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Un bebé que duerme bien, es un bebé que descansa bien, que está activo durante el día, que está de buen humor y que tiene las condiciones para estar receptivo para recibir todo lo que tiene que aprender a lo largo del día. Ayudar y enseñar al niño en este proceso es vital para su buen desarrollo y será muy estructurador para él y para los padres.

Hay niños que, a pesar de la instauración de estos hábitos, no consiguen disfrutar de un descanso saludable; es cuando hablamos de trastornos del sueño.

Enseñar la diferencia entre el día y la noche

El bebé cuando nace no tiene ninguna pauta preestablecida del ciclo de sueño-vigilia, todavía no está instaurado. El pequeño duerme a lo largo de las 24 horas del día sin diferenciar el día de la noche.

Sabemos que los ciclos de sueño de los niños son más cortos que el de los adultos; durante las primeras semanas son polifásicos y se reparten casi por igual en fases de una o dos horas durante el día y la noche. Sin embargo, es poco a poco irle enseñando que durante la noche se duerme y durante el día se está despierto. Durante la noche hay silencio, hay oscuridad, hay calma y quietud… Y al contrario, durante el día hay luz, ruido, movimiento. Estas diferencias nos señalan qué indicadores debemos usar para ayudar al niño a diferenciar son de vela y qué debemos hacer cuando queremos poner a dormir a nuestro bebé.

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Cómo ayudar al pequeño a dormir

Es importante ofrecer al bebé un ambiente relajado y con poca luz para que el pequeño identifique y diferencie los momentos de sueño y relax, de los momentos de juego, alimentación o paseo. Los padres deben ir observando qué hábitos o rutinas permiten a su niño relajarse, como por ejemplo, bañarlo, hacer un masaje en un entorno cálido, acogedor y apacible como puede ser su habitación, hablar flojo con la voz de la madre o el padre que son tranquilizadoras y dan confianza, le ayudará a identificar estos momentos con el dormir.

También es muy recomendable que, desde los primeros meses de vida, cuando el bebé duerme lo llevemos a su habitación, que será el espacio que el pequeño identificará como el lugar de dormir. Unos meses después podremos cantar una canción de cuna, contar un cuento e incluso tener un rato de conversación con ellos que vaya posibilitando la experiencia de compartir emociones y sentimientos. Estos hábitos y rutinas dan confianza al niño. Es importante que estos momentos vayan asociados a sensaciones agradables y de placer.

Pesadillas y terrores nocturnos

Las pesadillas son frecuentes en los niños a lo largo de toda la infancia, aunque hay periodos de más agudeza entre los 3 y los 6 años.

Una pesadilla es un episodio que despierta al niño, lo devuelve al estado de alerta y le provoca ansiedad, temor, inquietud o miedo. No suponen ningún peligro físico para el niño, en la medida en que puedan recordar y explicar lo que sueñan y compartirlo con un adulto, disminuye el estado de angustia y ansiedad que los acompañan.

Los terrores nocturnos son parte del desarrollo infantil, pero es una situación que desconcierta y asusta mucho a los padres. Durante estos episodios los niños pueden agitarse y / o llamar pero a diferencia de las pesadillas, el pequeño no interactúa con el adulto, está dormido. Hay que protegerlo de los golpes que pueda darse con los objetos de su entorno en los momentos de agitación, evitar despertarlo, no abrir las luces, abrazarlo y tranquilizarlo lo máximo posible. Al día siguiente no recordará nada.

Consejos para ayudar a dormir

Instaurar las rutinas de los horarios de sueño desde pequeños y eer cuidadosos y metódicos en los horarios tanto de siesta como de noche.

Intentar ubicar al niño siempre en el mismo espacio para dormir: poca luz, poco ruido, temperatura agradable, ropa cómoda.

Ofrecer objetos: peluches, toalla, una pieza de ropa de la madre, etc., ya que proporcionan tranquilidad y seguridad. Encontrarlos cuando se despiertan los tranquilizará y se volverán a dormirse.

Lo que enseñamos es lo que la criatura aprende. Si hacemos un ritual muy largo para acostarse él nos lo pedirá cada día.

Evitar utilizar estrategias como: sacarlo a pasear con el cochecito, subirlo al coche y dar una vuelta, dormirlo en brazos, dormirlo el sofá, dormirlo en la cama de los padres. Utilizarlas significa que el niño las aprende y, por tanto, si se despierta nos las pedirá.sue

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