pastilla boca

Hoy en día, a nadie le sorprende escuchar que algún familiar está tomando pastillas para dormir. Incluso nosotros hemos podido tomar algún medicamento en un momento puntual para ayudarnos a conciliar el sueño. Está totalmente normalizado un consumo indiscriminado de estos fármacos en nuestra sociedad, y sobre todo en nuestros mayores, que muchos consideran la panacea cuando existen problemas de insomnio.

Uso de las Benzodiazepinas

Normalmente se suelen recetar benzodiazepinas (BZD, de aquí en adelante) para abordar este tipo de dificultades. Las BZD son drogas muy populares con efectos hipnótico-sedantes y ansiolíticos que se recetan en muchas patologías psiquiátricas (pánico, ansiedad generalizada, fobia social, depresión, trastorno bipolar…) e incluso se utilizan como anticonvulsivantes o relajantes musculares. Históricamente, aparecen para sustituir a los barbitúricos, por ser estos poco específicos y por tener un estrecho rango terapéutico, que se traduce en que existe un límite muy pequeño entre la dosis terapéutica y el riesgo de toxicidad.

Las BZD son drogas mucho más seguras que sus predecesoras pero no tan selectivas como pensamos, y debido a esta falta de especificidad tienen efectos secundarios que merecen ser considerados por sus usuarios. Son drogas que actúan sobre el GABA, neurotransmisor que se encarga de transmitir un mensaje inhibitorio a las neuronas con las que se pone en contacto para que disminuyan su actividad. Por tanto y a grandes rasgos, las BZD actúan como un freno para el sistema nervioso central. Producen un efecto relajante y tranquilizante para el cerebro, por lo que esta función depresora disminuye la actividad de nuestro organismo.

Exponemos linealmente los posibles efectos depresores en nuestro organismo:

Efecto: ansiolítico -> sedante -> hipnótico ->  anestésico -> muerte

No pretendo, en este espacio, ahondar ni en los componentes biológicos, químicos o fisiológicos de las BZD. Sólo quiero transmitir los peligros y posibles efectos secundarios de un consumo crónico y abusivo de esta sustancia, ya que considero que es nuestra labor informar tanto de lo positivo de estas drogas como concienciar sobre sus principales hándicaps. Vamos a realizar una clasificación sencilla según la vida media (VM) del fármaco en nuestro organismo para facilitar la comprensión de estas sustancias. Para que resulte más sencillo, casi todos los nombres (no comerciales) de un BZD acaban en –am.

pastillas cuchara

Tipos:

VM Corta (1-4 horas): Mayor riesgo de dependencia y más efectos secundarios (triazolam, midazolam…).

VM Intermedia (6-12 horas): (alprazolam, lorazepam, lormetacepam, oxacepam…).

VM Larga (12-100 horas): Riesgo de sedación diurna pero menor riesgo de             dependencia (diacepam, flurazepam, clonazepam, cloracepato…).

VM CORTA

VM INTERMEDIA VM LARGA
Triazolam Halcion Alprazolam Trankimazin Clobazam Clarmyl, Nalafren
Midazolam Dormicum Bromazepam Lexatin Clonazepam Rivotril
Bentazepam Tiadipona Lorazepam Orfidal, Idalprem Clorazepato Tranxilium
B-rotizolam Sintonal Ketazolam Sedotime Clordiazepóxido Librax
  Lormetazepam Noctamid, Loramed Diazepam

Valium

  Oxacepam Adumbran, Suxidina Flurazepam Dormodor
           Flunitracepam Rohipnol Medazepam Nobritol

 

Antes de pasar a los efectos negativos de estas sustancias, debemos aclarar que, pese a que no todos los que consumen BZD sufren estos efectos, los riesgos son significativos. Lo que aquí expongo, es un trabajo de síntesis con el objetivo de hacer una clasificación accesible de las posibles repercusiones de estos fármacos en diferentes ámbitos y facetas.

BZD efectos a corto plazo y a largo plazo

Conocemos y reconocemos su efectividad a corto plazo, aproximadamente de dos a cuatro semanas de uso pero, es conveniente destacar que los efectos secundarios asociados con el consumo a largo plazo pueden presentarse en forma de deficiencias en las habilidades cognitivas, problemas de memoria, cambios de humor… Otra sintomatología clínicamente significativa que puede estar asociada es: enturbiamiento emocional, irritabilidad, letargo, problemas para dormir, cambios de personalidad, somnolencia diurna, agresividad, depresión, agorafobia, ansiedad y ataques de pánico, deterioro social y problemas laborales.

