Trastorno de coordinación

Rebeca tiene tres años y presenta ciertas dificultades a la hora de realizar algunos movimientos. Sus padres están preocupados y acuden al neuropsicólogo. Le informan que le cuesta coger el vaso para beber, así como utilizar los colores para colorear. A esta dificultad se le suma una notable lentitud a la hora de llevar a cabo estos movimientos. Los padres no lo saben, pero Rebeca presenta un Trastorno del desarrollo de la coordinación. ¡Empecemos!

Trastorno del desarrollo de la coordinación

El Trastorno del desarollo de la coordinación se encuentra clasificado dentro del DSM-5 dentro de los Trastornos del neurodesarrollo, en concreto dentro del apartado de Trastornos motores. ¿Pero qué es un trastorno motor? Para responder a estar pregunta, es importante saber en qué consiste el desarrollo motor. Como destaca el equipo de Ferández-Rodríguez (2015), «el desarrollo motor es el resultado de los cambios producidos evolutivamente en la conducta motora que derivan en habilidades complejas que se combinan, integran y mecanizan hasta que se convierten en verdaderas habilidades motrices».

Así pues, un trastorno motor supone una alteración en los cambios evolutivos de la conducta motora. Por otro lado, también es importante profundizar en el concepto de coordinación. Kiphard (1976) definió la coordinación del movimiento como «la interacción  armoniosa y, en lo posible económica, de músculos, nervios y sentidos con el fin de producir acciones cinéticas precisas y equilibradas (motricidad voluntaria) y reacciones rápidas y adaptadas a la situación (motricidad refleja)».

Por lo tanto, un trastorno del desarrollo de la coordinación supondrá una alteración en los movimientos a través de los cuales podemos llevar a cabo diferentes tareas como pueden ser escribir a máquina, conducir, participar en deportes de equipo, etc.

Criterios diagnósticos según el DSM-5

El DMS-5 (2014), ofrece los criterios diagnósticos del Trastorno del desarrollo de la coordinación:

A. La adquisición y ejecución de habilidades motoras coordinadas está muy por debajo de lo esperado para la edad cronológica del individuo y la oportunidad de aprendizaje y el uso de las aptitudes. Las dificultades se manifiestan como torpeza, así como lentitud e imprecisión en la realización de habilidades motoras.

B. El déficit de actividades motoras interfiere de forma significativa y persistente con las actividades de la vida cotidiana apropiadas para la edad cronológica y afecta a la productividad académica, las actividades prevocacionales y vocacionales, el ocio y el juego.

C. Los síntomas comienzan en las primeras fases del período del desarrollo.

D. Las deficiencias de las habilidades motoras no se explican mejor por la discapacidad intelectual o deterioros visuales, y no se pueden atribuir a una afección neurológica que altera el movimiento.

Características del Trastorno del desarrollo de la coordinación

El diagnóstico del Trastorno del desarrollo de la coordinación se lleva a cabo a través de los antecedentes personales del sujeto, la exploración física, los informes académicos o laborales y la evaluación individual a través de pruebas. En los niños pequeños, estos trastornos pueden apreciarse porque no alcanzan los hitos estándar motores, por ejemplo, le cuesta sentarse, gatear o caminar. Por otro lado, también pueden tardar en desarrollar habilidades como usar cremalleras, utilizar escaleras, pedalear, etc.

Hay niños que aunque alcancen estos hitos y desarrollen la habilidades para realizar diferentes tareas, su ejecución es costosa, lenta y poco precisa. En niños mayores o adultos, estos trastornos pueden manifestarse «como alteraciones del tono muscular, inestabilidad en las articulaciones, persistencia de reflejos primitivos, temblor, desequilibrio muscular, problemas propioceptivos, vestibulares y táctiles y fatiga muscular, entre otros (Luisa Matilde Salamanca, 2015)».

Para que se pueda diagnosticar Trastorno del desarrollo de la coordinación es necesario que este trastorno interfiera de forma significativa con las actividades cotidianas de la vida social, escolar, comunitaria, laboral, etc. Por ejemplo, entre este tipo de actividades podemos encontrar: comer con cubiertos, participar en juegos físicos, usar herramientas concretas en clase como reglas o tijeras… Además, no sólo se produce una alteración en las tareas, sino que la ejecución está suele ser bastante lenta.

Factores de riesgo y pronóstico

Entre los factores de riesgo para padecer este trastorno, destacan dos: los factores ambientales y los genéticos y fisiológicos.

Ambientales

El trastorno del desarrollo de la coordinación puede aparecer con más probabilidad en niños con exposición prenatal al alcohol, así como en los niños prematuros y en los que al nacer presentan un peso demasiado bajo.

Genético y fisiológico

Se han encontrado diferentes deterioros en los procesos que subyacen al neurodesarrollo y que afectan a la capacidad para llevar a cabo adaptaciones motoras rápidas cuando la complejidad de los movimientos requeridos aumenta. Diversas investigaciones apuntan a que podría tratarse de una disfunción del cerebelo, aunque se debe profundizar en conocer las causas neurales ya que todavía no están claras las causas subyacentes.

Conclusión

A pesar de que las investigaciones apuntan a causas relacionadas con alteraciones en el cerebelo, todavía no está clara la etiología de este trastorno. Es por ello imprescindible seguir con la investigación neuropsicológica. Únicamente a través de nuevos descubrimientos se podrá arrojar luz sobre el origen de este trastorno e intentar ofrecer una mejor solución para aquellos que lo padecen.

Bibliografía

American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Rodríguez, C., Mata, D., Rodríguez, L., Regueras, L., De Paz, L. y Conde P. (2015)del desarrollo de la coordinación. Boletín de Pediatría, 55, 247, 253.

Salamanca, L., Naranjo, M., Laban, Castro, A. y Calle, G. (2016). Asociación de características de trastorno del desarrollo de la coordinación con síntomas de trastorno por déficit de atención con hiperactividad en niños de la ciudad de Manizales. Revista Colombiana de Psiquiatría, 45 (3), 156-161.

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