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Prevenir la demencia

Contenido

Introducción

Multitud de familias, desgraciadamente, se topan con la realidad de las demencias cuando la patata caliente ya ha explotado en su cara o cuando está a punto de estallar. Vivimos en una sociedad que por regla general se dedica a apagar incendios en lugar de dedicar tiempo y recursos en la planificación y en el diseño de cortafuegos. Con otras palabras; curamos pero no prevenimos.

Somos expertos en preocuparnos cuando aparece un problema y tratamos de hacer todo lo que está en nuestra mano para atajarlo de raíz. ¿Qué pasa cuando la situación que se nos presenta es de naturaleza crónica? ¿y si además en la gran mayoría de las ocasiones es degenerativa? ¿por qué no nos esforzamos en adelantarnos al problema y en tratar de poner todo de nuestra parte para prevenirlo?

Quizás no lo hacemos porque estamos preocupados en otros asuntos “más importantes” ya que consideramos que esa amenaza concreta todavía no está presente. Quizás no lo hacemos por desinformación. Quizás no lo hacemos porque nos aferramos al tranquilizador mensaje de “a mí eso no me va a pasar”. Cada uno tendrá sus razones.

Con este breve artículo quiero acercar un material que considero de gran utilidad a cualquier lector que quiera conocer cuáles son las medidas de prevención primaria más estudiadas en las demencias. Pero antes de continuar, me veo en la obligación de responder brevemente a la siguiente pregunta.

¿Qué es una demencia?

Todavía hay mucha gente que desconoce realmente en qué consiste una demencia. Pues bien, para tratar de acercaros al término de una forma clara y accesible, he escogido una definición que aporta, en España, la guía clínica especializada en la materia que publica el Ministerio de Sanidad:

“La demencia es un síndrome –generalmente de naturaleza crónica o progresiva– caracterizado por el deterioro de la función cognitiva (es decir, la capacidad para procesar el pensamiento) más allá de lo que podría considerarse una consecuencia del envejecimiento normal. La demencia afecta a la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio. La conciencia no se ve afectada. El deterioro de la función cognitiva suele ir acompañado, y en ocasiones es precedido, por el deterioro del control emocional, el comportamiento social o la motivación.

La demencia es causada por diversas enfermedades y lesiones que afectan al cerebro de forma primaria o secundaria, como la enfermedad de Alzheimer o los accidentes cerebrovasculares.”

Cifras actuales

Todos nosotros, de una forma más o menos directa, hemos tenido contacto con las demencias. En el mundo entero hay unos 47 millones de personas (más que la población total de España) que padecen demencia, y cada año se registran aproximadamente 9,9 millones de nuevos casos, lo que supone un nuevo caso cada 3,2 segundos. Pero los datos no se quedan aquí, la OMS prevé que el número total de personas con demencia pase a cerca de 75 millones en 2030 y a casi el triple en 2050 (132 millones).

La enfermedad de Alzheimer, que es la causa de demencia más común y la más conocida por todos, acapara entre un 60% y un 70% de los casos. En España, la prevalencia de demencia en personas mayores de 60 años ya alcanza cotas del 6,3% según el informe de la OECD ‘Health at a Glance’.

Con estas cifras, la demencia se convierte en una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores en todo el mundo.

Medidas de prevención primaria

No pretendo asustar a nadie. Mi único objetivo es tratar de concienciar de todo aquello que, a día de hoy, está en nuestra mano para prevenir este síndrome. Para ello, es necesario conocer cuáles son los factores que están estrechamente ligados con la aparición y el desarrollo de este síndrome.

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A continuación expongo una lista que desglosa las medidas de prevención primaria que gozan de un mayor soporte científico y que recoge el Ministerio de Sanidad en su guía de práctica clínica:

  • Se recomienda una alimentación equilibrada basada en la dieta mediterránea (rica en Omega-3), con alimentos pobres en grasas saturadas y con alto contenido en vitaminas E y C. Por las características de la dieta mediterránea, se recomienda consumir pescado, verduras, frutas, frutos secos y grasas vegetales. Así mismo, se recomienda evitar alimentos muy calóricos, las grasas animales, las grasas saturadas así como la reducción de la ingesta de azúcar.
  • Se aconseja el consumo moderado de alcohol (menos de 2-3 unidades/día) en pacientes con hábitos de vida saludables. El vino tinto parece haber demostrado tener más efectos beneficiosos que el resto, por los efectos antioxidantes de los polifenoles de la uva, aunque en otros estudios, estos hallazgos no dependían del tipo de alcohol. En este punto, es conveniente señalar y dejar claro que el consumo excesivo o abusivo de alcohol supone un importante riesgo para la salud.
  • Fomentar el ejercicio físico moderado y evitar la obesidad.
  • Mantenerse mentalmente activo (desafía a tu cerebro cada día), cultivar las relaciones tanto sociales (forma parte de una red social activa) como recreativas u ociosas (bailar, pasear, jugar a las cartas, tocar música, leer una novela, escribir, hacer sudokus o puzzles, jugar al ajedrez…), evitar el aislamiento y la soledad.
  • Controlar los factores de riesgo cardiovascular: hipertensión arterial (aunque no todos los estudios han demostrado que el tratamiento antihipertensivo disminuya el riesgo de demencia), dislipemia, diabetes mellitus, evitar el tabaquismo y reducir el estrés.
  • Prevenir los traumatismos craneales, usando medidas de seguridad y/o de protección adecuadas.
  • Prevenir y tratar enfermedades que produzcan potencialmente demencia: hipotiroidismo, abuso crónico de alcohol, VIH, sífilis, encefalitis herpética, etc.
  • Tratar con aspirina u otros antiagregantes a sujetos con enfermedad cerebrovascular previa, aunque existen estudios contradictorios en relación al posible efecto beneficioso de la aspirina en la prevención primaria de la demencia.
  • No aconsejar vasodilatadores cerebrales, porque sus beneficios clínicos no son significativos.
  • Uso racional de los fármacos, evitando, siempre que sea posible, aquellos que tengan potencial toxicidad cognitiva. Ejemplos de fármacos utilizados con regularidad y que tienen toxicidad cognitiva: anticolinérgicos, antidepresivos tricíclicos, litio, bezodiazepinas, neurolépticos, propanolol, metildopa, clonidina, reserpina, metoclopramida, cimetidina, antihistamínicos, antiinflamatorios no esteroideos, digoxina, corticoides, barbitúricos, hidantoínas, ácido valproico, metotrexato, bismuto.
  • El uso de la terapia hormonal sustitutiva en mujeres post- menopáusicas no se recomienda como medida de prevención primaria de las demencias, al haberse demostrado que existe un incremento del riesgo relativo de padecer demencia con su utilización.

Si prevenimos mejor, curaremos más tarde o quizás nunca tengamos que hacerlo. Piensa sobre ello y no dejes nunca de invirtir en salud. Ahora ya tienes la información, sólo te falta poner en práctica el refrán de “prevenir es mejor que curar”.

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Jose Salido Botas

Licenciado en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela y Máster en Psicología Clínica, Legal y Forense por la Universidad Complutense de Madrid. Experto en Mediación Familiar por la Universidad Camilo José Cela. Acreditado como Psicólogo General Sanitario por la Consejería de Sanidad de la Xunta de Galicia.

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