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Elegí escribir sobre “El síndrome de la rana hervida” porque es común a todas las personas y más en estos tiempos en que todo es tan vertiginoso. Nadie escapa al hecho de adaptarse a una situación que supone un malestar y generalmente hacemos grandes esfuerzos por adaptarnos en varias áreas de la vida en forma simultánea.

La fábula de la rana hervida

Olivier Clerc, escritor y filósofo francés escribió de manera sencilla y comprensible la fábula de “La rana que no sabía que estaba hervida”. Esta fábula está basada en una ley física real:

Si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor de 0,02º/minuto la rana se queda quieta y se muere al final de la cocción.

Imaginen una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente, un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero no se inquieta. El calor le causa fatiga y somnolencia.

Ahora el agua está caliente de verdad y a la rana empieza a resultarle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más. Así la temperatura sigue subiendo, nunca de manera acelerada, hasta que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado ningún esfuerzo para salir de la cazuela.

Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a cincuenta grados, ella se habría puesto a salvo de un enérgico salto.

El mensaje

Lo que nos enseña la alegoría de la rana es que siempre que existe un deterioro lento, tenue, casi imperceptible, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición ni rebeldía. 

Esta fábula está pensada para llevarnos a la reflexión sobre el modo de vida que llevamos, y sus posibles consecuencias.

Muchas veces vamos por la vida como dormidos, aletargados, dejando pasar el devenir de los días, semanas, meses y años, sin hacer nada para romper con la apatía, la desidia o la rutina del día a día.

Muchas veces nos encontramos en situaciones desagradables o incómodas que se toleran, sencillamente porque nos hemos ido acostumbrando a ellas y no sabemos cómo salirnos de ese lugar.

Cuando la relación de pareja se degrada lentamente

En las relaciones de pareja, también funciona esta lógica cuando se van encerrando en una rutina de aislamiento, para no tener oportunidad de percibir el peligro. Sin confianza las relaciones de pareja se desmoronan.

Hay ocasiones en que podemos sentir que va creciendo una distancia entre los integrantes de la dupla, uno se va replegando o es el otro quien se va alejando. El tiempo juntos es menor y la magia parece tambalearse. Es posible que estés viendo el surgimiento de una grieta, dificultades en la comunicación que no sabes cómo solucionar.

La supervivencia de la pareja hace que algunas personas se vayan adaptando a fin de evitar discusiones. El adaptarse paulatinamente a situaciones de amenaza de terceros fue generando una situación de aislamiento. Fue un proceso lento y gradual.

Cuando un cambio se introduce de forma lenta en nuestras vidas, escapa de nuestra conciencia, sin que nos preparemos para dar una respuesta a una situación que, con el transcurrir de los meses se va volviendo peligrosa, cómoda e insostenible. Esta es la situación de la fábula llevada a nuestras vidas.

Es importante tener en cuenta que cada uno debe tener un espacio personal y ser autónomo en él, confiado en que los demás no rebasarán la frontera.

Hay ciertos límites que son compartidos por casi todo el mundo, en las áreas personal, laboral, familiar,  de pareja; hay otros límites que son innegociables, muchas veces en relación a la familia del otro, con quienes sí o sí nos vemos obligados a compartir el almuerzo del domingo.

Los celos en la relación de pareja

Hay límites  que son difusos, me refiero específicamente al tema de los celos. Hay personas muy celosas que están vigilantes de quién te habla, quien te escribe y qué fotos subiste a Instagram. Es difícil darse cuenta de los peligros de que alguien esté al acecho de controlar tanto tu vida on line, cómo qué le dijiste a quién.

Las personas con baja autoestima o dependientes emocionalmente suelen poner a sus parejas por encima de sí mismas y someterse para no quedarse solas.

Debe existir un absoluto respeto por las pertenencias de los demás y por los lugares que forman parte de su entorno personal. Es muy importante que cada uno delimite esas fronteras y haga que los demás las conozcan. Incluso habrá algunas que podrán y deberán negociarse: es el momento de hacerlo. Cada uno tiene derecho a sus silencios, a sus secretos, a sus convicciones.

Por más que se conviva con otros, cada quien tiene su propia vida. Sólo se debe entrar en el espacio psicológico de los otros si hay una invitación o un permiso para hacerlo.

¿En qué grado de ebullición te encuentras?

Es preciso estar atentos, reflexionar sobre lo que sucede a nuestro alrededor. Preguntarse, ¿dónde estoy actualmente? Esta pregunta será necesaria para marcar el camino posterior. No podemos trazar un rumbo en nuestras vidas si no sabemos de dónde partimos y dónde queremos llegar. ¿Cómo me veo en un año, en cinco, en diez?

Es fundamental desplazar nuestra atención al largo plazo. Como los cambios son pequeños, pero graduales y continuos es necesario usar una visión amplia y habituase a pensar cómo las cosas han cambiado en el último año, en los últimos cinco, o en los últimos diez años.

1 Comentario

  1. Con baja autoestima o, bajas de dinero; el hecho es que es conveniente y fácil someterse. Como me dijo una pcte que vino x Reproducción Asistida: “tengo un hijo con este y aseguro la vida de mis hijos tres hijos y la mía, aguantaré un poco de tiempo, eso importa poco, pero el dinero nos viene bien ¡y muy bien a todos!; doctor Lescano, con la autoestima mis hijos no comen, ni con ella puedo pagar la mensualidad de la escuela”
    Hay muchas variables que intervienen en este terreno y x lo tanto, la autoestima se pone de lado y es la actitud “estoica” la que se aplica ante la “necesidad” o la conveniencia “práctica”.

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