Síndrome de Estocolmo

Historia del Síndrome de Estocolmo

El 23 de agosto del año 1973, un ladrón armado con una ametralladora entró en el Banco de Crédito de Estocolmo, en Suecia. Se llamaba Jan-Erik Olsson y era un presidiario que estaba de permiso, y les dijo a los aterrorizados empleados del banco: “¡La fiesta acaba de empezar!”. Entre sus exigencias estaba que le trajeran tres millones de coronas suecas, un vehículo, dos armas y a Clark Olofsson, un criminal que en ese momento cumplía una condena. Las autoridades cedieron y Olofsson se unió a Olsson, que había tomado a cuatro rehenes, tres mujeres y un hombre.  Los rehenes fueron retenidos durante 131 horas. Los ataron y los mantuvieron en el banco hasta que, finalmente, fueron rescatados el 28 de agosto.

Durante su cautiverio, los rehenes sintieron más miedo de la policía que los iba a rescatar que de los secuestradores. Tras su liberación una rehén declaró: “Confío plenamente en ellos, viajaría por todo el mundo con ellos”. En sus entrevistas con los medios posteriores, quedó claro que los secuestrados apoyaban sus captores y contra todo pronóstico temían a las fuerzas del orden que fueron a su rescate. Los rehenes habían comenzado a sentir de alguna forma que los captores en realidad los protegían de la policía. Esta empatía con los captores llegó a tal extremo que los rehenes se negaron a declarar en su contra en el juicio, incluso uno de ellos creó un fondo de defensa legal para ayudar a sufragar los honorarios en caso de defensa criminal. Claramente, los rehenes habían “unido” emocionalmente con sus captores.

El psiquiatra Nils Bejerot, asesor de la policía sueca durante el asalto, acuñó el término de “Síndrome de Estocolmo” para referirse a la reacción de los rehenes ante su cautiverio.

Pero este caso del banco de Estocolmo no es el único que existe. En febrero de 1974 Patricia Hearst, nieta del magnate de la comunicación, William Randolph Hearst, fue secuestrada por el Ejército Simbionés de Liberación (SLA). La familia pagó 6 millones de dólares a la organización terrorista para que la liberaran, pero la joven no regresó con su familia. Dos meses más tarde fue fotografiada empuñando un rifle de asalto durante un atraco del SLA a un banco. Al parecer se había unido a la organización y cambiado su nombre por el de Tania.

Cuándo se produce el Síndrome de Estocolmo

Así fue como esta condición psicológica llegó a ser conocida como “Síndrome de Estocolmo”. Pero muchos años antes ya se conocía este síndrome, pues era común verlo en personas que habían sido víctimas de algún tipo de abuso como:

  • Prisioneros de guerra
  • Mujeres maltratadas
  • Niños que han sufrido abusos
  • Víctimas de incesto o violaciones
  • Presos en campos de concentración
  • Relaciones con personas controladoras o intimidantes
  • Miembros de sectas

El Síndrome de Estocolmo también se puede encontrar en la familia, la pareja y otras relaciones interpersonales. El abusador puede ser un esposo o esposa, novio o novia, padre o la madre, o tener cualquier otra función en la que el abusador se encuentre en una posición de control o autoridad.

El Síndrome de Estocolmo en realidad se produce con todo tipo relaciones abusivas y controladoras. Pero para entender por qué las víctimas apoyan, defienden e incluso aman a sus abusadores, debemos conocer cómo funciona la mente humana.

Síntomas principales del Síndrome de Estocolmo

Cada síndrome tiene sus síntomas y comportamientos propios, y el Síndrome de Estocolmo no es una excepción. Si bien no se ha establecido todavía una lista definitiva, al parecer existen ciertas características que se encuentran presentes:

  • Sentimientos positivos por parte de la víctima hacia el abusador / controlador
  • Sentimientos negativos por parte de la víctima hacia la familia, amigos o autoridades que tratan de rescatarlos / apoyarlos
  • Apoyan y defienden los motivos y comportamientos del abusador
  • Sentimientos positivos por parte del agresor hacia la víctima
  • Conductas de apoyo y ayuda por parte de la víctima
  • Incapacidad para llevar a cabo comportamientos que pueden ayudar en su liberación o desprendimiento

El Síndrome de Estocolmo no se produce en todos los casos con rehenes o situaciones de abuso.

Al parecer existen cuatro situaciones o condiciones que sirven como base para el desarrollo del Síndrome de Estocolmo. Estas cuatro situaciones se pueden encontrar tanto en situaciones de secuestro, como en relaciones de abuso y son:

  • La presencia o percepción de una amenaza física o psicológica que el abusador podría llevar a cabo.
  • La presencia de una pequeña amabilidad por parte del agresor percibida por la víctima.
  • La situación debe durar al menos unos días.
  • El aislamiento de perspectivas distintas de las del abusador.
  • La aparente incapacidad para escapar de la situación.

¿Por qué se produce el Síndrome de Estocolmo?

Una forma en que se desarrollan estos sentimientos y pensamientos es la que se conoce como “disonancia cognitiva”. Este fenómeno explica cómo y por qué la gente cambia sus ideas y opiniones para soportar situaciones que no parecen ser sanas, positivas o normales.

En teoría, un individuo busca habitualmente eliminar la información o las opiniones que le hacen sentir mal o incómodo. Cuando tenemos dos conjuntos de conocimientos (opiniones, sentimientos, comentarios de los demás, etc.) que contradicen unos con otros, la situación se vuelve emocionalmente incómoda para nosotros. A pesar de que podríamos encontrarnos frente a una situación en la que debamos cambiar nuestra interpretación de los hechos, pocos logran hacer esto. En su lugar, intentamos reducir la disonancia que nos produce una contradicción de opiniones o sentimientos con argumentos “lógicos” para regresar a la coherencia y por tanto a la seguridad.

Esto entra dentro de una visión donde la situación lleva a la víctima a generar un “estado disociativo” donde niega el comportamiento violento y negativo del secuestrador desarrollando un lazo afectivo hacia él.

Por otro lado, los estudios indican que somos más leales y comprometidos con algo que es difícil, incómodo e incluso humillante, como los rituales de iniciación en las fraternidades universitarias o en el campo de entrenamiento militar, por ejemplo. Todas estas pruebas, por contradictorio que parezca, crean una experiencia de unión. En las películas, muchas parejas se enamoran tras grandes peligros y desastres, como después de pasar por un terrible accidente, siendo acosados por un asesino o abandonados en una isla, o estar involucrados en un ataque terrorista. Al parecer, el hecho de pasar por momentos de angustia y calvario son ingredientes para una unión fuerte, incluso si esta unión es poco saludable.

Otra teoría es la de la inversión emocional. En las relaciones abusivas se producen una gran cantidad de experiencias no saludables por ambas partes. En muchos casos, la víctima tiende a quedarse y apoyar la relación de abuso debido al tiempo y las emociones que ha invertido en la relación.

Pero no son simplemente nuestros sentimientos por un individuo lo que nos hace mantener una relación poco saludable. Las relaciones humanas son complejas y a menudo sólo vemos la punta del iceberg. Por esta razón, muchas víctimas que defienden a su agresor o mantienen una relación nada saludable, si se les pregunta el por qué, no saben qué contestar.

Por desgracia, todavía no se conoce verdaderamente los motivos por los que se genera un Síndrome de Estocolmo, hasta la fecha todo son hipótesis sobre su origen y naturaleza del proceso.

El Síndrome de Estocolmo: cuando la víctima empatiza con su abusador
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