estudio del sí mismo

¿Qué se entiende por sí mismo? ¿Nacemos con un sí mismo ya formado? Y si no es así, ¿cuándo y cómo surge? ¿Hay más de uno? ¿Los animales tienen sí mismo? Estas son algunas de las preguntas que se plantean durante el estudio del sí mismo, y a ellas se intenta dar respuesta a través de la investigación.

Por una parte, se ha planteado que el sí mismo influye en la manera mediante la que interpretamos el mundo y explica por qué la gente actúa de forma diferente si está motivada o no lo está, si se siente implicada o no.

Es lo que da unidad a las diferentes maneras de funcionamiento de la persona en distintas condiciones. Sin embargo, quizás no haya forma de responder a las preguntas anteriores sin antes mencionar algunos conceptos importantes en el estudio del sí mismo.

Conceptos importantes en el estudio del sí mismo

Resulta muy importante establecer la diferencia entre los principales conceptos que aparecen ligados al estudio del sí mismo.

Autopercepción

Este concepto hace referencia a la distinción del niño de que existe independientemente de otras personas y objetos. Pueden tenerlo los animales.

Hacia los tres meses de vida, el ser humano empieza a hacer diferenciaciones del sí mismo con respecto a los demás

Estas distinciones se basan en diferencias sensoriales asociadas con el sí mismo corporal como opuesto al sí mismo no corporal.

Por ejemplo: tocar el propio cuerpo frente a tocar el de los demás o a otros objetos. Tras este descubrimiento, la persona se va haciendo consciente de relaciones acción -consecuencia, lo que contribuye al desarrollo del sí mismo percibido (por ejemplo: yo soy quien hace que eso que toco se mueva).

Entre los 8 y los 9 meses los bebés empiezan a mostrar signos de autorreconocimiento cuando ven su imagen reflejada en un espejo.

Por último, hacia el año y medio de vida se desarrolla la permanencia del objeto. Es decir, se comprende que, si un objeto cae fuera de nuestro campo visual, eso no significa que haya dejado de existir.

De igual modo, entienden que si algo cambia de tamaño, color o forma eso no significa que le ocurra de verdad, sino que se está alejando, a que hay un cambio de luz o que lo vemos desde otra perspectiva.

El niño se reconoce a sí mismo, aunque esté vestido con otra ropa, esté en una habitación nueva para él o con otras personas, lo que contribuye al asentamiento de su yo percibido.

En resumen, desde los tres meses hacia el año y medio de vida el niño desarrolla un sentido del sí mismo que implica que su propio cuerpo no cambia a través de las situaciones, que sus experiencias son distintas a las de otros objetos y personas y que las consecuencias pueden relacionarse con las propias acciones. De esta forma, se desarrolla el sí mismo como un agente activo, independiente y causal.

Autoconciencia y el estudio del sí mismo

Consiste en un desarrollo cualitativo más allá de la autopercepción y hace referencia a la capacidad del niño para reflexionar sobre sí mismo. Es propia de los seres humanos y de los grandes primates.

A partir del año y medio de vida empieza a surgir la capacidad de reflexionar sobre el sí mismo y tratarlo como a un objeto

En 1970, Gallup investigó el autorreconocimiento en los chimpancés a través de su imagen reflejada en un espejo. Otros animales interpretan esas imágenes propias reflejadas como si fuesen otros miembros de su especie distintos a ellos mismos.

Sin embargo, los chimpancés, tras unos días de experiencia con los espejos, los usan para asear partes de su cuerpo. Gallup anestesió a los chimpancés y les pintó partes de la cara con tinta roja. Tras el efecto de la anestesia los situó frente a los espejos e inmediatamente empezaron a examinar la parte manchada de su cara. A esto se le denomina autorreconocimiento.

En 1979, Lewis y Brooks-Gunn realizaron un experimento similar al anterior, pero utilizando como sujetos experimentales a niños de 9 a 24 meses de edad a los que sus madres les pintaban la nariz mientras hacían como que se la limpiaban. Descubrieron que la conducta de “ quitarse el colorete” comienza aproximadamente a los 15 meses y se afianza sobre los 2 años de edad.

Algunos autores dudan que el reconocimiento sea sinónimo de la autoconciencia. Sin embargo, Lewis (1992) observó que a la misma edad en la que se empieza a tener éxito en el autorreconocimiento (los quince meses) se producen otros progresos que confirman el desarrollo de la autoconciencia.

