Una de las sensaciones más incapacitantes que existen es el dolor. Cuando nos duele de forma intensa la cabeza durante unas horas, en muchas ocasiones, tenemos que dejar nuestras tareas, tomar un medicamento y descansar. Los dolores dentales también son intensos, así como la poscirugía, por ejemplo, de una operación de apendicitis. Si este tipo de dolor puede incapacitarnos temporalmente, ¿cómo será convivir con dolor crónico? Por suerte, la psicología también está preparada para ofrecer terapia psicológica para el dolor crónico.

A lo largo del artículo se profundizará sobre el tipo de terapia psicológica para el dolor crónico más utilizada, así como diferentes técnicas que van desde la relajación al midfulness. Es importante señalar que este artículo es informativo y repasa de forma breve cómo se trabaja a nivel de psicología en el dolor crónico. Es por ello recomendable que aquellas personas que padezcan de dolor crónico acudan a un profesional tanto de la medicina como de la psicología.



Terapia psicológica para el dolor crónico

La terapia más utilizada para el dolor crónico es la Cognitivo-Conductual (TCC). A través de ella, se trabajan las emociones, los pensamientos y la conducta. Al mismo tiempo, se hace especial hincapié en la reestructuración cognitiva. Otro aspecto relevante y parte de la terapia, es la información que se le ofrece al paciente. Es importante saber que el dolor no sólo está compuesto por un factor físico, sino que intervienen varios aspectos más. Entre los diferentes factores encontramos:

  • Físicos. En este punto no sólo cuenta el dolor en sí, sino la tensión que puede provocar dicho dolor. Cuando, por ejemplo, nos duelen las cervicales, la tensión a la que estamos sometidos puede aumentar la sensación de dolor.
  • Emocionales. Cuando estamos enfadados, el dolor aumenta. Cuando nos duele algo y nos enfadamos, ¿qué ocurre? Nos duele más. ¿Cuántas veces le hemos dicho a alguien que nos deje tranquilos porque nos duele la cabeza? Así pues, la emoción también influye en sentir más o menos dolor.
  • Cognitivos. El aspecto cognitivo es muy importante. En este apartado toman relevancia las distorsiones cognitivas. Por ejemplo, frases como: “no lo voy a superar jamás”, sólo provocan negatividad e impide que veamos los aspectos positivos que sí tenemos.
  • Sociales. Cuando nos encontramos es soledad, es más probable que sintamos dolor que si poseemos un círculo familiar y de amistad sano. El apoyo beneficia la salud y, por tanto, disminuye la sensación de dolor.

La información es fundamental para que sepa que el dolor no es algo físico, sino que se trata de un trabajo múltiple entre la parte física, los aspectos emociones, cognitivos y sociales.

Terapia Cognitivo-Conductual

Pero, ¿en qué consiste la terapia psicológica para el dolor crónico basada en la TCC? En primer lugar, señalar que la terapia TCC se basa en el hecho de que cualquier experiencia y/o acontecimiento es experimentado y vivido de forma diferente en función de cómo lo interprete cada persona. Ante una situación concreta, se ponen en marcha determinados pensamientos y creencias que van a condicionar nuestros sentimientos y emociones que nos guiarán hacia un tipo de comportamiento.

Las cadenas de pensamientos, emociones y conductas de cada uno de nosotros determinan el modo en el que afrontaremos las diferentes situaciones del día a día, incluida la experiencia del dolor. Como podemos observar a continuación, la TCC actúa sobre las áreas anteriormente citadas como facilitadores del dolor:

  • Elementos físicos. Cuando los músculos están tensos, duelen más que cuando están relajados.
  • Emociones. Cuando estamos tristes o enfadados, el dolor es más intenso.
  • Cogniciones. Existen pensamientos erróneos que influyen directamente en nuestro estado de ánimo. Uso de la reestructuración cognitiva para detectar estos pensamientos y cambiarlos por otros más saludables y positivos.
  • Relaciones sociales. El apoyo de los demás es importante y existen técnicas capaces de aumentar las interacciones personales.

Respiración y Relajación

Existen dos tipos de respiraciones: pectoral y abdominal o diafragmática. La primera suele predominar en situaciones de estrés, ansiedad y fatiga. La segunda es profunda, por lo que calma y proporciona relajación al sistema nervioso central y al periférico. La respiración abdominal está compuesta por tres pasos importantes: inspiración a través de la nariz, retención del aire unos segundos y exhalación, de nuevo, a  través de la nariz. El objetivo de la respiración es la relajación, así pues, ¿qué nos aporta la respiración diafragmática y la relajación?

¿Qué nos aporta la respiración diafragmática?

  • Aumenta la capacidad pulmonar.
  • Perfecciona el proceso respiratorio.
  • Purifica las vías respiratorias.
  • Efectos positivos sobre la circulación.
  • Efectos positivos sobre el sistema nervioso: efecto relajante.
  • Efectos sobre la mente dejándola más serena y tranquila.

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¿Qué nos aporta la relajación?

  • Incide en la base psicofisiológica del dolor a través del aprendizaje de respuesta al desactivar la hiperactividad muscular.
  • Ruptura del círculo tensión-dolor-tensión.
  • Desactivación somática.
  • Disminución de la ansiedad asociada a la experiencia de dolor.
  • Aumento de la percepción de autocontrol y autoeficacia.
  • Regulación del sueño.

Mindfulness

Por último, el midfulness, en el que también se practica la relajación, representa una combinación ideal junto a la TCC para tratar el dolor crónico. El aspecto fundamental del mindfulness en el dolor es tanto el no juzgar los pensamientos y emociones como el aprender a controlar la atención. Pero, ¿qué es la atención realmente?

La atención es la capacidad que nos permite atender a estímulos específicos sin ser distraídos por otros estímulos, internos o externos. Focalizar la actividad mental. No se pueden atender a dos estímulos a la vez. Principales características de la atención:

  • Solemos elegir aquellos estímulos que son más nuevos, más intensos, aquellos que nos emocionan, los que nos aterran…
  • No se puede atender a dos estímulos al mismo tiempo de forma óptima.
  • Solemos vivir con el “piloto automático” pero podemos aprender a controlarla.

A través de la práctica del mindfulness, aprenderemos a no centrar la atención sólo en el dolor. El dolor también posee un componente atencional muy elevado. Si prestamos atención sólo al dolor en lugar de a otros estímulos más positivos, la sensación dolorosa aumenta. Es por ello tan importante aprender a centrar la atención en un estímulo más positivo y no juzgar de forma negativa el dolor. En este enlace se puede encontrar una sesión práctica de mindfulness.

Bibliografía

  • Caudill, M. (2011). Controle el dolor antes que el dolor le controle a usted. Madrid: Espasa Libros.
  • Miró, J. (2006). Dolor crónico. Procedimientos de evaluación e intervención psicológica. Bilbao: Editorial Desclée de Brouwer.
  • Moix, J. y Kovacs, F. (2015). Manual del dolor. Tratamiento cognitivo conductual del dolor crónico. Barcelona: Espasa Libros.
  • Robles, H. y Peralta, I. (2015). Programa para el control del estrés. Madrid: Ediciones Pirámide.
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