¿Alguna vez has pensado que no eres lo suficientemente bueno para algo o te daba vergüenza expresar tus opiniones y tu verdadera forma de ser? Lo creas o no, esto es algo que le pasa a mucha más gente de lo que piensas.

La importancia de aceptarse a uno mismo

Puede que ya lo hayas visto escrito en muchos otros sitios o que tu familia o amigos no dejen de recordártelo, pero lo cierto es que hasta que no te aceptes a ti mismo, no podrás hacerte responsable de tus circunstancias y mejorarlas.

Es normal que los seres humanos tengamos nuestros momentos de alegría y de tristeza, y que pasemos por diferentes rachas a lo largo de nuestra vida. Esto es señal de que estamos madurando y de que estamos vivos, y por eso las cosas nos afectan.

Lo que ya podría ser preocupante es que te estanques demasiado en una determinada fase y te cueste ver la salida. No estamos intentando decirte que esto jamás debería pasar, pues la mente humana es complicada. Pero sí es importante que sepas identificarlo si esto te ocurre.

Es en estos momentos cuando tienes que tomar unos momentos para ti y preguntarte a qué se debe. ¿Se trata de un hecho aislado y puntual que puede solucionarse? ¿O de lo contrario no encuentras una causa específica para tu malestar y desazón?

Cuando ocurre lo primero, ponerle remedio es relativamente fácil, ya que hemos identificado las causas y podemos partir desde ahí. Pero cuando se trata de algo mucho más profundo y que tiene que ver con nuestro interior y frustración personal, entonces las cosas se complican.

Y es que, por una sucesión de hechos o simplemente porque no sabes valorarte como te mereces, puede darse el caso de que te cueste aceptarte a ti mismo como persona o, simplemente, a tus circunstancias.

Y la verdad es que es muy difícil crear relaciones fructíferas y de calidad si antes no cultivas la relación más importante de todas: la que tienes contigo mismo. Y precisamente depende de ello en su totalidad tu propia autoestima.

¿Cómo influye la vergüenza en tu amor propio?

Si bien es cierto que las personas más extrovertidas y atrevidas suelen tener menos vergüenza en general, esta es una sensación que no le es extraña a ninguno de los mortales, pienses lo que pienses.

¿Cuándo deberías empezar a preocuparte? Si la vergüenza está comenzando a influir en tu vida de manera negativa y a varios niveles, o te impide llevar a cabo una vida normal y de la que puedas disfrutar, deberías pararte a pensar.

Pues al final, esta vergüenza puede detenerte de vivir la vida que realmente deseas y de hacer todas aquellas cosas que te harían verdaderamente feliz. Al final, el resultado es que no te sientes completo ni realizado. En otras palabras: no eres tú.

Lo que acabará pasando de no darte cuenta a tiempo puede repercutir más en tu autoestima y en tu felicidad de lo que crees. Acabarás sintiéndote mal por todo. No ya por tus acciones, sino por tu manera de ser. Tú mismo empezarás a boicotearte.

Esto se traducirá en que no solo sentiremos vergüenza en nuestro interior de nosotros mismos, sino que también la sentiremos a los ojos de los demás. Y, muchas veces, este desprecio no será más que algo imaginario y que solo estará en nuestra cabeza. Sin embargo, minará por completo nuestra autoestima.

¿Cómo podemos salir de esta situación?

En primer lugar, lo mejor será no precipitar ni forzar las cosas. Cambiar la percepción que tenemos de nosotros mismos no es un proceso sencillo ni que ocurra de la noche a la mañana. Pero siguiendo los pasos adecuados, podremos hacerle frente a esta situación y volver a disfrutar de la vida en nuestra propia piel.

Como suele decirse, el primer paso es aceptarlo. No todos los días van a ser de color de rosa, pero tampoco podemos sumergirnos en un mar de tristeza continua. Por eso, si vemos que nos cuesta salir del bache, lo primero será darse cuenta y aceptar que no podemos ni queremos seguir así.

Lo siguiente será preguntarse por qué estamos así y hemos llegado a este punto de sentir vergüenza por ser como somos. Aquí será importante mirar con cierta retrospectiva y ser muy sinceros con nosotros mismos, pues de nada serviría engañarse.

Habiendo aceptado y analizando la situación, lo siguiente será actuar en consonancia. Quizás sea este el paso más difícil, pues es fácil decirlo, pero no tanto hacerlo. Aun así, lo mejor será ponerse pequeñas metas día a día para salir de esa vergüenza que nos inhabilita.

Poco a poco comenzaremos a ver la luz al final del túnel y a medida que decrece nuestra vergüenza, crecerá nuestra autoestima. Somos como somos y eso es muy difícil de cambiar, pero lo que sí podemos hacer a diario es aceptarnos y resaltar lo bueno que tenemos por encima de todo lo demás.

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