Si entramos a destacar los efectos secundarios con un componente más fisiológico o somático, podemos encontrarnos con: somnolencia, vértigo, malestar estomacal, náuseas, visión borrosa y otros cambios en la visión, dolor de cabeza, trastornos de la coordinación, trastornos del ritmo cardíaco, temblor, debilidad, fatiga, dolor de pecho, ictericia, vómitos…

BZD y riesgo de dependencia

Uno de las graves consecuencias del consumo de estas sustancias, a largo plazo, es el posible riesgo de dependencia que genera, debido a su potencial adictivo. Entendemos adicción como la dependencia del organismo a alguna droga a la que se ha habituado a través de un proceso continuado de consumo y donde existe una necesidad e impulso para ingerirla.

El uso mantenido en el tiempo de las BZD producen tolerancia, por lo que la dosis habitual de la sustancia genera menos efectos, con lo que se necesita aumentar las dosis para que se consigan los mismos efectos.

Al compartir grupo y mecanismo de acción con otras drogas depresoras como el alcohol, el consumo de BZD puede generar tolerancia cruzada con éste. Así, el consumidor de BZD puede desarrollar mayor tolerancia al alcohol aunque no lo haya consumido y además las BZD pueden disminuir el síndrome de abstinencia del alcohol, razón esta por la que las BZD se usan a menudo para la desintoxicación de pacientes dependientes del alcohol.

Además, la persona puede sufrir abstinencia a estas sustancias, que consiste en la reacción física que se produce ante la interrupción del consumo de una droga a la que el sujeto está habituado y es dependiente de la misma. El síndrome de abstinencia a las BZD es similar a los producidos por el consumo de alcohol, ya que comparte clasificación con éste en el grupo de las sustancias depresoras del sistema nervioso central, como hemos dicho anteriormente. Los síntomas en abstinencia pueden ir desde ansiedad, delirios, insomnio, confusión, nauseas, parestesias, sofocos, rigidez muscular, parestesias, midriasis… Este síndrome puede presentarse de forma súbita o gradual.

Por último, una intoxicación por BZD, en particular cuando se combinan con sustancias depresoras como el alcohol u otras drogas sedantes, pueden desencadenar un estado comatoso o estuporoso. El lenguaje farfullante, incoordinación, marcha inestable o el deterioro de la atención y de la memoria es la sintomatología que se presenta típicamente en la intoxicación por BZD.

BZD y el sueño (alteración de los ritmos del sueño)

Las BZD pueden ser útiles para el tratamiento a corto plazo del insomnio. Como hemos comentado en el párrafo anterior, su uso está recomendado sólo para un periodo de dos a cuatro semanas, por el riesgo de desarrollar una dependencia.

Estas sustancias mejoran parcialmente los problemas relacionados con el sueño ya que   acortan el tiempo necesario para quedarse dormido y prolongan el tiempo total que se duerme. No obstante, empeoran la calidad del sueño incrementando el sueño ligero y disminuyendo el sueño profundo. Por tanto, estas sustancias modifican la arquitectura del sueño bloqueando el sueño profundo (fundamentalmente fase IV o de ondas lentas) y el sueño Rem. Tenemos que conocer que la fase IV del sueño de ondas lentas tiene una importancia decisiva ya que es precisamente en esta fase cuando disminuye la temperatura cerebral, se reduce el tono muscular y el cerebro descansa. El sentirnos descansados, tanto a nivel físico como psíquico, después de las horas de sueño depende principalmente de esta fase. Algunos estudios relacionan esta fase con la consolidación de la memoria y de aprendizajes y con la liberación de la hormona de crecimiento (GH), así que podemos deducir que no es muy recomendable bloquear esta fase.

pastillas dormir

Podemos quedarnos con que, en general, las BZD acortan el tiempo que tardamos en quedarnos dormidos (fase I) y pueden prolongar el tiempo de sueño pero, como consecuencia de esto, se empeora la calidad del sueño, aumentando el sueño ligero (fase II) y reduciendo significativamente las fases de sueño profundo (fases III-IV), más determinantes para un descanso óptimo e integral.

Otra desventaja de los hipnóticos, incluyendo las BZD, es que pueden provocar, paradójicamente, insomnio de rebote ya que su abstinencia está caracterizada por un periodo prolongado de ansiedad y agitación que dificultan la conciliación del sueño.

Funcionamiento cognitivo

El consumo crónico de estos fármacos puede causar problemas cognitivos generalizados, incluyendo dificultades con la atención sostenida, aprendizaje verbal, memoria y la habilidad psicomotriz, de coordinación motora y de razonamiento espacio temporal.

