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Drogas y adicciones

LOS ADOLESCENTES Y LAS DROGAS

En términos generales los adolescentes no consumen más drogas (ni en mayor cantidad) que los adultos, aunque puede que en ocasiones lo hagan de modo distinto. De hecho, tanto el consumo de drogas legales cuanto el de ilegales no es mayoritario entre la población adolescente, sino que se incrementa con la edad.

  • El consumo de alcohol aumenta significativamente a partir de los 22 años.
  • El grupo mayoritariamente consumidor de “pastillas” (MDMA y similares) tiene edades comprendidas entre los 19 y 25 años.
  • La edad media de inicio en el consumo de heroína son los 20 años.
  • La cocaína es generalmente una droga de adultos (el inicio en su consumo se produce en torno a los 22 años).
     

Las drogas de uso (y de abuso) más frecuente entre los escolares son: En primer lugar, el alcohol y el tabaco.

En segundo, el hachís (los “porros”).

En tercero las “pastillas” (MDMA y similares).

La adolescencia es la edad en la que se produce mayoritariamente el inicio en el consumo de estas drogas:

En torno a los 13-14 años tienen lugar los primeros consumos de tabaco.

Alrededor de los 14-15, los de alcohol.

Más o menos a la misma edad, los de hachís.

Y a los 16 los de “pastillas” y “tripis” (L.S.D.).

A menor edad de inicio en el consumo de drogas (tanto legales como ilegales) mayor riesgo de tener posteriormente problemas con ellas existe: por tanto es fundamental tratar de retrasar lo más posible el momento del primer contacto.

Por eso en estas edades es necesario intensificar las acciones preventivas, especialmente trabajando la relación de los alumnos con su grupo de iguales. Y esto porque los primeros consumos tienen lugar casi siempre con los amigos.

Veamos ahora por separado los datos de consumo de cada una de estas drogas.

ALCOHOL

La droga mas consumida entre los escolares de 14 a 18 años es el alcohol: más de un tercio de los escolares beben habitualmente.

Trabajar preventivamente el consumo de alcohol es prioritario: no debemos despistarnos con el estereotipo del “problema de la droga”, que sobrevalora los problemas causados por las drogas ilegales e infravalora los de las drogas institucionalizadas.

El mayor incremento en el número de bebedores habituales se produce entre los 14 y 15 años.

Las pautas de conducta que regirán los consumos posteriores se establecen en la juventud. Por ello, debemos tratar de favorecer la abstinencia o pautas de consumo moderado, así como retrasar la edad de inicio en el consumo de alcohol, si no podemos impedir que se llegue a producir.

Entre los 17 y los 18 años se producen un aumento de los bebedores habituales y un descenso de los esporádicos, lo que indica que es en estas edades en las que tiene lugar un fenómeno detectado en los últimos sondeos: cada vez disminuye más el número de consumidores moderados y aumenta el número de jóvenes que o bien beben excesivamente o bien no beben en absoluto.

El fin de semana es el momento preferido entre los adolescentes para consumir alcohol.

Los lugares más habituales son bares, pub y discotecas aunque con frecuencia tiene lugar en la calle.

Se establece, pues, una asociación entre ocio y consumo de drogas. Tratar de fomentar actitudes y motivaciones diferentes ante el tiempo libre es, con seguridad, un objetivo prioritario de la prevención escolar.

Las bebidas con mayor éxito entre los escolares son el vino (en forma de “calimocho”, mezcla de coca-cola y vino) y la cerveza. Un dato curioso: los licores de frutas y el pacharán se han situado al mismo nivel que los combinados.

- Por una parte esto nos muestra cómo la disponibilidad (tanto económica cómo social) es un factor determinante en los consumos de drogas de los adolescentes.

- Y por otra, es indicativo del papel que desempeñan los llamados “chupitos” (pequeños vasos con mezclas de licores o de bebidas de alta graduación) en la captación de nuevos clientes entre los más jóvenes.

Mientras que un 43,5% declara haberse emborrachado alguna vez, tan solo un 9,2% tiene la percepción de beber mucho o bastante alcohol.

Debemos trabajar la idea que los adolescentes tienen del consumo de alcohol, la cual no difiere mucho de la del conjunto de la sociedad: se tiende a infravalorar los riesgos del uso de drogas legales frente a los de las ilegales.


TABACO

Después del alcohol la siguiente droga en importancia por número de consumidores es el tabaco: uno de cada tres escolares se declara fumador habitual.

El tabaco es una de las drogas cuyo consumo está más extendido y que más problemas de salud causa. Prevenir su consumo es, por tanto, uno de los principales objetivos de la prevención.

El hábito de fumar está más extendido entre las chicas que entre los chicos. Esto es indicativo de la feminización que el hábito de fumar ha experimentado en los últimos años en la sociedad española.

Debemos intentar desactivar la relación que en el discurso social (inducido por la publicidad) se establece entre los valores asociados a la masculinidad (competitividad, iniciativa, poder...) y el consumo de tabaco.

La edad media de inicio en el consumo de tabaco son los 14 años.

