El juego por internet es cada vez una práctica más frecuente y más difícil de controlar. La proliferación de juegos gratuitos y la facilidad de acceso a ellos, conlleva todo un reto para los expertos. ¿Cómo podemos evitar que los niños pasen horas y horas delante de una pantalla? Sin embargo, no sólo se da en niños, sino también adolescentes y adultos. Poco a poco, este fenómeno ha cobrado tanta relevancia que ya se está hablando de un «Trastorno de juego por internet».

Hasta ahora, los manuales de psicología recogían, entre otros, el trastorno por consumo de alcohol, el trastorno por consumo de cannabis o trastorno por juego. Este último era el único trastorno de adicción no relacionado con una sustancia. Sin embargo, el juego está cobrando cada vez más peso para entrar en este tipo de clasificación. De hecho, el DSM-5 (2014) ya recoge este trastorno en el apartado «afecciones que necesitan más estudio». Por lo que no sería de extrañar que apareciera oficialmente como trastorno en próximas ediciones.


Criterios propuestos del trastorno de juego por internet

La última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5, 2014), propone una serie de criterios para diagnosticar el trastorno de juego por Internet.

Para llevar a cabo el diagnóstico es necesario que el uso de Internet para jugar a los juegos sea persistente y recurrente. Se puede jugar tanto solo como con otros jugadores. Esta conducta provoca un deterioro o malestar clínicamente significativo. Este trastorno no incluye los juegos de apuestas por Internet. Deben darse cinco o más de los siguientes puntos en un periodo de 12 meses:

  1. Presencia de preocupación con los juegos de Internet. La persona piensa en actividades de juego previas o anticipa jugar el próximo juego. Internet se convierte en la actividad dominante del día a día.
  2. Aparecen síntomas de abstinencia al quitarle los juegos por Internet. Estos síntomas pueden ir desde la irritabilidad, ansiedad o tristeza. También puede aparecen la ira.
  3. Tolerancia. A medida que la persona juega, necesita dedicarle más tiempo.
  4. Intentos infructuosos de controlar la participación en juegos por Internet. A pesar de los posibles esfuerzos por controlar el tiempo de juego, se desvanece en un simple intento.
  5. Pérdida de interés por aficiones y entretenimientos previos como resultado del juego por internet. Se pueden perder aficiones anteriores, por ejemplo, ejercicio físico, pasear, leer, estudiar, meditar, etc. Toda esta pérdida es en favor del tiempo ganado en la dedicación a los juegos.
  6. Se continúa con el uso excesivo de los juegos por Internet a pesar de saber los problemas psicosociales asociados. A pesar de poder estar aislado de la familia y/o del círculo social, la persona sigue dedicando más horas al juego que otro tipo de actividades.
  7. Ha engañado a miembros de su familia, terapeutas y otras personas con respecto a la cantidad de tiempo que juega. Normaliza la mentira y hace de ella una forma de relacionarse.
  8. El uso de estos juegos puede esconder una forma de evasión o alivio de un afecto negativo.
  9. Ha puesto en peligro o perdido una relación significativa, trabajo u oportunidad educativa o laboral debido a su participación en juegos por internet.

Investigaciones sobre el trastorno de juego por internet

Las investigaciones están enfocadas sobre todo en los niños y adolescentes con trastorno de juego por internet. El equipo de Martín-Fernández (2017), destaca dos perfiles: externalizante e internalizante. Los perfiles externalizantes son aquellos compuestos por adolescentes con alteraciones en el control de comportamiento como agresión, negativismo, hiperactividad e impulsividad. En este perfil, encajan aquellos adolescentes que presentan Trastornos de Comportamiento Perturbador, TDAH y Trastorno del Comportamiento Perturbador no especificado.

Los perfiles internalizantes presentan problemas a través de la inhibición, inquietud, evitación y/o timidez. En este caso encontramos aquellos con ansiedad, Trastorno Depresivo o trastornos de la personalidad. El equipo de Martín-Fernández, observó que la mayoría de los tratamientos consisten en psicoterapia y que está enfocado a cambiar los patrones de juego que resultan desadaptativos. Los autores señalan que con los pacientes de perfil externalizante una de las conductas a tratar es la falta de control de impulsos.

En psicoterapia, con los pacientes de este perfil, como señalan Echeburía y Corral Gargallo (2010), «se trabajan aspectos como el establecimiento de límites a través de la abstinencia parcial para conseguir un reaprendizaje del uso de los videojuegos». En este caso, el papel de los familiares es fundamental. Los pacientes con perfil internalizante, muestran una evolución más lenta y requiere de una intervención que destaca las relaciones sociales.

Conclusión

El trastorno de juego por internet es un fenómeno en alza, sin embargo, no debemos olvidar que puede tratarse de un síntoma, es decir, ¿qué lleva a niños, adolescentes y adultos a pasar horas y horas enganchados a un juego? Llevar una vida monótona, carecer de relaciones sociales, evadirse de un día a día que no nos satisface… Detrás de este trastorno pueden esconderse un sinfín de razones. También hay que tener en cuenta el diseño de estos juegos, ya que están creados de tal forma que creen la máxima adicción posible.

Es por todo ello necesario tener en cuenta que cuando estemos en una situación como la descrita en este artículo, posiblemente necesitemos darle un cambio a nuestra vida. Para ello podemos intentarlo por nuestra cuenta, pero si vemos que se nos va de las manos, lo mejor que podemos hacer es acudir a un profesional cualificado para que nos ayude a tratar esta problemática.

Bibliografía

American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trasnornos mentales. Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Martín-Fernández, M., Lluís, J., García-Sánchez, S., Pardo, M., Lleras, M. y Castellano-Tejedor, C. (2017). Adolescentes con Trastorno por juego en Internet (IGD): perfiles y respuesta al tratamiento. Adicciones, 29 (2), 125-133.

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