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Habilidades Sociales

Nuestra capacidad para comunicarnos

La capacidad de comunicarnos eficazmente con aquellos que nos rodean es uno de los aspectos más trascendentes e imprescindibles en los seres humanos. Somos seres sociales por naturaleza y, la propia socialización deja su impronta en nuestra forma de relacionarnos con el mundo desde que somos bebés. En un primer momento, es el núcleo familiar el que nos sirve de modelo y son ellos los que van entrenando día a día estas competencias. Más adelante, a medida que vamos creciendo, estas habilidades se irán perfeccionando tanto en la escuela como con el grupo de iguales. Lo que está claro, es que nuestros modelos van a ser clave para que podamos desarrollar una conducta socialmente habilidosa o si, por el contrario, vamos a tener la tendencia de relacionarnos con los demás de forma “torpe” y desadaptativa. Lo de desadaptativo no es un aspecto fortuito, ya que ser habilidoso socialmente nos permite adaptarnos eficazmente en cualquier contexto social, por difícil que nos parezca en un primer momento.

Caballo (1986) considera una conducta socialmente habilidosa como ese conjunto de conductas emitidas por un individuo en un contexto interpersonal que expresa los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de ese individuo, de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación, mientras que minimiza la probabilidad de futuros problemas.

Cuando no sabemos comunicarnos correctamente

El hecho de tener dificultades para comunicarnos eficazmente o el hecho de no tener la capacidad de manejarnos en diferentes contextos, puede acarrearnos numerosas consecuencias en las distintas esferas de nuestra vida. El hecho de no controlar los pensamientos automáticos asociados a nuestra ineficacia social puede generarnos problemas de ansiedad social; esto a su vez puede llevarnos a no querer relacionarnos, conduciéndonos a sentirnos inútiles y a ver como nuestra autoestima se hace añicos. El aislamiento suele ser consecuencia directa de este tipo de problemática y, el dejar de recibir esos refuerzos positivos, fruto de las relaciones interpersonales, nos puede abrir las puertas a sufrir sintomatología depresiva. Pacientes con esquizofrenia suelen tener importantes déficits de habilidades sociales y esto dificulta enormemente una vida normalizada y autónoma en su comunidad. Problemas de pareja suelen venir precedidos de una dificultad en habilidades tan básicas como escuchar, hacer peticiones, expresar sentimientos tanto positivos como negativos, solucionar conflictos de forma asertiva… en definitiva, “torpezas” a la hora de comunicarnos. Los trastornos adictivos y el abuso de sustancias son desencadenados, en muchas ocasiones, porque la persona no es capaz de solucionar o gestionar situaciones conflictivas, expresar sentimientos de ira o ansiedad o porque directamente se sienten incapaces de iniciar relaciones sociales y utilizan las drogas para desinhibirse y superar la vergüenza que tienen al acercarse a alguien cuando estás sobrios.

Para los que se consideran poco habilidosos o para aquellos que creen que esa “torpeza” social no la pueden cambiar, es un placer para mí comunicarles que no estamos irremediablemente destinados a ser poco competentes a nivel social. Este es solamente un aspecto más de nuestro comportamiento y, se puede trabajar entrenando con un experto diversas estrategias, de manera constante. No eres así, sólo actúas así. La habilidad social se refiere a una característica del comportamiento y no de la persona, además se considera que es específica a la situación, y por tanto no universal (puede darse en ciertas ocasiones y no manifestarse en otras).

La falta de habilidad social, modelos explicativos

Quiero que quede claro que a la hora de trabajar las habilidades sociales, se suele entender y conceptualizar esta problemática desde tres modelos explicativos distintos aunque complementarios:

  • Modelo déficit conductual: la persona no posee en su repertorio conductual las estrategias sociales para manejarse de forma efectiva (ej. no sabe iniciar o finalizar una conversación con un chico en una fiesta).
  • Modelo ansiedad condicionada: la persona posee las habilidades sociales necesarias para una comunicación exitosa pero es la propia ansiedad la que inhibe el despliegue de éstas (ej. se cómo iniciar una conversación con una chica porque tengo esas habilidades, pero la ansiedad me impide ponerlas en práctica – me ruborizo, sudo mucho, el corazón se me sale del pecho, se me seca la boca…).
  • Modelo cogniciones inadecuadas: como en la anterior, la persona dispone de las habilidades sociales pero ciertos pensamientos disfuncionales y distorsionados interfieren en su presentación (ej. el pensamiento de no voy a ser capaz de gustarle a ese chico o de que la otra persona se va a dar cuenta de que estoy nervioso y se va a alejar).

