El hombre ocioso sólo se ocupa en matar el tiempo, sin ver que el tiempo es quien lo mata. Voltaire

El análisis del ocio tiene una doble complejidad, por un lado; la forma como cada quién lo practica y por otro, el concepto que se tiene del mismo.

El concepto de ocio, tiene también una función polisémica (poli – muchos, semia – significado). Para unos es trabajo y para otros es diversión (ocio lúdico), de la misma forma alguien ocioso consume drogas o come en exceso (ocio negativo), o incluso su tiempo de ocio lo dedica a estar con los amigos (ocio social) o para pintar un cuadro o tomar fotos (ocio creativo). Una más es la paradoja de sentir placer practicando conductas de ocio que tienen una gratificación inmediata cuyo resultado es una mejora en la salud y otras que gradualmente la deterioran a pesar de sentir placer y una calma relativa.

Una mirada rápida a la definición del ocio

Existen muchas definiciones de ocio unas relacionadas con: el tiempo libre (Wikipedia, 2016), la cesación del trabajo, inacción o total omisión de la actividad, diversión u ocupación o descanso (Real Academia Española, 2016), el conjunto de operaciones a las que el individuo puede dedicarse voluntariamente o su participación social o su libre capacidad creadora (Dumazedier,1968).

De esta manera el ocio se relaciona con una multiplicidad de tareas. También, existen dos grandes clasificaciones para entenderlo:

  • Ocio Negativo: consumo de drogas, consumo de comida en exceso, apuestas o cualquier acción que daña la salud o no aporta desarrollo o crecimiento personal.
  • Ocio Positivo: convivir con la familia o amigos, realizar alguna actividad que beneficie la salud, crear un ambiente personal y social para desarrollar nuevas habilidades o reforzar las que ya se tienen e incluso hacer amigos, contactos y negocios en las redes sociales.

El ocio y las neurociencias

Si experimentamos un estado de ocio positivo o negativo al cerebro no le importa, tener una situación de bienestar y desafortunadamente le da lo mismo si el placer está relacionado con el sexo, la cocaína o la convivencia familiar. Sin embargo, cada una de ellas traerá consecuencias positivas o negativas no solo a nuestra salud, sino también afectará a las personas a nuestro alrededor.

Las llamadas vías de recompensa del cerebro son áreas relacionadas con la experiencia del placer. Los pensamientos pueden activarlas o algunos estímulos como saber que experimentaremos alguna actividad interpretada como placentera (expectativa de la felicidad). Formándose un circulo adictivo, nos gusta hacer o experimentar algunas actividades y justo como experimentamos placer, nos gusta realizar esas actividades.

Las cosas que nos gustan y disfrutamos generan placer, la expectativa del placer genera placer y cuando consumimos alguna sustancia para sentirnos bien, el cerebro está a la espera de la misma, sino la tenemos nos produce displacer y el llamado síndrome de abstinencia, sino tenemos lo que nos gusta y por conseguir ese estímulo externo las personas son capaces de hacer cosas extremas como robar o matar en el caso de cuando una conducta de ocio se convierte en una relación adictiva.

Una explicación biológica y evolutiva

El psicólogo evolucionista Dr. Doug Lisle, explica a través de lo que llama triada motivacional como nos atrapa el consumo de comida, y curiosamente es el mismo mecanismo de cómo puede atraparnos las conductas adictivas, así como las de ocio en lo positivo y en lo negativo. Lisle señala, “tenemos mecanismos biológicos dados por nuestra naturaleza para poder sobrevivir y pasar los genes de una generación a otra: en primer lugar, buscamos como motivación el placer y describe, hay dos cosas que generan eso: la comida y el sexo, los otros dos pilares uno es evitar el dolor y el otro hacer todo con el mínimo esfuerzo” (Forks over knive, 2013).

 ¿El ocio entonces es bueno o malo para la salud?

En el ocio nos gustan todas aquellas cosas que nos generan placer (sea bueno o malo), evitamos el dolor (al menos de forma temporal) y dado que nos gustan el ocio (bueno o malo) lo hacemos invirtiendo el mínimo esfuerzo, justo porque nos gusta. Sin embargo, el costo a corto o largo plazo en nuestras conductas de ocio tiene un precio.

A corto plazo se disfrutan, todas aquellas cosas que nos generan placer pues enciende los circuitos cerebrales especializados en ello, y los mensajeros químicos como la dopamina, hormona del placer y la oxitocina, hormona de la paz, la relación y el descanso.

La oxitocina, neutraliza a la hormona del estrés (cortisol) creando un circulo de salud y bienestar, se le conoce como el sistema de calma y relación.

Dicho sistema funciona de forma más eficiente cuando está el cuerpo en reposo y ayuda al cuerpo a crecer y a sanar.  La habilidad para aprender y resolver problemas aumenta cuando no estamos bajo la presión del estrés. Aunque los niveles de oxitocina dependen, naturalmente, de una pluralidad de factores en cada individuo, como por ejemplo la herencia y la calidad de vida, los resultados revelan que a mayor nivel de oxitocina en la sangre, más intensa es la sensación de calma y hay más ausencia de estrés (Uvnäs, 2009)

Realizar actividades tales como: la meditación, la yoga, el tai chi, hacer ejercicio, un masaje, orar, la creación y el mantenimiento de vínculos entre las personas, el contacto afectuoso, el sexo, la lactancia, la alimentación, tomar el sol, tener pensamientos positivos y muchos más, son generadores de oxitocina en el ocio positivo. Incluso podemos tener cierta calma en forma temporal cuando consumimos drogas, la gran diferencia es saber que en el ocio positivo dicha hormona es producida de forma interna y en el ocio negativo proviene de un químico que cuando entra al cuerpo nos da un cierto placer, una cierta euforia y una cierta paz, que solo se tiene con el consumo de la sustancia que en general es tóxica, adictiva y enferma tarde o temprano al organismo.

Necesitamos calma y contacto, no sólo para evitar la enfermedad, sino también para disfrutar la vida y prácticamente todas las actividades del ocio positivo nos ayudan a lograr este cometido.

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Juan Antonio Barrera Méndez

Psicólogo egresado por la Universidad Autónoma Metropolitana con una trayectoria de 20 años en terapia e investigación. Especialista certificado en terapias de aplicación de Campo Electromagnético que favorecen el equilibrio entre el cuerpo y la mente. Director y Fundador de Atención y Tratamiento Psicológico

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