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Las relaciones inmaduras son muy frecuentes. Este tipo de vínculo se da entre personas de todas las edades, ya que hay quienes no saben cómo afrontar una relación de forma madura. Si miramos a nuestro alrededor, veremos que estamos rodeados de ellas. Te contamos cómo detectarlas y, sobre todo, cómo evitarlas.

¿Cómo saber si tenemos una relación inmadura?

Antes de nada, es importante detectar si la relación que tenemos es de verdad una relación madura o no. Esto es algo que a muchas personas les cuesta detectar, ya que están acostumbrados a convivir con una serie de hábitos insanos.


Con esto nos referimos a cuestiones tales como los celos, uno de los grandes males de muchas parejas. También lo es el exceso de dependencia hacia la otra persona, lo cual genera inseguridad y otros muchos problemas en ella.

Para detectar si tenemos una relación inmadura hay otros muchos aspectos que debemos tener en cuenta. Uno de ellos es que una o las dos personas que componen la pareja inmadura suelen ser egocéntricas. Esto se traduce en que no se piensa en las necesidades de la pareja, sino que solo se tienen en cuenta las necesidades propias.

La falta de confianza y los celos están también muy presentes en este tipo de relaciones. De este modo, la otra persona siente una necesidad de control y posesión que hará que se entrometa en la intimidad del otro.

Ejemplos claros son revisar mensajes de móviles o continuas llamadas y mensajes para saber dónde está el otro. Esto genera por lo tanto una necesidad de control sobre la otra persona que puede resultar muy nociva.

Otra de las características comunes en una relación inmadura es que no saben resolver sus problemas. Las personas inmaduras no saben controlar sus emociones, de forma que ante un problema reaccionan gritando, llorando y culpando al otro de su malestar.

La comunicación es una de las grandes asignaturas pendientes en este tipo de relación. Los miembros de ella son incapaces de comunicarse de manera adecuada y no son capaces de hablar de forma constructiva, sino que mantienen una actitud destructiva consigo mismos y con la otra persona.

Por otro lado, está la inseguridad de una o ambas partes. Esto se traduce en que las personas impiden el desarrollo de sus parejas para conseguir así que no evolucionen, ya que esto les genera un gran miedo. De este modo sienten que tienen el dominio de la relación y mantienen el control de ella.

Cómo establecer una relación madura

Apostar por tener una relación madura implica tomar conciencia de las actitudes nocivas que nosotros mismos podemos tener. También es necesario detectar estos malos hábitos en la otra persona para ser capaces de decir no a las conductas inmaduras.

En primer lugar, hay que saber que en una relación madura tenemos que tener en cuenta las necesidades del otro y esforzarnos por entenderlas. Hay que tener, por lo tanto, cierta empatía y ponernos en el lugar del otro para entender sus necesidades.

Otra cuestión importantísima es la confianza. En el seno de una relación sana debemos evitar tener el control de la vida del otro para sentirnos seguros. Hay que trabajar, por lo tanto, en la seguridad en nosotros mismos para evitar caer en estas actitudes nocivas.

Asimismo, deberemos apoyar a la otra persona para que avance en su vida personal y profesional en lugar de entorpecerla. Hay que celebrar sus logros y convertirnos en compañeros de calidad.

En este sentido, es importante trabajar en nuestra propia independencia y en tener unos objetivos propios. Así respetaremos el espacio personal del otro y tendremos nuestras propias motivaciones. Esto genera una actitud positiva que se trasladará a la pareja.

También es importante entender que las relaciones atraviesan distintas etapas. Por ello hay que esforzarse por mantener el amor a lo largo del tiempo y no abandonar a la primera de cambio. Una pareja es un proyecto a largo plazo que requiere de implicación por ambas partes.

Por supuesto, es importante hacer planes de futuro en el que se incluya el uno al otro. Al fin y al cabo, nuestra pareja es la persona con la que iniciamos un proyecto de vida propio y que, si todo va bien y conseguimos un vínculo sano, será con quien formemos nuestra propia familia.

Por lo tanto, es importante que nos centremos en cuidar todos los aspectos de la relación para evitar que derive en un elemento tóxico y que nos haga daño. Esta es una apuesta segura, ya que la felicidad en el seno de la pareja depende de que ambos se sientan cómodos, cuidados y valorados por la otra persona.

En definitiva, antes de comenzar una relación debemos asegurarnos de estar preparados para hacerlo de forma sana. Así evitaremos meternos en relaciones inmaduras que acaben fracasando y haciéndonos daño.

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