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“Morir de pena” es una expresión que seguro has oído más de una vez. Esta es utilizada cuando una persona siente una tristeza tan grande que puede llegar a afectarle físicamente. Y esto es algo que, como veremos, puede llegar a suceder si no se toman las medidas adecuadas y no se afronta el problema debidamente.

La salud mental y la salud física están relacionadas

La tristeza es algo que, sin duda, puede ser devastador. Padecerla de forma intensa durante un largo periodo de tiempo puede llegar a desgastar mucho a la persona que la sufre, pudiendo llegar incluso a desembocar en la aparición de una enfermedad.

Y es que la salud mental está mucho más relacionada con la salud física de lo que en un principio nos pueda parecer. Así, muchos estudios han llegado a la conclusión de que el estado de tristeza profunda y la depresión pueden llegar a ocasionar problemas cardíacos.

Tanto es así, que se ha llegado a considerar la depresión como uno de los factores de riesgo para desarrollar una enfermedad cardíaca. De este modo, la respuesta a la pregunta que hacíamos sería afirmativa: sí, se puede morir de pena. Aunque esta afirmación, claro está, no es literal.

Uno de los términos acuñados por algunos profesionales de este ámbito es el del síndrome del corazón roto. Esto es llamado también miocardiopatía de Takotsubo o miocardiopatía inducida por estrés y hace referencia a una afección muscular del corazón tras un episodio de estrés emocional de elevada intensidad.

Sus síntomas son muy diversos y producen una sensación muy parecida al infarto, por lo que puede confundirse con este. En concreto, el síndrome del corazón roto produce un dolor fuerte en la zona del pecho, dificultad para respirar, hipotensión, arritmia e incluso desfallecimientos y colapsos en la persona afectada.

El riesgo real de fallecer debido a esta afección no es para nada elevado, pero sí que se puede complicar el episodio si se une con otro tipo de afección o si el paciente presenta hipotensión severa, disminución de la conciencia o edema pulmonar.

El estrés, uno de los peores enemigos de nuestra salud

El estrés es otro de los posibles causantes de que se dé este tipo de situación. Esto se produce porque una persona que padece depresión suele desarrollar también una serie de respuestas físicas, todas ellas asociadas al estrés.

Esto, además de alterar el ritmo cardíaco, conlleva otra serie de consecuencias que puede afectarnos a nivel físico. Por ejemplo, una mala alimentación o un mal procesamiento de los alimentos debido a la presencia de dicha situación de estrés pueden derivar en enfermedades más graves que nos hagan tener problemas de salud.

Como consecuencia, se producen problemas digestivos asociados a los nervios. Estos pueden llegar a ser graves y limitar la calidad de vida de la persona también a nivel físico, produciendo enfermedades asociadas al aparato digestivo.

De hecho, cuando una persona se encuentra atravesando una depresión profunda, el sistema inmunológico funciona peor y eso es algo que también influye en que su salud se deteriore más rápidamente. No obstante, esto no tiene por qué derivar en la muerte del paciente, pero sí que es un factor de riesgo.

Factores emocionales

Más allá de las consecuencias físicas que tiene atravesar una situación emocional traumática de cualquier tipo, existe otra serie de reacciones por parte de la persona afectada que pueden llevar a que se produzca un fatal desenlace.

La incapacidad para afrontar este problema y la falta del apoyo psicológico adecuado pueden conducir a la persona a que deje de luchar por superar su malestar. Esto puede producir, incluso, que el afectado sopese la idea de poner fin a su propia vida.

Si bien es un tema tabú en muchos ámbitos, está demostrado que hablar abiertamente sobre el tema ayuda a que la persona encuentre la comprensión que necesita. Más allá de eso, es fundamental contar con apoyo médico y psicológico.

La ayuda a personas con estos problemas puede suponer un punto de inflexión muy importante en el proceso de superación. Como personas que estamos cerca de ellas, el papel que debemos asumir es el de acompañar y escucharles, hacerles entender que no están solos en ese proceso.

Esto es fundamental ante una realidad en la que el afectado no consigue ver el camino de la superación. Sin embargo, sí que está demostrado que dicho apoyo es de vital importancia en casos en los que una persona se encuentra en un estado de depresión grave.

En definitiva, morir de pena es una situación que, si bien no es algo que pueda suceder fácilmente, sí que puede darse el caso de que una persona llegue a desarrollar una enfermedad que se agrave debido a las reacciones que el organismo tenga ante un hecho traumático.

¿Se puede morir de pena?
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