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En muchas empresas y en muchos círculos sociales, el tener o no tener hijos condiciona de una forma u otra a muchas mujeres. Es muy fácil pensar y tocaría que hoy, en pleno siglo XXI, las mujeres tenemos más facilidades, ayudas y apoyos para tener hijos, tengamos o no pareja, y que estamos capacitadas para criarlos con o sin los padres. Pues no es tan fácil y a veces, hasta condiciona a muchas personas su estilo y calidad de vida, así como a las empresas laborales, y a veces, propicia cambios deseados y no deseados (aunque el tema de relación de padres e hijos y de la relación de los propios padres es otro tema aparte).

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El peso de la sociedad y la maternidad

Aunque España sea un país europeo, muchas mujeres siguen siendo mal vistas en algunos sectores o por algunas personas si no tienen hijos. La solución no es cambiar de país (al menos, para muchas de nosotras que ya estamos afincadas), sino que debería poder volver a haber esa libertad que se consiguió en el siglo XX y que con la crisis de 2011, ha rebajado la calidad de vida de muchas personas.  Así como hay empresas privadas en donde no supone ningún problema que los empleados tengan hijos, en muchas otras a algunas mujeres no las quieren contratar por miedo a que se queden embarazadas, tengan o no pareja, y eso suponga bajas, pérdidas económicas, cambios de horarios, y faltas. Y especialmente, si tiene más de 30 años (como si no pudiera pasar a la chica de los 20 años), lo cual, eso parece que muchas personas piensan que ya está “loca” por tener hijos y que en cualquier momento va a anunciar que está en espera, sea en pareja, fertilizada por los médicos, o incluso sin planificarlo. Y claro, muchas de ellas se resignan como amas de casa sin querer sólo esto, o sobrevivir a cualquier manera, estando a veces en relaciones con parejas amorosas insatisfactorias o haciendo incluso trabajos no deseados, para que sus hijos puedan tener una vida digna y agradable. Muchas cambian de trabajo, de carrera y otras han decidido ser empresarias, porque es la forma que, a la vez de trabajar en lo que desean, pueden llevar la vida que quieren, o trabajar desde casa, más cómodo en muchos casos. Muchas no podemos, o no quieren ser madres por muchas circunstancias (sea por factores genéticos, enfermedades, problemas económicos, no tener pareja amorosa adecuada para ello, no querer ser madres solteras, no estar preparadas, etc.) y somos etiquetadas injustamente de esa forma, mientras otras personas se aprovechan de las circunstancias.

La mujer y la presión de la maternidad

Pero es cierto que muchas mujeres sin hijos, y no casadas, en algunos sectores, tanto en clases altas, medias y en clases bajas, han sido mal vistas, como si por ello tuvieran alguna enfermedad, discapacidad o problema de salud mental, cuando a veces, no es así. O tacharnos despectivamente de lesbianas sin ser verdad (aunque haya casos que sea así). O como si fuéramos las “guarras”, esa clasificación que incluso muchas mujeres hacen, y que realmente me parece tan discriminativa y machista, como si hubiera una selección de “mujeres para la reproducción” y “mujeres para el sexo”. Lo mismo pasa con muchos hombres, ya que desde siempre, ha parecido que había hombres que sólo eran amantes, ”rebeldes”, y hombres de los de casarse, “los ositos o los padres”, como alguna vez he leído, y como si fueran etiquetas y no pudieran cambiar unos u otras. Lo cierto es que discriminar a alguien por tener o no tener hijos es algo muy ridículo: ¿acaso todo el mundo es buen padre o madre? ¿Acaso está la sociedad preparada para elegir quién debe o no debe ser padre o madre, cuando existen mil factores o mutaciones genéticas que pueden en un momento dado jugar una mala pasada?

El aspecto físico, edad y trabajo

El estigma social también repercute a mucha gente. En algunas agrupaciones, centros o instituciones donde frecuentamos, o simplemente, personas que nos vamos encontrando en nuestra vida, suelen juntarse con personas más o menos afines a ellas. Lo triste es que a veces, por la edad no contratan a muchas personas (en este caso, incluidos muchos hombres), como si un trabajo en tienda o en una oficina fuera lo mismo que un atleta, un desfile de modelos de alta Costura, o una bailarina de ballet clásico que está debutando (aunque una persona con mejores condiciones físicas estará siempre mejor). Cosas que deberían ser meditadas y reflexionadas para el bien de todos, tanto para empresas, como para las personas. También es cierto que no todo el mundo congenia ni es afín, ni se va a llevar bien con todo el mundo, aunque no por ello hay que llevarse mal, pero siempre un poco de respeto y libertad es agradable y beneficioso para todos.

Conclusiones

Está claro que siempre tendremos que seguir practicando la meditación, reflexión, subjetividad y objetividad, con muchas personas y en muchas situaciones. Pero es cierto que también tenemos derecho a tener preferencias, y sobretodo, tener la vida que deseemos, hayamos nacido donde hayamos nacido, o tengamos x gustos o elecciones (siempre que sea algo legal, está claro que no es lo mismo alguien que decide optar por tomar cocaína que alguien que decida ver x película, aunque, en verdad e ironía haya gente que ya nos miran mal  por preferir los gatos a los perros como mascotas). Llegar a acuerdos en los que todos ganemos, y seamos felices, estemos bien y vivamos en armonía es uno de los ejes no sólo de un individuo, sino de la sociedad, e incluso del país o de la Humanidad.

Solteros, hijos y estigmatización social
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