente inaugurada, las palabras siguientes: Meißen (una porcelana de Meißen que representaba un pájaro), Miss (la institutriz de sus parientes había partido para Olmütz), mies (que en el argot humorístico judío significa «malo»). Una larga concatenación de ideas y asociaciones partía de cada una de las sílabas del ininteligible compuesto verbal.

IV

Un joven a cuya casa ha acudido un conocido suyo a última hora de la tarde para dejarle una tarjeta, sueña aquella noche lo siguiente: un operario espera hasta última hora de la tarde para arreglar el timbre. Después que se ha marchado sigue éste sin sonar continuadamente y sí solo a golpes. Un criado vuelve a traer al operario, y él dice: «Es curioso que también aquellas personas que, en general son tutelrein no entiendan el manejo de estas cosas.» El indiferente estímulo del sueño no justifica, como se ve, sino un solo elemento del contenido. Además, si ha llegado a constituirse en tal estímulo ha sido únicamente por agregarse a un suceso anterior, indiferente también, pero que la fantasía del sujeto adornó, dándole así importancia. Siendo todavía muchacho y viviendo con su padre, tiró al suelo un vaso de agua, que al.traspasar los hilos del timbre lo hizo sonar continuadamente. Si el sonar continuadamente corresponde al mojarse el «sonar a golpes» será utilizado para representar la caída de gotas de un líquido. La palabra tutelrein se divide en tres direcciones distintas; indica así tres de las materias representadas en las ideas latentes; Tutel significa, en primer lugar, tutela, curatela, y es, además, una denominación vulgar del pecho femenino. La sílaba restante rein (limpio) se agrega a las primeras sílabas de Zimmertelegraph (timbre) para formar Zimmerrein, palabra que alude al agua vertida sobre el suelo y presta analogías con un apellido de la familia del sujeto.

V

En un largo y confuso sueño propio, cuyo centro era aparentemente un viaje por mar, sucedía que la primera escala era Hearsing y la siguiente Fliess. Este último nombre es el apellido de mi amigo de B…, por cuya causa he realizado frecuentes viajes. Pero Hearsing es un nombre compuesto de la desinencia ing, común a gran cantidad de lugares próximos a Viena: Hiezing, Liesing, Moedling (cuyo antiguo nombre fue Medelit, meaedeliciae, o sea meine Freud[e]), y la palabra inglesa hearsay, equivalente a calumnia. Esta palabra se relaciona con el estímulo onírico indiferente del día, una poesía del semanario humorístico Fliegende Blätter. Relacionando la desinencia ing con el apellido Fliess obtenemos Vlissingen, nombre real del puerto en que desembarca mi hermano cuando viene a visitarnos desde Inglaterra. El nombre inglés de Vlissingen es Flushing, que en dicho idioma significa ruborizarse, y me recuerda a una paciente que padece de miedo a ruborizarse y una reciente publicación de Bechterew sobre esta neurosis, publicación cuya lectura me ha sido harto desagradable.

VI En otra ocasión tuve un sueño compuesto de dos fragmentos separados. El primero es la palabra Autodidasker, precisamente recordada, y el segundo coincide fielmente con una fantasía breve e inocente edificada pocos días antes y cuyo contenido era el de que cuando viera al profesor N. habría de decirle: «El paciente sobre cuyo estado le consume últimamente no padece en realidad sino una neurosis, como usted ya suponía.» El neologismo Autodidasker habrá, pues, de cumplir dos condiciones: la de entrañar o representar un sentido comprimido y la de que dicho sentido se halle relacionado con mi propósito diurno de dar el profesor N. la citada satisfacción.