Para trabajar en el segundo modelo se debería centrar el abordaje en el aprendizaje y la práctica de técnicas que favorezcan el control de la ansiedad condicionada a las situaciones sociales (ej. relajación y/o respiración). Por el contrario, en el tercer modelo, nuestra intervención debe centrarse en un trabajo focalizado en estrategias cognitivas para favorecer el manejo de esos pensamientos que bloquean a la persona (ej. reestructuración cognitiva, parada de pensamiento).

En este artículo me voy a centrar en el primer modelo, en el que se trata de mejorar o de enseñar una serie de procedimientos y estrategias en pro de maximizar la competencia social de todas aquellas personas que puedan tener dificultades a la hora de relacionarse. Si tu tienes estas dificultades y te generan malestar o deterioro en tus relaciones interpersonales, da el paso y ponte en manos de un profesional. Con motivación y con constancia lograrás unos resultados excelentes y obtendrás beneficios en todos los ámbitos en los que te relacionas, o sea, en todas las parcelas de tu vida.

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Estrategias para mantener relaciones sociales

Escucha activa

Se manifiesta cuando a través de ciertas conductas le indicamos al interlocutor que le estamos prestando atención y con ello facilitamos que la persona quiera seguir hablando. Elementos relacionados con la escucha activa son: verbalizaciones cortas, postura atenta, asentimientos de cabeza, sonrisas, contacto ocular directo, imitación de la expresión facial, limitar el uso de gestos distractores. Para exprimir al máximo los beneficios de la escucha activa: no debemos realizar otra actividad mientras el otro habla, debemos concentrarnos en lo que la otra persona nos intenta transmitir y no adelantarnos pensando en lo que le vamos a contar nosotros después, debemos esperar a que el otro termine y no tratar de adivinar lo que nos quiere decir, no debemos interrumpirle ni tampoco emitir juicios de valor del tipo: “eso es una chorrada”, “eso son tonterías”, “eso no es nada”…

Pausas terminales

En el momento en el que se agota un tema de conversación superficial se produce una pausa donde no hay ningún tipo de reacción. Si no se aviva la conversación, esta terminará apagándose o vagará sin rumbo alrededor del tema agotado. Para rescatar una pausa terminal resulta conveniente utilizar una frase de transición para conducir a un nuevo tema o para recuperar un tema anterior, podría usarse una fórmula parecida a: “por cierto, hay algo de lo que no hemos hablado…”, “a propósito del tema que estábamos hablando antes de esto…”.

Los silencios

No hay ninguna conversación que se libre de ciertos momentos de silencio. Para una comunicación efectiva, resulta indispensable manejar la ansiedad causada por estos, normalizando esta situación y controlando las autoverbalizaciones negativas que tenemos respecto a él. No es el silencio físico en sí lo que nos pone nerviosos, sino lo que pensamos con respecto a él y las atribuciones inconscientes que hacemos del tipo: “el silencio es incómodo”, “el silencio significa que no tenemos nada de que hablar”, “no voy a saber manejar el silencio”…

Libre información

Cuando proporcionamos información que no fue requerida con la pregunta nos estamos abriendo a la otra persona y generamos interés en nuestro interlocutor. Ejemplo: “¿te gusta la literatura? – Sí, me gustan mucho las novelas policíacas. Soy aficionado a ellas desde que me regalaron un libro de Sherlock Holmes cuando cumplí 14 años”.

