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La polaridad del ser humano

Las terapias humanistas, y en concreto la terapia Gestalt, propugnan un modelo de ser humano que construye la experiencia desde la polaridad, y se sitúa en el polo desde donde le es más cómodo y coherente percibirse y asumir la responsabilidad de quien es (qué siente, qué piensa, cómo actúa). Para ello, construye un muro de defensas para no percibir y no responsabilizarse de ciertas experiencias, y cuando este muro ya no aguanta y hace aguas, excluye las incongruencias entre lo percibido, sentido, explicado y actuado.

En general, al trabajar con estas incongruencias nos encontramos que el conflicto suele estar asociado a las normas y los valores, por un lado, ya las reacciones emocionales y necesidades o deseos, de la otra. El peso de los “debería” hace que la persona, porque no es como cree que debería ser, autoevalúe negativamente.

El trabajo del psicólogo en las polaridades

La técnica de la polaridad consiste en que el terapeuta detecte una afirmación verbal del sujeto en la que dos aspectos de la misma se hallen en oposición – normalmente va acompañada de algún indicador verbal o paralingüístico que la persona expresa y a la vez experimenta con una sensación de conflicto o coerción entre las partes- o bien, una posición en la que la persona está rígidamente aferrada a un polo del continuum y no es capaz de moverse ligeramente hacia el otro polo. En estos casos, se trata de posicionarla en el polo en que le cuesta situarse y centrarla en las sensaciones, las emociones y los pensamientos que le provoca estar ahí.

El trabajo con las polaridades tiene como objetivo darse cuenta de las incongruencias entre los diferentes niveles del ciclo de la experiencia y, por tanto, darse cuenta del conflicto. Se trata de ayudar a encontrar un punto en el continuo de las polarizaciones que haga más fácil moverse adaptativamente en la situación conflictiva, e integrar estos dos polos del continuum como propios (el asumido ya como propio y el negado).

La Técnica de la Silla Vacía

Una variante de esta técnica es la de la silla vacía (Greenberg, Rice y Elliot, 1996). Se utiliza cuando una persona tiene un asunto o conflicto inconcluso con alguien. El objetivo es que pueda empatizar con el punto de vista del otro y esto ayude a ampliar sus posibilidades de posicionarse ante el conflicto. En este caso, quien está en la otra silla es la persona con quien tiene el conflicto y, al desplazarse de una silla a otra, el cliente debe ponerse en los dos personajes que conversan sobre los conflictos que los ocupa.

La técnica que más se utiliza para el cambio de polo es la de dos sillas (Greenberg, Rice y Elliot, 1996). Esta técnica, también llamada autopsicodrama imaginario, es aquella en la que el cliente incorpora dramáticamente todas las partes propias (o voces internas) que generan el problema, alternativamente y con desplazamiento espacial.

Ejemplo

Julia hace muchos años que está enfadada con su madre. Siempre ha sentido un agravio comparativo respecto a sus hermanos. A pesar de que se ha esforzado por ser amable y diligente con su madre, ella sólo reconocía las pocas o muchas cosas que hacían los hermanos, y de Julia decía que era su obligación o incluso se olvidaba que era ella precisamente quien hacía las cosas. Ahora su madre tiene cáncer y está en un proceso terminal. Julia se siente ambivalente. Le parece que no quiere a su madre, siendo rabia contra ella, se siente culpable.

La terapeuta propone el ejercicio de la silla vacía. Para ello, en el centro de la sala pone dos sillas. Señala a Julia cuál es su y le dice que la de enfrente es la de su madre. Le indica que se trata de establecer un diálogo entre las dos posiciones, que cuando esté en una silla será la Julia y que cuando esté en la otra, será su madre.

Ejercicio

Julia: “Mama, estoy muy dolida contigo porque creo que nunca me has amado igual que a mis hermanos. Siempre me has considerado una egoísta, con malas intenciones. Me has hecho polvo todo lo que has podido. Así me ha ido la vida. Tanto miedo he tenido que ser egoísta, que todas mis parejas y mis amigas se han aprovechado de mí y yo, sintiéndome culpable. Me siento idiota…”.

(Cambio de silla)

Madre (Julia en la silla de la madre): “Lo siento. Yo siempre te he visto tan fuerte, tan capaz… Te tenía miedo. Tenía miedo de controlarte. Por eso te ataba corto…” .

(Cambio de silla)

Julia: “Y tan corto que me atabas… no sé ni quién soy.

(Cambio de silla)

Madre (Julia en la silla de la madre): “Soy tan soberbia que no te he podido decir nunca que te admiro… La verdad es que eres, de mis hijos, que más se parece a mí”.

[…]

El  terapeuta permitiría el diálogo mientras no entre en un círculo recursivo. El diálogo por sí mismo puede generar la resolución del conflicto pero, en caso de que no fuera así, se utilizaría la información privilegiada que surge de esta técnica para resolverlo con otros métodos.

Qué se consigue con la técnica de la silla vacía

Con este tipo de trabajo el individuo puede reconocer en los conflictos interpersonales sus proyecciones con más facilidad y también acercarse intensamente los núcleos que generan tensión. En los conflictos intrapsíquicos, la incorporación alternativa de las partes le permite vivir con toda riqueza cada una de éstas, lo que provoca un cambio de tipo perceptivo respecto a uno mismo y en la relación con los demás.

El trabajo con las polaridades permite integrar partes de nosotros mismos en conflicto y resolver nuestras incongruencias internas y temas sin resolver con los demás.

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