Autodidasker resulta fácilmente divisible en autor, autodidacta y Lasker, elemento este último al que viene a agregarse el nombre de Lassalle. Las primeras de estas palabras conducen al motivo del sueño, importante esta vez. Había traído a mi mujer varias obras de un autor amigo de mi hermano (J. J. David) y que, como después he sabido, nació en el mismo lugar que yo. Una tarde me habló de la profunda impresión que le había producido una de estas obras, en la que se describía la triste historia de un talento malogrado, y nuestra conversación recayó después sobre las dotes intelectuales de nuestros hijos..Influida por la reciente lectura, expresó mi mujer su preocupación con respecto al porvenir de los niños, tranquilizándola yo con la observación de que precisamente los peligros a que se refería podían ser alejados por la educación. Por la noche continuaron ocupándome estos pensamientos, medité a mi vez sobre aquello que preocupaba a mi mujer y entretejí con ello muy diversas ideas. Unas manifestaciones que el poeta había hecho a mi hermano sobre el matrimonio indicaron a mis pensamientos un nuevo camino que podía conducir a lo representado por mi sueño. Este camino me llevó hasta Breslau, ciudad en la que se había casado una señora muy amiga nuestra. Con respecto a la preocupación de la posibilidad de malograr una vida a causa de una mujer o de las mujeres, preocupación que constituía el nódulo de mi sueño, encontré los ejemplos de Lasker y Lassalle, que me permitieron representar simultáneamente los dos géneros de tal influencia desgraciada de la mujer. El cherchez la femme, en el que pueden sintetizarse estos pensamientos, me lleva, aunque en distinto sentido, a mi hermano Alejandro, aún soltero. Advierto entonces que Alex, como solemos llamarle familiarmente, suena como una transposición del nombre Lasker y que este factor tiene que haber contribuido a comunicar a mis pensamientos la dirección del rodeo emprendido pasando por Breslau. Este juego de palabras y sílabas a que aquí me dedico entraña todavía otro sentido. Constituye, en efecto, una representación del deseo de ver fundar a mi hermano una dichosa vida de familia. Esta sustitución se verifica en la forma siguiente: en la novela L'oeuvre, a la que había de hallarse muy próximo el contenido de mis ideas latentes, describe el poeta en un pasaje episódico su propia felicidad familiar y se presenta él mismo bajo el nombre de Sandoz. Para construir este seudónimo siguió seguramente este camino: Zola, leído a la inversa (como suelen los niños hacer muchas veces a guisa de entretenimiento), da Aloz. Esto resultaba demasiado transparente y, por tanto, sustituyó la sílaba «al», que inicia también el nombre Alejandro, por la tercera sílaba -sand- del mismo nombre, resultando así Sandoz. De un modo análogo surgió, pues, mi Autodidasker.

Mi fantasía de que digo al profesor N. que el enfermo por ambos examinado no padece sino una neurosis ha llegado al sueño del siguiente modo: poco tiempo antes del verano vino a mi consulta un paciente cuya enfermedad me fue imposible diagnosticar. Padecía una grave alteración orgánica, probablemente medular, pero sin que pudiera afirmarse con seguridad. Hubiera sido muy tentador diagnosticar una neurosis, con lo cual habrían quedado resueltas todas las dificultades; pero el paciente negó en absoluto toda posible etiología sexual, sin la cual no reconozco jamás la existencia de una neurosis. En mi incertidumbre, acudí a aquel médico, que me inspira (y no es a mí solo) mayor veneración y ante cuya autoridad me doblego más fácilmente. Oyó mis dudas, las conceptuó justificadas y opinó después: «Continúe usted observando al sujeto. Es seguramente un neurótico.» Sabiendo que este ilustre médico no comparte mis opiniones sobre la etiología de las neurosis, me abstuve de contradecirle, fundándome en las declaraciones del paciente, pero no dejé de expresarle mi incredulidad. Días después comuniqué al enfermo que no sabía qué hacer con él y le aconsejé que viera a otro médico. Mas para mi sorpresa, comenzó a pedirme perdón por haberme mentido, alegando lo había hecho por vergüenza, y me reveló toda la parte de etiología sexual que yo esperaba y me era precisa para diagnosticar una neurosis. Por un lado, fue esto una satisfacción para mí, mas por otro me avergonzaba un tanto, pues tenía que confesarme que mi colega había visto las cosas con más claridad que yo, sin dejarse engañar por las manifestaciones del enfermo. Por tanto, me propuse decirle en cuanto le viese que tenía razón, habiendo sido yo el equivocado. Esto último es precisamente lo que hago en mi sueño. Pero ¿qué realización de deseos puede haber en él si reconozco que estoy equivocado? Precisamente es éste mi deseo: el de que mis temores o los de mi mujer, que hago míos en las ideas latentes, sean equivocados. El tema a que se refiere en el sueño el acierto o la equivocación no se halla muy lejano de lo que realmente posee un interés en las ideas latentes, pues está constituido por la misma alternativa entre las dos perturbaciones que puede originar la mujer, o, mejor dicho, la vida sexual, esto es, la perturbación orgánica o la funcional, la parálisis tabética o la neurosis. Con esta última se relaciona algo laxamente el desdichado fin de Lassalle.

Anterior Siguiente
Contenido relacionado: