Chica adolescente duerme

Una de las características más destacables en los adolescentes es su dificultad para levantarse temprano. Por otro lado, también suelen acostarse tarde. Muchos padres asignan este tipo de conducta a que sus hijos son muy dormilones y no hay quien los levante. Sin embargo, la investigación científica está demostrando que este tipo de comportamiento se debe a ciertos factores biológicos de los adolescentes.

Incluso, como veremos a lo largo del artículo, algunos investigadores proponen que el horario de entrada al instituto debería pasar de las 08:00 o las 09:00 a las 10:30 para un mejor rendimiento académico. Es interesante observar cómo el ser humano cambia a medida que pasan los años y el desconocimiento que todavía existe sobre ello. Así pues, en este artículo se tratará un tema que arrojará luz sobre este comportamiento adolescente, hasta ahora, achacado al «pasotismo» o desinterés por levantarse temprano.


Levantarse temprano y los ritmos circadianos

Al parecer, los ritmos circadianos en los adolescentes son diferentes al de los adultos. Pero, ¿que son los ritmos circadianos? Se trata del sistema interno para adaptarnos al ciclo vigilia-sueño. El día dura 24 horas. El ritmo interno del ser humano es dormir de noche y estar despierto de día. A medida que llega la noche comenzamos a tener sueño y a medida que amanece vamos despertando poco a poco.

«Haría cualquier cosa por recuperar la juventud… excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad».

-Oscar Wilde-

Como define John Pinel (2013) «nuestros ciclos circadianos se mantienen en su programa de 24 horas mediante claves que proporciona el ambiente. La clave más importante para la regulación de los ritmos circadianos en mamíferos es el ciclo diario de luz y oscuridad». El ritmo circadiano de cada individuo se conoce como «cronotipo» y a pesar de que en muchos pueda ser parecido, todos tenemos el nuestro. Sin embargo, el cronotipo se trata del ritmo circadiano endógeno de cada uno, es decir, sin referentes ni obligaciones externas. Por ejemplo, ¿cuánto dormiríamos si no tuviéramos que madrugar?

Según el equipo de Till Roenneberg (2004), el cronotipo depende de factores genéticos, ambientales pero también de la edad. Los autores afirman que «los niños poseen cronotipos tempranos y progresivamente se retrasan durante su desarrollo, alcanzando un máximo al rededor de los 20 años. Después de los 20 vuelven a ser más tempraneros a medida que aumenta la edad». Los autores reflejan que los ritmos circadianos en los adolescentes les provoca que les cueste más madrugar. Sin embargo, a los 20 años vuelven a un ritmo más temprano, por ello, los autores también proponen esta edad como el final de la adolescencia y la entrada en la adultez temprana.

Levantarse temprano y rendimiento académico

En la sociedad actual tenemos bastante interiorizado que los horarios escolares empiecen entre las 08:00 o 09:00 de la mañana. Sin embargo, diversas investigaciones evidencian que para los adolescentes este horario es antiproducente. Por lo que defienden que retrasar la hora de entrada conllevaría numerosos beneficios. Por ejemplo, el equipo de Guadagni (2014) segura que la falta de sueño se asocia con que los adolescentes sean lectores menos perceptivos de las emociones humanas.

El equipo de Paul Kelley (2017) asegura que «retrasar el horario escolar para que esté mejor alineado con el sueño de los adolescentes y los patrones del cronotipo es práctico y beneficioso. Después de cambiar la hora de inicio de las clases a las 10:00, se redujeron las tasas de ausencia debido a enfermedad en estudiantes de 13 a 16 años, y el rendimiento académico de los estudiantes de 14 a 16 mejoró significativamente«. Por otro lado, los autores añaden que «cuando la hora de inicio en la escuela volvió a ser a las 08:50, se eliminaron estos beneficios».

Otras investigaciones han demostrado que el cambio de horario también conlleva beneficios en la salud general, en la duración en calidad del sueño, en la salud mental y el desarrollo social (Minges y Redeker, 2016). Por otro lado, el equipo de Möller-Levet (2013) asegura que la pérdida de dos o más horas de sueño debido al inicio temprano de la escuela puede acarrear un peligro potencial para la salud mental. Los autores afirman que se «puede poner en riesgo a las personas con predisposición genética a una enfermedad mental dado que se han establecido vínculos directos entre el sueño de 6 horas o menos y la expresión genética». 

Conclusión

La adolescencia es una etapa en la que se producen numerosos cambios tanto a nivel físico, mental, social y en otras áreas importantes del individuo. Por una parte, el entorno social y la educación es importante. Sin embargo, en ocasiones, los adultos desconocen el funcionamiento interno del adolescente y esto puede provocar algunos desencuentros. Por ejemplo, es una época en la que el chico o la chica comienza a crearse una forma de ser, lo que puede levantar disputas con los padres.

«Los jóvenes de hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida y le faltan al respeto a sus maestros». 

-Sócrates-

Todos buscamos nuestro hueco en el mundo y en una sociedad cada vez más exigente. En este aspecto, la adolescencia no es una época fácil, aunque así lo parezca. En este artículo se refleja algo que muchos saben pero que pocos conocen: la razón científica y biológica que se esconde detrás del porqué les cuesta tanto levantarse temprano a los adolescentes. De esta forma, el mito de que los adolescentes se levantan tarde porque son unos perezosos queda relegado a un asunto biológico; sus ritmos circadianos son diferentes.

Bibliografía

  • Kelley P., Lockley, S., Kelley, J. y Evans M. (2017). Is 8:30 a.m. Still too early to start school? A 10:00 a.m. School star time improves health and performance of students aged 13-16. Frontiers in Human Neuroscience, 11.
  • Minges, K., and Redeker, N. (2016). Delayed school start times and adolescent sleep: a systematic review of the experimental evidence. Sleep Medicine Reviews, 28, 82–91.
  • Möller-Levet, C., Archer, S., Bucca, G., y cols. (2013). Effects of insufficient sleep on circadian rhythmicity and expression amplitude of the human blood transcriptome. Proceedings of the National Academy of Sciences, 110, 1132–1141.
  • Guadagni, V., Burles, F., Ferrara, M., y Iaria, G. (2014). The effects of sleep deprivation on emotional empathy. Journal of Sleep Research, 23, 657–663.
  • Pinel, J. (2013). Biopsicología. Madrid: Pearson.
  • Roenneberg, T., Kuehnle, T, Pramstaller, P. y cols. (2004). A maker for the end of adolescence. Current Biology, 14 (24), 1038-1039.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here