Autorrevelación

Consiste en compartir con nuestro interlocutor, tanto a nivel verbal como no verbal, aspectos de lo que te convierte en persona, que no conocerá si tú no se lo muestras. La autorrevelación es la primera piedra para la construcción de una relación de amistad. Con esto, normalmente nos referimos a compartir hechos objetivos, opiniones o valoraciones personales y emociones o sentimientos íntimos.

Ejemplo: “yo creo que los toreros son los gladiadores del S. XXI”, “considero que el toreo es un arte y que la cultura hay que respetarla”, “estoy triste porque mi padre está pasando por una dura enfermedad”, “me ha dejado mi pareja y la verdad es que me he siento muy triste”.

Preguntas

Son una variable indispensable para mantener una relación social ya que el hecho de preguntar denota interés por conocer más sobre el otro. Resulta más adecuado realizar preguntas abiertas ya que genera mayor grado de libertad en el interlocutor para decidir qué contestar. Suelen empezar con “por qué” o “cómo”. En cambio, las preguntas cerradas tienen gran probabilidad de que sean contestadas con monosílabos.

Ejemplo: pregunta abierta: “¿Cómo es tu hombre ideal?”, pregunta cerrada: “¿Te gustan las mujeres con ojos azules?”.

Estrategias de defensa

Disco rayado

Como todos sabéis, esta conocida técnica consiste en repetir continuamente el punto principal que queremos expresar, dejando así de prestar atención a otros puntos de la conversación que no nos interesen. Con esta técnica podemos: reconducir la conversación ante los intentos del otro de desviarnos de nuestro objetivo, rechazar peticiones poco razonables a las que no podemos acceder, así como reafirmarnos en nuestro objetivo. También nos ahorramos explicaciones, excusas o razones personales. Esta herramienta puede generar irritación en la otra persona, por lo que se recomienda utilizarla con un tono de voz moderado, sin mostrar señales de enfado y sin mostrarnos irónicos.

Ejemplo: – “¿Le interesa una nueva promoción para la compra de un televisor con un descuento del 25%?” – “No, muchas gracias.” – “Es una gran oportunidad para tener una tele nueva a un gran precio.” – “No, muchas gracias.” – “No deje escapar esta gran oferta señor.” – “No, muchas gracias”. En este momento, si el vendedor es también una persona asertiva comprenderá que si él tiene el derecho a decirle que considere su promoción, la otra persona también tiene derecho a negarse.

Recorte

Como su nombre indica, esta técnica consiste en proporcionar una cantidad mínima de información para obligar a la otra persona a expresarse abiertamente cuando sentimos que quiere transmitirnos algo de forma indirecta. Normalmente, se utiliza cuando estamos siendo atacados y no estamos seguros de haber cometido un error. Contestamos si o no, esperando que la otra persona aclare el asunto sin desvelar nuestras cartas antes de tiempo. Es un modo de sondear cuál es la situación. Una vez que la persona aclare el asunto, nos comunicaremos de forma más natural.

Ejemplo: nuestra jefa nos dice: “las muestras del laboratorio que te pedí todavía no están preparadas”, a lo que respondemos: “sí, es cierto” y esperamos a que la otra persona nos clarifique la cuestión antes de nosotros responder y arriesgarnos a meter la pata.

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Aserción negativa

Esta estrategia consiste en que admitamos la posibilidad de un error y que cambiemos, inmediatamente, a verbalizaciones positivas dirigidas a una solución, de modo que no tengamos que excusarnos por ello mostrando culpa y sin dar demasiadas excusas y justificaciones. Con esto, tendemos a reducir la agresividad de nuestros críticos, a ganar el respeto de los demás tras reconocer un error y a fortalecer nuestra autoestima.

Ejemplo: nuestro jefe de proyecto nos dice: – “has tardado mucho en acabar la primera parte de tu tarea”, le contestamos: – “la verdad es que sí, tiene razón, perdone”.

