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Estar atentos a las dificultades

Ser padre o madre es una experiencia deseada y feliz pero también llena de angustias e incertidumbres. A menudo, los padres son los mayores conocedores de sus hijos y, según estudios recientes, son los primeros en detectar dificultades en sus bebés. Por lo tanto, es importante no pasar por alto las observaciones e intuiciones que los padres manifiestan en relación a los comportamientos disfuncionales de sus bebés.

Detectar de forma precoz las dificultades como puede ser el Trastorno del Espectro Autista, de los niños puede favorecer la intervención temprana y, por tanto, puede ayudar a paliar o incluso hacer reversibles algunas de las dificultades, evitando así una mayor gravedad y promoviendo un mejor pronóstico. Ahora bien, una sola conducta disfuncional, y ni siquiera varias, son indicadores de problemas ni deben comportar un trastorno en el desarrollo.

Al igual que las personas, ningún bebé es igual a otro. Todos tenemos nuestras características propias y por tanto no podemos generalizar. Hay que valorar cada caso en su conjunto, incluyendo el entorno, la familia, las situaciones vividas… Así, lo que en un niño puede ser disfuncional en otro puede no serlo.

Las angustias de los padres frente a los procesos de los hijos

Los niños siguen sus propios procesos madurativos, similares pero cada uno a su ritmo. Los niños y los bebés son especialmente sensibles a captar el estado de ánimo de los padres ya reaccionar en formas diversas. A menudo, su respuesta tiene que ver con la angustia del entorno. Por eso es importante consultar al pediatra si detectamos alguna dificultad para no hacer una montaña de un grano de arena, y si existiera debemos procurar estar tranquilos para poder ayudar al bebé en su crecimiento.

En el caso de observarse algún comportamiento disfuncional es importante la valoración por parte de los profesionales especializados, para así descartar o bien detectar dificultades graves y poder intervenir de forma temprana. Un padre o una madre angustiados por su hijo probablemente modificarán su repertorio de actuaciones y vivencias respecto a su bebé. Por lo tanto, también es importante poder ser escuchados e informados de forma adecuada por los profesionales especializados. Así pues, si detecta alguna dificultad en el desarrollo de su hijo el primer paso es consultar al pediatra, enfermeras pediátricas o maestros, todos ellos son conocedores de señales de alarma en el desarrollo y os resolverán cualquier duda que tenga.

Señales de alarma que nos deben alertar a partir de los 3 meses:

  • Ausencia de sonrisa social y no interacción con el cuidador.
  • Alteraciones graves en los hábitos básicos: alimentación, sueño (dificultades para succionar el pecho, no succión de los dedos pulgar, alteración del ciclo sueño-vigilia…).
  • Mirada fija o ausente, aislamiento. El bebé no sigue con la mirada o bien muestra una mirada evitativa.
  • Llanto apagado o inexpresivo.
  • Poca autorregulación del tono muscular (hipertonía y / o hipotonía) al intentar acogerlo con los brazos. Esto puede evolucionar hacia un rechazo a ser cogido.
  • Niño excesivamente bueno, fácil, que duerme mucho y que no reclama cuando se supone que debe tener hambre, por ejemplo.
  • Una vez alimentado no parece necesitar nada más, se duerme o se retrae aislándose
  • Movimientos extraños con los ojos o con la lengua dentro de la boca.
  • Falta de balbuceo, en la interacción con el otro. No imita los sonidos cuando el cuidador le habla.
  • Poca curiosidad por explorarse a sí mismo, al otro y en su entorno. No utiliza las manos para explorar, sólo para autoestimularse. Su exploración está restringida al propio cuerpo y tiene un repertorio también restringido de movimientos.
  • Sordera ficticia o hipersensibilidad a un ruido repentino (portazo, truenos…).
  • No hace gestos que demanden el otro (estirar los brazos para ser cogido) ni presenta gestos para señalar, pedir o compartir la atención con el otro sobre un objeto.
  • Ausencia de juego social imitativo como el de los “5 lobitos” o juegos de hacer aparecer y desaparecer.
  • Interés compulsivo por objetos insólitos, en general duros, por la sensación que producen.
  • Fijación por partes del cuerpo del otro como los ojos o la boca.
  • Gateo extraño y no coordinado.
  • Excitación constante.
  • Obsesión por alinear objetos, por las repeticiones y las secuencias.

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