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Dentro del marco de las terapias cognitivas, se ha desarrollado una tendencia constructivista que se contrapone a las concepciones puramente racionales del ser humano ya que cuestiona severamente la posibilidad de acceder al conocimiento objetivo de la realidad. El ser humano toma un papel central en la construcción de la realidad por medio de las experiencias vividas desde el nacimiento, e influido por los patrones culturales, sociales, psicológicos y de género, sin dejar de lado las propias limitaciones sensoriales provocadas por las estructuras del sistema nervioso central.

La teoría cognitivo-construccionista

En las teoría cognitivo-constructivista, el ser humano es considerado proactivo en cuanto al conocimiento (y no reactivo frente a su entorno), como uno que da significado a sus experiencias con un sentido particular y de acuerdo con un patrón coherente con el sentido de que tiene de sí mismo. Esto le permite reconocerse a través del tiempo, a pesar de los múltiples cambios que vive a lo largo de la vida.

Desde esta perspectiva, los pensamientos, las emociones y conductas son fenómenos psicológicos que ocurren en el proceso de dar significado a la experiencia. Este proceso también es acompañado por estructuras tácitas, difíciles de explicitar, pero que suelen ser centrales para el sentido de identidad de la persona.

El reconocimiento del papel de las emociones en la activación de las estructuras tácitas es importante, ya que por medio de estas emociones se puede acceder al conocimiento de las estructuras centrales. Sin embargo, las emociones desafiantes para estas estructuras de identidad se suelen vivir con extrañeza. Estas emociones, los síntomas y la resistencia al cambio son parte de la forma que tiene la persona de dar significado a las experiencias. Por lo tanto, tienen sentido y son comprensibles desde el sentido de identidad del individuo.

Hay varias teorías psicológicas que están influidas parcial o totalmente por esta posición epistemológica. Es el caso de las teorías de Piaget y Vigotsky, la concepción de la memoria de Barlett, el construccionismo social de Gergen, las perspectivas narrativas y hermenéuticas, la terapia postracionalista de Guidano, la teoría de los procesos de cambio de Mahoney, y la teoría de los constructos personales de Kelly.

El enfoque de los constructos personales

Kelly (1955, 2001) desarrolló la teoría de los constructos personales, en el que postula que cada individuo accede a la realidad (organiza el conocimiento) en una estructura ordenada jerárquicamente llamada sistema de constructos personales. Si imagináis un gran árbol, con grandes raíces, tronco y ramas, puede distinguir algunas ramas que son centrales, que lo sustentan, y muchas más ramas más pequeñas que derivan de las centrales y que tienen diferente espesor, antigüedad, importancia, fortaleza, etc. De esta misma forma se estructuran los constructos personales; por tanto, encontrará constructos nucleares y constructos periféricos, todos relacionados entre sí. Los constructos nucleares están estrechamente relacionados con lo que es cada uno: definen la identidad de la persona o self y son difíciles de modificar. Los constructos periféricos derivan de los nucleares pero son más flexibles. Ambos permiten explicar, dar significado y sentido a las experiencias vividas por cada persona.

Los constructos están organizados en forma dicotómica, por ejemplo “bonito-feo”, “ordenado-desordenado”, etc., y sirven para el flujo de la experiencia. De este modo aislamos unos acontecimientos de otros partiendo de similitudes y diferencias.

Para disfrutar de un nivel de funcionamiento óptimo, equivalente a tener buena salud mental, sería necesario que la persona desarrollara sus constructos, su teoría personal, y que la hiciera cada vez más explicativa e internamente coherente.

Para explicar cómo se entiende la experiencia humana, y la relación entre constructos y experiencia, Kelly describió el ciclo de la experiencia como un proceso permanentemente activo que se inicia con la activación de algún constructo. Los constructos son teorías sobre el mundo que sirven a cada uno para anticipar los acontecimientos, y eso implica la elaboración de una hipótesis sobre la forma en que se desarrollará un evento.