Uno de los aspectos más destacados en los libros es su afectación sobre la memoria anterógrada, pudiendo provocar amnesia de este tipo. Para entendernos, perdemos la capacidad para sumar nuevos recuerdos, por lo que se deterioran directamente los procesos de aprendizaje y de memoria. Este es uno de los motivos por el que se evita recetar benzodiazepinas a los niños, ya que merman la concentración y dificultan su desempeño escolar. Con lo recién expuesto podemos deducir que tampoco son muy recomendables para actividades como la conducción o en tareas dónde la exigencia de los recursos perceptivo-atencionales sean cruciales.

BZD en los ancianos

En esta población, el consumo a largo plazo de BZD implica un factor de riesgo por amplificar el deterioro cognitivo, que en algunas ocasiones puede confundirse con estados demenciales. Estas dificultades en las facultades cognoscitivas se asocian al embotamiento y aletargamiento que producen estas sustancias. En algunos estudios señalan que su consumo se asocia con un mayor riesgo a desarrollar demencia en un futuro, aunque se necesitan más investigaciones en esta dirección.

El consumo a largo plazo de BZD en los ancianos puede causar un síndrome farmacológico con síntomas tales como somnolencia, ataxia, fatiga, confusión, astenia, vértigo, mareo, síncope, demencia reversible, depresión, deficiencia intelectual, psicomotriz y disfunción sexual, ansiedad, alucinación auditiva y visual, ideación paranoica, pánico, delirios, despersonalización, sonambulismo, agresividad, hipotensión ortostática e insomnio.

Además se ha observado que existe un mayor riesgo de caídas por sedación y relajación muscular. Pueden producirse también cuadros confusionales o de desorientación.

Hay que comentar que la interrupción o discontinuación del consumo de estas drogas lleva a una mejora tanto en las funciones cognitivas como en la estabilidad y la coordinación del anciano.

BZD y efecto paradójico

De forma excepcional, las BZD pueden causar excitación paradójica, incluso con aumento de la irritabilidad y tendencia a la hostilidad. Esta desinhibición conductual puede presentarse acompañada de locuacidad, excitación, movimiento excesivo, agresividad, labilidad emocional…

Este tipo de reacción es más frecuente en niños, pero también ocurre en ancianos, en pacientes con trastornos del desarrollo así como personas con hábitos alcohólicos y con trastornos psiquiátricos y de personalidad.

BZD y el embarazo

Las BZD pueden causar efectos teratogénicos, por lo que su uso durante el embarazo está contraindicado ya que pueden causar malformaciones en el feto.

BZD y el suicidio

De entre todos los datos expuestos, estos son los menos contrastados ya que sólo son algunos los estudios que relacionan las BZD con un mayor riesgo de suicidio. A pesar de que no existe mucho volumen de datos en esta dirección ni una contrastación empírica exhaustiva, debemos tener en cuenta esta información con pacientes que presentan ideación suicida.

Reflexión

A tenor de lo comentado y aunque parezca incongruente con mis palabras, quiero dejar claro que no estoy en contra de la administración de BZD cuando existen razones clínicamente significativas, considerando siempre, y de forma individual, las dosis, el tiempo de tratamiento y la pauta de una retirada gradual. Hay que tener en cuenta que el hecho de recetar ansiolíticos como churros puede generar más dificultades que soluciones para los pacientes y, mayores gastos sanitarios para nuestra economía. A mí me importa más la primera consecuencia ya que, la persona que acude a consulta por problemas ocasionales de insomnio y empieza a consumir BZD, si no hay un control y un seguimiento exhaustivo al respecto, al cabo de unos meses pueden seguir existiendo esos problemas de sueño que fueron motivo de consulta pero ahora también podremos sumar un trastorno por consumo de sustancias (debido a su gran potencial adictivo). Además habrán podido sufrir alguna de la sintomatología específica que hemos comentado en los párrafos anteriores. A veces el remedio puede ser peor que la enfermedad.

Quiero que la cuña final de este artículo sea a modo de reflexión ya que, la psicología aborda directamente la problemática que intenta paliar el uso de estos fármacos de una forma menos invasiva. Probablemente necesitemos más tiempo y nuestra total voluntad y disposición para lograr resultados. Quizás nos cuesta más ya que nos exige mucha más implicación que tomar una pastilla y depositar nuestra “curación” en algo externo a nosotros. Lo positivo es que, por ejemplo, una técnica conductual de control de estímulos para tratar un problema de insomnio no tienen ningún riesgo para nuestra salud y si se trabaja con herramientas adecuadas, los objetivos pueden no solo alcanzarse si no superarse completamente. Además, con todo esto se pueden evitar los riesgos asociados al consumo crónico de medicación y reducir, a largo plazo, los costes de nuestro tratamiento.

Las Benzodiazepinas y sus efectos secundarios más desconocidos
4.8 (95%) 4 votos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.