  • Son los primeros cursos de la Educación Secundaria aquellos en los que se deben incrementar las actuaciones preventivas referentes al tabaco, con el objetivo de retrasar lo más posible la edad de inicio en que los chicos empiezan a fumar, si es que no podemos evitar que lleguen a hacerlo.
  • Además, como sabemos que mayoritariamente el inicio se produce en el seno del grupo de amigos y se asocia a la percepción simbólica del tránsito a la edad adulta, nuestra intervención deberá centrarse en:
  • Reforzar la capacidad de resistencia a la presión de grupo.
  • Atenuar la relación entre la madurez y el hábito de fumar.

La cantidad más consumida habitualmente es de 6 a 10 cigarrillos diarios.

Es de destacar el mayor consumo de tabaco durante el fin de semana.

  • La pauta de consumo más generalizada entre las personas que fuman es el consumo diario y dependiente. Por ello, debemos considerar esta droga como una de las que con mayor frecuencia produce dependencia.
  • El mayor consumo los fines de semana muestra la asociación entre tiempo de ocio y consumo de drogas, lo que indica la necesidad promover hábitos saludables en la ocupación del tiempo libre.

Una mayoría de los adolescentes fumadores se ha planteado dejar de fumar en alguna ocasión, aunque pocos lo han intentado realmente. Por tanto, no debemos tratar de convencer a los alumnos de que deben dejar de fumar, sino de que, ya que quieren hacerlo, lo hagan realmente.

PORROS

Son los “ porros” (mezcla de tabaco con hachís o marihuana) la siguiente droga más consumida entre los adolescentes. Uno de cada ocho los consume con cierta frecuencia.

No hay nada en las drogas que lleve de unas a otras, pero, no obstante, es obvio que el entrenamiento en el consumo de drogas comienza con aquellas que tienen un menor estigma social, y en nuestra sociedad es el hachís la que goza de la consideración de ser la droga ilegal más benévola. Por esto, el retraso de la edad de inicio en el consumo de hachís es uno de los objetivos centrales de la prevención, en tanto que retarda el momento del primer contacto con el conjunto de las drogas ilegales.

El mayor incremento en el número de consumidores de hachís se produce entre los 14 y los 18 años: se pasa del 3,5% al 23%.


TRANQUILIZANTES

Un 5,9% de los escolares ha consumido alguna vez tranquilizantes sin prescripción.

Esto indica que, preventivamente, deberíamos reducir la disponibilidad de estas drogas así como tratar de no ofrecer modelos de consumo abusivo.


“ÉXTASIS”, “TRIPIS”, “SPEED”

Éxtasis (“pastillas” de MDMA y similares), speed (anfetamina en polvo) y tripis (L.S.D.) son, entre las demás drogas, las más consumidas por los adolescentes: entre un 3% y un 4,5% de ellos las consumen con mayor o menor frecuencia.

Es especialmente importante en nuestros días considerar la creciente extensión de nuevas pautas de consumo centradas en estas drogas.

El uso combinado de las sustancias mencionadas constituye una nueva forma de utilización de las drogas que en nuestro país ha venido a ampliar las pautas de consumo típicas de la década de los ochenta. Junto al modelo “clásico” de consumidor de drogas con ciertos rasgos ideológicos, que recogía los residuos de los movimientos contraculturales de la década de los sesenta, y que degeneró, en nuestro país, en la “crisis de drogas” de mediados los años ochenta, encontramos hoy nuevos tipos de consumidores para los cuales las drogas son un fin en sí mismo, ligado a la diversión, la música y la noche (la “fiesta”) y una seña de identidad que los diferencia tanto de los no consumidores como de los consumidores “clásicos” (representados en el imaginario social por los “yonquis”, consumidores de heroína, que desempeñan con éxito su papel de “drogadictos”).

En los ochenta, los principales problemas derivados del abuso de drogas ilegales provenían de la heroína; la reciente aparición de las nuevas drogas de síntesis (a mitad de camino entre los estimulantes y los alucinógenos) y la progresiva extensión de su consumo entre la población juvenil está transformando el paisaje del consumo de drogas, al ampliar la oferta a un conjunto de sustancias psicoactivas de entre las que las llamadas “pastillas” (MDMA y similares) ocupan, de momento (pues muy probablemente en los próximos años asistiremos a la multiplicación de la variedad en la oferta de drogas), el lugar central.

Deberemos esperar aún algún tiempo hasta que sepamos cuáles son los problemas que pueden derivarse de la extensión de este nuevo modelo de consumo de drogas, pero la prevención debería orientarse ya considerando esta nueva situación.

Los efectos referidos por los consumidores de éxtasis (MDMA y similares) nos dan una pista del porqué de su éxito entre los jóvenes: dado que esta droga actúa principalmente incrementando la sociabilidad y proporcionando una rápida y cómoda (aunque ficticia) cohesión grupal, no es de extrañar que, en unas edades en las que el grupo de iguales es el principal vivero de socialización y el marco de referencia para la vida social, su uso se haya extendido entre ellos con tanta facilidad.

Reforzar la resistencia a la presión del grupo, favorecer la capacidad para establecer relaciones no dependientes con él, así como promover señas de identidad contrarias al uso de drogas son, por tanto, objetivos prioritarios de nuestra intervención Además, la nuevas formas de explotación económica del ocio juvenil (macrodiscotecas en las que se baila música más o menos “hipnótica” -bakalao, rave music, jungle, música “fiesta”, hardcore, etc.) han propiciado pautas de utilización del tiempo libre que combinan el uso de drogas con el baile, la música, la carretera y el movimiento, y que resultan especialmente atractivas a algunos grupos de jóvenes.


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