Ignorar selectivamente

Esta técnica consiste en atender o no atender, de forma selectiva, a aspectos del contenido del habla de la otra persona que puedan representar tanto temas de interés como manifestaciones ofensivas o injustas. De este modo, lo que hacemos es extinguir determinadas respuestas que no nos interesan y reforzamos, por el contrario, aquellas expresiones que puedan ser constructivas. La dificultad de esta técnica radica en realizar una adecuada discriminación de los aspectos que vamos a ignorar del discurso del interlocutor.

Ejemplo: nuestra pareja nos dice: – “no recoges tus cosas, no estás pendiente de mí, a ver cuando me sacas a cenar”, respondemos atendiendo selectivamente al aspecto constructivo: – “este viernes voy a reservar un restaurante japonés en el centro”.

Separar los temas

Cuando la otra persona introduce varios temas entremezclados en su discurso, nos conviene separarlos y abordarlos de forma diferenciada, ya que de otra forma pueden generar confusión, ansiedad o culpa. De esta manera organizamos los temas por su importancia y emplazamos para más tarde los aspectos que resultan menos relevantes.

Ejemplo: nuestro padre nos dice: – “nunca haces la cama, te vas sin despedirte y haces sentir muy mal a tu hermana”, respondemos centrándonos en primer lugar en el malestar que le provocamos inconscientemente a nuestra hermana: – “¿que puedo hacer para que no se sienta así?” y después procedemos a tratar los otros temas: – “Con respecto a hacer la cama, me comprometo a dejarla hecha todos los días antes de ir al instituto” y “si no me doy cuenta de despedirme es porque salgo escuchando música pero prometo fijarme más a partir de ahora”.

Ofrecer disculpas

Con el hecho de disculparnos estamos reconociendo los sentimientos de la otra persona, permitiendo que se sepa que nos hemos dado cuenta de lo que sucedió y que entendemos su posible malestar con respecto al tema. Es una expresión directa de la empatía en la comunicación interpersonal.

Ejemplo: “Siento haberte hecho esperar tanto, entendería que estuvieses enojado”.

Preguntas

Con esta técnica pretendemos ayudar a que la otra persona se de cuenta de una reacción impulsiva, no pensada, especialmente cuando el interlocutor ha sido agresivo de forma no verbal.

Ejemplo: un dependiente de una tienda pone mala cara al ver entrar a un cliente, le atiende entre murmullos desagradables y mira continuamente su reloj, le preguntamos: “¿tiene prisa?” o “¿le ha parecido mal algo de lo que he hecho?”.

Desarmar la ira

Este procedimiento implica que pasemos por alto el contenido del mensaje airado y agresivo y que, centremos nuestra atención y conversación en el hecho de que el interlocutor está enfadado. Se trata de un cambio del contenido al proceso, puesto que cambiamos el foco de la conversación del contenido a algún proceso observado en la otra persona, como una emoción o una conducta que está manifestando (ej. volumen de voz). Es conveniente expresar de forma abierta y con un tono de voz moderado, que se retomará el contenido de la conversación tan pronto como la otra persona se calme y debemos rechazar educadamente continuar con la conversación hasta que nuestro interlocutor no se relaje.

Esta técnica se utiliza para frenar una posible escalada en el conflicto. Con esto vamos a conseguir que el otro se enfríe emocionalmente, que pueda pensar mejor y además vamos a tener mayor probabilidad de resolver con éxito el tema en cuestión. En un primer momento, nuestro interlocutor puede estallar en una explosión de ira (no hay nada que más moleste a las personas que nos inviten a calmarnos cuando estamos enfadados) que debemos aguantar pacientemente y sin perder los nervios. Obviamente, en caso de que nuestra integridad física corra peligro, debemos abandonar la situación.

Ejemplo: “cuando quieras aclaramos el tema, pero antes tranquilízate”.

Banco de niebla

Este procedimiento consiste en esquivar una crítica que nos acaba de expresar otra persona devolviéndole el mensaje de que puede que tengas razón, pero no dice abiertamente que la tenga. De esta forma, aceptamos serenamente que su punto de vista puede ser correcto y que lo respetamos pero, a la vez, no dejamos de respetar que nosotros tenemos el derecho asertivo principal de poder opinar otra cosa distinta y que nuestra manera de ver la situación también puede ser correcta. Somos nosotros, en último término los que juzgamos todo lo que somos y todo lo que hacemos.

