Las redes sociales son una fuente inagotable de información. A través de ellas llegan a nosotros innumerables vídeos en los que podemos ver cómo un grupo de personas agraden a otro sólo por ser homosexual, extranjero o de otro color de piel. Se trata de grabaciones  desagradables en las que se puede apreciar de forma clara tanto racismo, como xenofobia y homofobia. La cuestión que inquieta a mucha gente es, ¿por qué se producen este tipo de acontecimientos? ¿Qué lleva a alguien a gritar, pegar e incluso acabar con la vida de otra persona sólo por no ser igual?

En este artículo se abordará el tema de la intolerancia desde una emoción básica como es el asco. Poco se habla de esta emoción. En la literatura científica existen escritos sobre el asco, sin embargo, en comparación con otras emociones, el contenido es mucho menor. El asco, en su aspecto cultural, es una vía para explicar la razón por la que existen actitudes como el racismo, la xenofobia y la homofobia. ¡Profundicemos!


Asco

Alberto Acosta, catedrático de la Universidad de Granada, afirma que el asco «surge en circunstancias en las que se ha ingerido algo tóxico o se está cerca de ello. Se trata de una reacción emocional muy adaptativa e incrustada fuertemente en nuestro repertorio biológico». Se trata de una emoción primaria, esto es, surge de forma natural y automática en el ser humano. De este modo, su objetivo es alejarnos de los alimentos en mal estado para no intoxicarnos.

Así pues, su principal función es mantenernos con vida. Se trata de una emoción funcional relacionada con la supervivencia de la especie. El asco nos lleva a no comer una manzana podrida o a no tomar una plato de comida maloliente. A través de esta emoción desciframos la toxicidad del alimento y no lo ingerimos. Sin embargo, existe otro tipo de asco: el cultural.

Racismo, cultura y asco

A pesar del componente biológico que posee la emoción del asco, también se caracteriza por un aspecto cultural. Cada cultura es diferente, por ejemplo, mientras en algunos países se comen caracoles, en otros resultan de lo más desagradables. Lo mismo ocurre con los insectos. Este asco cultural también se extiende a ideologías. Entre diferentes países pueden existir diferencias que les sumerjan en conflictos de forma continua. Aunque tenemos ejemplos más cercanos, como la rivalidad en el mundo del fútbol.

rechazo racismo

Bonifacio Sandín, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), afirma que «el asco se extiende con la evolución cultural a una forma de comunicar el rechazo hacia una amplia gama de cosas que la cultura considera ofensivas, incluyendo ciertos tipos de violaciones morales hacia otros«. Si desde pequeños nos han enseñado que la homosexualidad es algo negativo, posiblemente en nuestra edad adulta, desarrollemos este prejuicio sustentando en el asco. Un asco sustentado sobre la toxicidad de esta orientación sexual.

Del mismo modo ocurre con el racismo y la xenofobia. Gente de piel diferente a la nuestra puede ser vista como «contaminante» de nuestro bienestar. Religiones diferentes a la nuestra, pueden ser calificadas como tóxicas para nuestras creencias. El aspecto tóxico y repulsivo que se esconde detrás de este rechazo a lo diferente, es el asco, en este caso, el asco cultural. Es necesario no ver este asco como el asco biológico. Sino como elementos que pensamos que pueden perjudicar nuestro bienestar y que pueden contaminar nuestra zona de confort.

Racismo, homofobia y xenofobia

La definición de racismo expuesta por José Fernando Troyano (2010) sirve para ilustrar los tres conceptos del título de este apartado. Troyano afirma que «los comportamientos racistas precisan determinada forma de relación con el otro, no sólo de su presencia. Las actitudes se activan con la presencia del otro. Las ideas solo necesitan del conocimiento (cierto o falso) del otro (real o imaginario)«. La última frase de su definición es de gran importancia, ya que remarca que el conocimiento que posee alguien racista puede ser falso y además, el otro no tiene porque estar presente.

¿Qué significa esto? Si desde pequeños nos educan en cualquiera de estos tres tipos de intolerancia, en nuestra base ideológica sólo existirá un conocimiento teórico transmitido por nuestro entorno. Así pues, podría ser un conocimiento falso porque no lo hemos experimentado. Si escuchamos que gente de determinada nacionalidad suelen provocar altercados públicos, posiblemente nuestra intolerancia hacia ciertas nacionalidades se vuelva elevada. Por otro lado, es posible que nuestro conocimiento sea real. Somos testigos de un atentado por parte de un colectivo determinado. ¿Significa que todos los que pertenecen a este colectivo son terroristas? Obviamente no.

De esta forma, observamos que aunque el conocimiento sea cierto, tendemos a generalizar. También es importante el aspecto de que el otro sea real o imaginario. Ya no sólo se producen actos intolerantes hacia otros de forma física, sino que se llevan a cabo aunque no estén. Por ejemplo, mensajes de odio en las redes sociales, discursos de difamación en contra de determinado pensamiento. La presencia de alguien no es necesaria para surjan contenidos racistas, homófobos o xenófobos.

Bibliografía

  • Acosta, A. (2007). Psicología de la emoción. Granada: Ediciones Sider S.C
  • Troyano, J. (2010). El racismo. Consideraciones sobre su definición conceptual y operativa. Revista Internacional de Estudios Migratorios.

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