Teoría del yo

Higgins ha perfilado una teoría del yo compleja que constituye un horizonte más específico y, a la vez, con mayor grado de compromiso entre el yo, las emociones, las creencias y la conducta.

Esta teoría del yo se asienta sobre una larga tradición en psicología en la que la existencia de conflicto o inconsistencia entre las distintas imágenes del yo aparece como la fuente principal de la motivación humana y de la gestación y mantenimiento de los afectos.

Teoría del yo de Higgins

En su teoría del yo, Higgins  va a destacar especialmente tres tipos de yoes: sí mismo real, sí mismo ideal y sí mismo del deber.

  • El sí mismo real o actual constituiría las creencias sobre lo que somos y sobre los atributos que poseemos y sería nuestro autoconcepto
  • El sí mismo ideal estaría formado por las creencias sobre cómo nos gustaría ser y se relaciona con los sentimientos positivos asociados con conseguir las exigencias establecidas por personas importantes para nosotros desde la infancia
  • Finalmente, el sí mismo del deber está compuesto por lo que pensamos que es nuestro sentido del deber, nuestras responsabilidades y obligaciones y se relaciona con los sentimientos negativos asociados con el incumplimiento de las obligaciones y responsabilidades establecidas por personas importantes para nosotros desde la infancia

El sí mismo ideal y el sí mismo del deber constituirían las guías del yo, que actúan como incentivo para conductas futuras, para nuevas metas y como criterio para la evaluación e interpretación del autoconcepto (para nuestras autovaloraciones). Estas guías obtienen las propiedades motivadoras de las emociones.

Discrepancias en el autoconcepto

La teoría del yo propone que las discrepancias existentes entre el autoconcepto y las guías están asociadas con estados emocionales y motivacionales distintos. Cuando el sí mismo actual es diferente de cualquiera de los otros dos las personas experimentarán un estado afectivo negativo.

La diferencia entre quién soy realmente y quién me gustaría ser se corresponde psicológicamente con una situación de ausencia de resultados positivos. Es decir, la persona en cuestión no alcanza las esperanzas y los deseos que le son propios. Esta persona será vulnerable a sentimientos de desánimo, de desapego e insatisfacción.

Por otra parte, la discrepancia entre quién soy y quién debería ser representa la situación psicológica en la que el punto de vista de la persona no se adecua con el estado que la persona cree que es su obligación.

Esta última recoge la situación general de resultados negativos desde el punto de vista del sujeto, y de ahí la vulnerabilidad a emociones relacionadas con la agitación y, de forma más específica con la culpa e incomodidad, porque esos sentimientos se dan cuando las personas creen que han transgredido una norma moral personalmente aceptada.

Ejemplos de discrepancias en el autoconcepto

Así por ejemplo, si en el sí mismo actual de una persona aparece la creencia de poseer una «apariencia física normal» mientras que en su sí mismo ideal le gustaría «parecer una modelo» , cuando algo active en la memoria de esta persona que está lejos de conseguir sus metas, le producirá sentimientos de abatimiento como la tristeza, la decepción o la insatisfacción.

Sin embargo, si en su sí mismo actual existe la característica «no rinde en los estudios» y en su sí mismo del deber aparece «llegar a ser estudiante con honores» , cuando esta discrepancia se active en su memoria el afecto negativo que experimentará será distinto, consistiendo básicamente en emociones relacionadas con la agitación como miedo, ansiedad y culpa.

Apoyo empírico a la teoría del yo de Higgins

Strauman y Higgins (1988) y Moretti y Higgins (1990) han demostrado estos supuestos experimentalmente, por lo que constituye una de las teorías del yo con más apoyo empírico.

No obstante lo anterior, esta teoría no incluye aspectos relacionados con el yo social, constituyendo esto una de sus principales lagunas que habrá de ser completada en el futuro.

Por último, esta teoría asume que las personas se diferencian en el número y tipo de emparejamientos contradictorios.

Así, algunas personas tienen emparejamientos contradictorios más fuertes que otros, lo que debería hacerles particularmente vulnerables al abatimiento (emparejamientos contradictorios actual/ideal) o a la ansiedad (emparejamientos contradictorios actual/del deber).

Por el contrario, las personas con pocos emparejamientos contradictorios deberían ser, generalmente, menos vulnerables a la afectividad negativa.

Referencias

  • Echterhoff, G., Higgins, E. T., & Levine, J. M. (2009). Shared reality: Experiencing commonality with others’ inner states about the world. Perspectives on Psychological Science4(5), 496-521.
  • Halvorson, H. G., & Higgins, E. T. (2013). Know what really motivates you. Harvard Business Review91(3), 117-120.
  • Higgins, E.T. (1987). Self-discrepancy: A theory relationing self and affects. Psychological Review, 94, 319-340.
Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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