Al recibir la crítica sin defendernos: evitamos que la otra persona genere más argumentos en contra, mantenemos nuestra postura inamovible de no ceder ante alguien que pretende conseguir algo a través de la crítica hacia nuestra persona y frenamos la agresividad del otro al conceder la posibilidad de que sus palabras pueden ser ciertas. Así, conseguimos recibir la crítica sin sentirnos violentos ni ansiosos y abrimos la posibilidad de comunicarnos de otro modo, sin ceder a críticas manipulativas. Para entenderlo de forma gráfica, es como poner una nuble de niebla protectora entre el interlocutor que lanza críticas e intenta manipularnos y nosotros mismos.

Ejemplo: nuestra pareja nos critica: – “nunca haces nada en casa, eres un vago”, a lo que respondemos: “es verdad, a veces me comporto como un vago”, en vez de contestarle con una defensa como: “yo traigo el dinero a casa”, que lo único que conseguiríamos con esto sería echar más leña al fuego y avivar el conflicto.

Interrogación negativa

Es un procedimiento que ayuda a suscitar críticas sinceras por parte de los demás. Lo esencial es solicitar más información sobre lo que el otro expresa y, nunca poniendo en cuestión a la persona que nos critica o a su conducta. Es una técnica útil para conocer lo que sienten o piensan los demás, facilitando un proceso comunicativo más abierto y directo cuando nuestro interlocutor nos critica. Además, al solicitar que se amplíe o que se aclare la crítica, tenemos mayor probabilidad de conocer lo que realmente se esconde detrás de esa primera crítica y si esa información es útil o si es meramente manipulativa. Debemos escuchar los comentarios sin internalizarlos, tratándolos como mera información, ni utilizarlos para armar nuestra réplica.

Ejemplo: un amigo nos dice: – “los viernes siempre vas a cenar a un restaurante con tu novia”, le preguntamos: – “¿qué tiene de malo que vaya a cenar los viernes con Isa?”. De esta manera, nuestro amigo nos puede decir: – “me gustaría salir algún día de fiesta contigo, como hacíamos antes”, así podemos conocer el trasfondo de su crítica inicial. Si le hubiésemos contestado defendiéndonos: – “pues a ti no hay quien te vea los sábados de partido”, nuestra comunicación escalaría en hostilidad y no nos llevaría a ningún punto constructivo de entendimiento. Otros ejemplos de esta técnica pueden ser: – “¿qué es lo que no te gusta de mi forma de hablar?”, “¿qué quieres decir con eso?”, “¿a qué te refieres concretamente?”.

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Estrategias de ataque

Reforzamiento tipo sándwich

Este procedimiento implica presentar una idea positiva antes y/o después de una negativa. De esta manera se expresa un desacuerdo o una petición de cambio de conducta de una forma muy sutil y educada.

Ejemplos: alguien nos propone ir al cine a ver una película de zombies y odiamos ese género. Nos preguntan: – “¿Te animas a ver la nueva película de Apocalipsis Zombie?”, contestamos: – “Gracias por tu propuesta, me apetece mucho ir al cine contigo (positivo), pero no me gustan las películas de zombies, me resultan desagradables (negativa), estaría encantado de ir contigo a ver otra cuando quieras, seguro que encuentras a alguien que te acompañe a ver esta de zombies” (positivo). Otro ejemplo típico es cuando nos preguntan si nos gusta algo: – “¿Te gusta como he preparado la carne?” y no estamos muy convencidos: – “está muy sabrosa (positivo), le pondría un poco menos de pimienta la próxima vez (negativo), pero está en su punto” (positivo).

Repetición

Cuando pensamos que no estamos siendo debidamente escuchados, le pedimos a la otra persona que repita lo que le estábamos diciendo. De esta forma aumentamos la probabilidad de que nos escuche.

Ejemplo: “¿qué opinas de lo que estoy contando?”.