Esta hipótesis se genera influida por las experiencias previas del sujeto; es, por tanto, la implicación de la persona en el constructo (según sea de central el constructo en la estructura de los significados personales del individuo). Después viene el encuentro con el evento, que representa poner a prueba la hipótesis, ya continuación será confirmado o desconfirmar el constructo implicado. Esta fase va acompañada de manifestaciones emocionales, y es aquí donde surgen las necesidades del cambio y las diversas reacciones posibles ante una situación que exige “replantearse algunas cosas”. Ante esto se puede resistir y rigidificar a, elaborar el cambio rápidamente y bruscamente, “huir” y buscar otras vías de escape, caer en el caos o revisar y ver las posibles soluciones, implicaciones, morales, etc. Por lo tanto, es importante atender a la revisión de los constructos una vez que hayan sido invalidados en la experiencia. Con esta revisión se cierra el ciclo de la experiencia y se da paso a nuevos ciclos que se activan momento a momento en el devenir de la vida personal.

Esta revisión debe ser constructiva, ya que muchas veces se vuelven a emplear las mismas construcciones que ya han sido invalidadas, y es aquí donde se da la psicopatología y el sufrimiento, para que el nuevo ciclo de experiencia se volverá a invalidar (precisamente porque no se ha reconstruido, o porque no se ha encontrado una construcción alternativa más viable).

Os mostramos un diagrama del ciclo de la experiencia:

ciclo-experiencia

En el ciclo de la experiencia se integra el aspecto cognitivo de la construcción (anticipación), que va seguido del contraste conductual y, tras su validación o invalidación, de las emociones correspondientes. Se describe así el proceso que lleva a la reconstrucción (continua) del significado, entendida como un proceso de que los diferentes elementos forman parte.

pensamientos

El enfoque postracionalista

En la terapia constructivista postracionalista desarrollada por Vittorio Guidano (1991, 2001) podrá encontrar un modelo explicativo de la experiencia humana que hace referencia a cuatro organizaciones de significado personal (OSP).

Imagínenos que nuestra vida es como una película que ha comenzado cuando nacimos. Nosotros somos los actores principales y, al mismo tiempo, los narradores de esta historia. Es decir, esta película tendría dos niveles: uno que es vivencial, en el que se experimentan las emociones y sensaciones (la experiencia, el mío), y otro que es más racional (la explicación, el yo), en el que el narrador de esta historia somos nosotros y nos contamos lo que ha sucedido. Así como Kelly habla del ciclo de la experiencia, Guidano habla de los niveles de la experiencia, y los llama el nivel tácito y el nivel explícito. En todas y cada una de las situaciones de nuestra vida, momento a momento, está en ambos niveles de la experiencia. Por otra parte, el narrador va contando la historia de forma que al verla o recordarla sepamos que el protagonista ha sido siempre la misma persona, a pesar de los cambios que se han producido a lo largo de la vida. Esto se conoce como el sentido de uno mismo, que lo podremos entender como la sensación que nos da saber que somos nosotros mismos y no otra persona a lo largo del tiempo: es nuestra identidad.

Desde que somos niños, se van formando una serie de esquemas cognitivos, de los que derivan patrones emocionales y conductuales característicos. Además, experimentamos una amplia gama de emociones que oscilan, características de cada forma de organizar la experiencia. En la forma en que llegamos a organizar nuestras experiencias de adultos hay una gran influencia de las relaciones de apego tempranas y de la manera en que la etapa adolescente es superada. A partir de la experiencia clínica, Vittorio Guidano ha hecho una descripción y clasificación de los estilos de funcionamiento personal en cuanto a la manera de construir el propio mundo, que llamó OSP. Su nombre se relaciona con determinadas disfunciones que son características de cada forma de organizar la experiencia: OSP fóbica, OSP de trastornos alimentarios, OSP depresiva y OSP obsesiva.

A continuación presentamos una descripción muy breve de las características centrales de cada OSP. En cualquier caso, le sugerimos que profundicéis atendiendo a las lecturas complementarias para este tema.

OSP fóbica

El dominio emocional de una persona con esta estructura está basado en un equilibrio dinámico entre dos polos opuestos: por un lado, la necesidad de protección ante un mundo visto como potencialmente peligroso y, por otro, la necesidad de libertad e independencia. Además, existe una marcada tendencia a responder con ansiedad y miedo, lo que a veces lleva a una disminución de la conducta autónoma.

