Adopción y apego

La adopción ha ganado tal peso en nuestra sociedad en los últimos tiempos que se ha convertido con el paso de los años en un campo de estudio muy importante para la psicología. Pese a que al principio la relación entre psicología y adopciones se limitaba al mero hecho de la selección y comprobación de la idoneidad de los padres adoptivos, el espacio de investigación se ha abierto enormemente con el tiempo, especialmente centrado en el niño adoptado pero también en los padres.

Ante todo, la mayoría de estudios recomiendan optar por la adopción de un niño lo más joven posible para evitar traumas futuros. Entre los dos y los cinco años se encuentra la edad en la que un niño comienza a hablar y grabar en su memoria emocional todos los hechos que considera relevantes. Así, una adopción “menos joven” puede llevar a provocar trastornos del vínculo ya que la calidad de las relaciones interpersonales es un factor importantísimo en la formación de la personalidad. El apego, o vínculo afectivo, es una conexión surgida entre un niño y sus personas más cercanas, probablemente sus padres, y el hecho de perder este punto de referencia a la hora de ser adoptado lleva a crear un perfil psicológico bastante marcado. Adoptar a un bebé supone la posibilidad de establecer dichos vínculos lo antes posible.

Además, el hecho de ser adoptado lleva consigo de la mano en la mayoría de las ocasiones un cierto factor de desestabilización que se activa con los cambios bruscos de estado: llegada de un nuevo hermano, cambios de puntos refenciales como maestros o divorcio de los padres, etc. Por ello, el cuidado psicológico es de gran importancia en los adoptados.

Por otra parte, desde un punto de vista psicológico es también importante destacar la importancia del conocimiento de las raíces del niño adoptado. Y es que hay ciertos factores genéticos (así como médicos y de experiencias vitales en general) que sirven para, aunque quizás no anticipar, sí interpretar y buscar una explicación a los comportamientos psicológicos del adoptado. Informarse es conocer y conocer da la posibilidad de tomar medidas correctas y, en algunos casos, preventivas.

Pero el poder y beneficios de la psicología en las familias con niños adoptados pasa tanto por ellos como por los padres. El sentimiento de culpa, la desesperanza y el cansancio y los problemas internos entre la pareja debido a la presión de la adopción son síntomas muy recurrentes. Así, la importancia de un canal de comunicación fluido con los hijos se antoja de una importancia vital, en el que los flujos comunicativos sean bidireccionales y abarquen todos los temas posibles. En definitiva, la comunicación, la magia de las palabras, es el acompañante perfecto ya no solo a la de los adoptados, sino a la relación de cualquier niño con sus padres. Hablar, conocer y entender son aun a día de hoy la mejor vía que la psicología puede ofrecer a cualquier padre y a cualquier niño, sean sus vínculos físicos o no.

Catalina Pousa

Sobre la adopción y el apego
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