Entre éstos cabe citar: la utilización del lenguaje para diferenciar entre el sí mismo y los demás (aparición de pronombres personales o de expresiones para referirse a uno mismo y a los demás) o la manifestación de emociones de autoconciencia como el orgullo, la vergüenza, la frustración o la competencia.

Autoconcepto y estudio del sí mismo

El autoconcepto hace referencia a la percepción, imagen o idea que tenemos sobre nosotros mismos (dimensión cognitiva y descriptiva del yo), con independencia de que ésta sea más positiva o más negativa.

Empieza a desarrollarse fundamentalmente una vez que la capacidad simbólica y la conciencia de sí mismo alcanza un cierto nivel (sobre los tres años de edad), se desarrolla casi completamente hacia el final de la adolescencia (sobre los 21 años de edad) y se completa en la vejez.

Desarrollo del autoconcepto a lo largo del tiempo

  • Entre los 3-6 años, las descripciones de los niños se centran sobre todo en rasgos y características observables y en actos habituales, las valoraciones son idealizadas.
  • Entre los 6 y los 8 años ya es posible compararse uno mismo en distintos momentos, aunque la valoración sigue siendo esencialmente positiva.
  • Durante los 8-11 años, el autoconcepto ya incluye rasgos referidos a destrezas y relaciones interpersonales, así como la comparación con otros niños. A partir de aquí la valoración de uno mismo ya es positiva y negativa.
  • Entre los 11 y los 14 años se incluyen las habilidades sociales que influyen en las relaciones con los demás
  • Entre los 14 y los 17 ya se pueden diferenciar bien los atributos en función de situaciones y roles diferentes
  • Finalmente, entre los 17 y los 21 ya se incluye información sobre los roles que se desempeñan, los valores morales y las creencias personales

Identidad

Es un concepto que debe diferenciarse bien del autoconcepto. Así, el autoconcepto es más bien un problema cognitivo, pues se trata de la descripción o definición d e uno mismo basada en los rasgos o características que en cada edad se consideran más relevantes.

El caso de la identidad es distinto. Depende en parte del desarrollo cognitivo, pero tiene una naturaleza mucho más psicosocial. De hecho, está en el entrecruce de la personalidad individual, las relaciones interpersonales, el autoconcepto y el contextoexterno (por ejemplo, hay adolescentes que presentan un autoconcepto muy parecido, pero identidades muy diferentes).

El desarrollo de una identidad es tarea de toda una vida, ya que la identidad cambia con los roles sociales cambiantes que vienen con la edad.

Autoestima y estudio del sí mismo

Constituye la dimensión valorativa del yo: qué siento respecto a cómo soy, en qué medida valoro mis características, hasta que punto estoy orgulloso de mis capacidades y logros y me siento avergonzado por mis limitaciones y fracasos.

A este conjunto de sentimientos y valoraciones con respecto a uno mismo es a lo que se llama autoestima. Es por tanto, una percepción totalmente subjetiva que, algunas veces, no tiene mucho que ver con el talento y los logros objetivos del individuo

La autoestima no tiene sentido si no es en relación con las metas que uno se propone y en relación con la importancia que se le da a determinados contenidos frente a otros.

Sin embargo, la autoestima también puede ser multidimensional (de dominios específicos, por ejemplo: la inclusión social). Es decir, depender de los aspectos, contextos o metas que nos planteemos e ir cambiando con la edad.

Referencias

  • Baumeister, R.F. (1993). Conceptions of self and identity: A modern retrospective on Allport’s view. En K.H. Craik, R. Hogan y R.N. Wolfe (Eds.). Fifty years of personality psychology (pp. 177-186). New York: Plenum Press
  • Davis, M.H. y Franzoi, S.L. (1999, 2ª ed.). Self-awareness and self-consciousness. En V.J. Derlega, B.A. Winstead y W.H. Jones (Eds.). Personality. Contemporary theory and research (pp. 307-338). Chicago: Nelson Hall Publishers.
  • Fierro, A. (1996). El conocimiento de sí mismo. En A. Fierro (Comp.). Manual de Psicología de la Personalidad (pp. 113-152). Barcelona: Paidós.
  • Ortiz, J. M. C., & Toranzo, F. M. (2005). El sí mismo desde la teoría de la identidad social. Escritos de Psicología-Psychological Writings, (7), 59-70.
Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here