OSP de trastornos alimentarios

Las personas con tendencia a desarrollar patrones disfuncionales de alimentación mantienen la unidad de los procesos de significado personal a partir de una percepción difusa y ambigua del sentido de sí mismos. Se llega a organizar en la oscilación entre la necesidad absoluta de la aprobación de las personas importantes en su vida y el miedo a ser desconfirmados o invadidos por los otros significativos. Es particular de esta OSP la tendencia a modificar el aspecto personal desarrollando alteraciones alimentarias como la bulimia, la anorexia, la obesidad, etc. La necesidad de estos cambios suele ser activada cuando se produce un desequilibrio en las relaciones interpersonales, teniendo en cuenta que suelen ser personas muy agudas y sensibles. La manera de tener una percepción de sí mismos estable es por medio del establecimiento de relaciones muy estrechas o envueltas, vigilando siempre de no exponerse demasiado.

OSP depresiva

Se caracteriza principalmente porque organizan su experiencia y responden a las situaciones difíciles de la vida en términos de desamparo y desesperanza, ya que construyen estos eventos en términos de desilusiones y pérdidas. Sus respuestas emocionales oscilan de la rabia a la tristeza y la desesperanza. Una frase que podría describir la manera de afrontar el mundo que tiene una persona con tendencia depresiva sería la famosa frase de Groucho Marx: “No pertenecería nunca a un club que me aceptara como uno de sus miembros”.

OSP obsesiva

El sentido de unidad de sí mismo de una persona con esta OSP se caracteriza porque es ambivalente (por ejemplo, bueno, malo) y dicotómico. Se desarrolla en un proceso de crecimiento que se determina por criterios de elección del tipo “todo o nada”. Por eso buscan permanentemente la certeza absoluta de sus ideas y sentimientos. Si surge algún desequilibrio experimenta inmediatamente como una falta total de control. A su vez, la falta de control se vive en concordancia con una serie de pensamientos intrusivos que son experimentados como extraños y perturbadores. El obsesivo busca la certeza de sus ideas por medio de la duda sistemática, que es resuelve gracias a la elección absoluta de un aspecto u otro del tema de que se trate.

La idea de salud mental

La idea de salud mental, según Guidano, implica la flexibilidad, la complejidad y la abstracción por parte del individuo, de manera que pueda responder a una gama progresivamente más amplia de situaciones nuevas de una manera diferente sin que el sentido de que tiene de sí mismo se desestructura. De ello podemos deducir que cuando la persona no consigue integrar determinadas experiencias en la continuidad del sí mismo, aparecen diversas manifestaciones sintomáticas que son vividas con extrañeza. Es decir, la persona experimenta sensaciones que no están de acuerdo con la idea del tipo de persona que cree que es, y muchas veces estos sentimientos desafiantes son mantenidos a raya por la persona para proteger la estabilidad y la coherencia de su sistema. No hay que olvidar que este proceso se produce en un grado “inconsciente” o muy profundo. Aparece en momentos clave de la vida en que se conectan pensamientos y emociones que suelen provocar, cuando menos, sorpresa. Suelen ser el punto en el que aparecen ciertos síntomas que tienen que ver con cada OSP. Esta situación se vive como si la mente no estuviera de acuerdo con el corazón.

A pesar de la existencia de estas clasificaciones, hay que mirar siempre al individuo como un ente activo en la manera de dar sentido y significado a su experiencia, y por ello es de una relevancia fundamental atender y comprender como el organiza. Los trastornos psicopatológicos se ven en un continuo que va del neurótico al psicótico, en el que no se encuentran límites claramente diferenciados entre la gama de síntomas o “cuadros” que podríamos encontrar en posiciones intermedias.

Referencias

Botella, L., i Feixas, G. (1998). La teoría de los constructos personales: Aplicaciones a la práctica psicológica. Barcelona: Laertes.

Feixas, G., i Villegas, M. (2000). Constructivismo y psicoterapia (3a. ed.). Bilbao: Desclée de Brouwer.

Guidano, V. F. (1991). El sí mismo en proceso: Hacia una terapia cognitiva postracionalista. Barcelona: Paidós, 1994.

Guidano, V. (2001). El modelo cognitivo postracionalista (comp. i notes d’A. Quiñones). Bilbao: Desclée de Brouwer.

Kelly, G. (2001). La psicología de los constructos personales: Textos escogidos. Barcelona: Paidós.

Neimeyer, R., i Mahoney, M. (comp.) (1995). Constructivismo en psicoterapia. Barcelona: Paidós, 1998.

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