Inversión

Cuando le pedimos algo a nuestro interlocutor y este responde dando rodeos y sin claridad, le pedimos que conteste “sí” o “no”. Así conseguimos, no sólo que el otro se moje, sino que también aumentamos la probabilidad de que en las próximas ocasiones nos conteste “sí”, ya que las personas recordamos mejor nuestras contestaciones negativas directas que las indirectas y tratamos de ser justos con el que tenemos en frente, equilibrando las contestaciones positivas con las negativas.

Ejemplo: le preguntamos a un amigo: – “¿te apetece venir a tomar algo?”, nos contesta: – “pues no se la verdad, por un lado me apetece, pero no se, tengo que ir a…”, procedemos a la inversión: “dime si o no”.

Aserción negativa de ataque

El nombre raro de esta técnica responde a una estrategia comunicativa muy utilizada cuando revelamos el temor de que algo que vamos a decir puede molestar o irritar a la otra persona. Por tanto, consiste en anticiparnos a cómo puede reaccionar nuestro interlocutor utilizando una frase amortiguadora.

Ejemplo: un amigo nos pide dar un paseo en nuestra moto nueva y le decimos: “no pienses que no me fío de ti pero no le dejo mi moto a nadie”.

Reflexión

Me llena de alegría ver como cada vez hay más personas corriendo, yendo al gimnasio, haciendo surf, practicando yoga, apuntándose a crossfit… Poco a poco nos estamos concienciando del impacto positivo que tiene el ejercicio físico en nuestra salud a diferentes nivele;, tanto a nivel cardiovascular, como a la hora de prevenir enfermedades infecciosas o como reductor de factores de riesgo de padecer problemas emocionales.

Además, tendemos a cuidar más nuestra alimentación y a hacer de la dieta mediterránea, una de las más completas y saludables, la base de nuestra dieta.

Considero fundamental concienciar al mundo de que también es importante conocer que, si le dedicamos tiempo a entrenar nuestros pensamientos y a nuestras emociones, vamos a notar un gran cambio en distintas parcelas de nuestra vida. En este artículo hablamos de diferentes técnicas para potenciar las habilidades sociales. Entrénalas, trata de practicarlas, piensa que comunicarte mejor supone relacionarte mejor con el mundo. Saber decir que no, es tan importante como decir te quiero o como saber decir adiós en el momento oportuno.

Ser fuerte en algo tan básico como la asertividad te va a aportar grandes beneficios, tanto con los demás como contigo mismo. No olvides dedicarle el tiempo que se merece. No hace falta restarle tiempo a entrenar tu físico o que tengas que descuidar tu alimentación, tampoco hace falta comprar unas zapatillas nuevas para practicarlo. Vete probando estas técnicas en actividades cotidianas, practica la asertividad en tu día a día y obtendrás grandes resultados. Te entenderán mejor, no darás pie a dobles sentidos o malas interpretaciones, podrás defender lo que piensas respetando las opiniones de los demás, podrás sentir seguridad en cualquier entorno social, manejarás mejor los conflictos, reducirás tu miedo, aplacarás tu ansiedad… en definitiva; tu comunicación será más eficaz, más efectiva y más eficiente.

Ten presente que el refuerzo social es el refuerzo más potente del que disponemos las personas y, para colmo, es gratis. No sólo envíes mensajes negativos al que tienes al lado. Claro que puedes criticar algo que te parezca mal, tienes todo el derecho, pero hazlo de forma constructiva y valorando el acto objetivo de la persona y no juzgándola, de esta manera se sentirá atacada y se defenderá. Valora la situación y no a la persona.

Que no se te olvide piropear, abrazar, reforzar y ser agradecido con el mundo. Sólo de esta manera, el mundo también lo hará contigo.

Mens sana, in corpore sano, amigo.

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Jose Salido Botas
Licenciado en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela y Máster en Psicología Clínica, Legal y Forense por la Universidad Complutense de Madrid. Experto en Mediación Familiar por la Universidad Camilo José Cela. Acreditado como Psicólogo General Sanitario por la Consejería de Sanidad de la Xunta de Galicia.

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