Probablemente si usted tuviera que presentarse a alguien, comenzaría diciendo la frase de frases: “Soy una persona normal” o “soy una chica normal”. Pero eso es lo que usted cree, que es una persona normal. Del mismo modo, también se suele decir que se quiere conocer a gente normal. Aunque lo que es normal para uno puede no serlo para otro; en ese caso, ¿deja de ser todo tan normal? Como otras muchas cosas, depende del punto de vista, de la perspectiva.

No se autoengañen ni engañen a los demás. Ustedes son personas especiales, que buscan a otras personas especiales con las que realizar esas atípicas actividades que tanto les apasionan. Hay quien llama a estas personas “raras”, pues no comprenden la naturaleza de sus actos. Y no se equivocan, son raras, pero ellos también lo son. En mí opinión los términos “raro” y “especial” son sinónimos, pero creo que para la mayoría de las personas la palabra “raro” suele involucrar connotaciones negativas, y “especial” connotaciones positivas. Ello depende de la persona que observa, si prefiere fijarse en lo que para él o ella es bueno o malo, o en si comprende o no los actos de esa persona.

Hay dos clases de personas

Esta es una frase típica y recurrente en la que las personas tratan de hacer grupos de gente, lo cual no tiene por qué ser malo. Hay muchas “clases de dos clases de personas” (no sé si se me entiende): las buenas y las malas, las que odian los lunes y las que los detestan, las que te hacen perder el tiempo y las que te hacen perder la noción del tiempo, tú y el resto, las que mienten y las que cuentan verdades como mentiras, las que me aman y las que aun no me conocen, las que tienen vida y las que tienen caos…

Me gustaría añadir otra dos clases de personas a esa extensa lista: las especiales y las raras. Las especiales adoran sus rarezas y las raras no se atreven a compartir y desarrollar aquello que las hace especiales. Así que también podríamos decir que hay personas especiales y otras que aún no saben que lo son. El “qué dirán” juega un papel muy importante entre aquellos que aún no saben que son especiales, es lo que les inculca un miedo que los paraliza. A ellos se les suele decir que hagan lo que más teman, o en otras palabras, que se enfrenten a sus miedos.

Aquellas personas que se sientan desdichadas por culpa de que en ellas abunda el miedo, han de saber que se pueden considerar afortunadas. Su camino en la vida es más largo y sus retos a superar mayores. ¿A quién no le gustan los retos?

Brais Romero

Todos somos normales hasta que se demuestra lo contrario
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