Las rabietas son aquellos estados en que el niño sufre un berrinche y se ofusca expresando su ira, rabia y oposición. Puede acompañarse de agitación e incluso insultos y gestos de agresividad. Pueden considerarse normales hasta aproximadamente los 3 o 4 años de edad.

Comprender las rabietas

La mayoría de veces las rabietas son una expresión de las frustraciones de los niños y son, en definitiva, la forma que tienen de expresar su infelicidad, ya que a estas edades no poseen todavía el desarrollo mental apto para razonar correctamente lo que les pasa ni un lenguaje suficientemente avanzado como para ser capaces de traducir en palabras su malestar y enfado, o para expresar sus deseos de una forma más funcional.

Durante los dos primeros años de vida del bebé, la infelicidad de los niños tiene dos orígenes principales: el temor de perder el afecto y el amor de los padres, y su sentimiento de impotencia ante la disonancia entre sus ideas y sus habilidades para llevarlas a cabo. Del mismo modo, su falta de habilidad para comunicar lo que desean en un momento dado con su exiguo lenguaje, también puede ponerles coléricos.

Las rabietas de los niños, aunque se originen a causa de una prohibición o regaño, suelen acabar siendo verdaderos estados de ansiedad generalizados. No es extraño comprobar que, una vez desencadenado el berrinche o rabieta si le concedemos aquello que reclama tan desesperadamente, ya no sirve para lograr calmar su desasosiego. Y cuanto más pequeño es el niño más fácil será que, en su estado de desesperación, desorganice totalmente su persona y olvide el motivo que le ha llevado a dicho estado. O lo que es lo mismo, los más pequeños tienen mayores posibilidades de que, lo que al principio era un simple enfado, acabe siendo una pataleta furiosa y desorganizada.

Habitualmente los adultos pensamos que las rabietas en los niños son una expresión de capricho o antojo y la convertimos en un pulso frente a nuestras peticiones u órdenes. Es entonces frecuente escuchar frases como “mamá no te querrá” o “haces el ridículo, qué van a pensar de ti”. Y con estas palabras reforzamos los miedos y las angustias del pequeño, así como su disgusto por no ser autosuficiente.

Cómo manejar las rabietas

Como ya hemos visto, los niños no siempre saben expresarse todo lo bien que desearíamos y además poseen la cualidad de ponernos a prueba continuamente, logrando que nos desesperemos, pero hay que tener en cuenta que no lo hacen con intención de fastidiar, simplemente es su forma de expresar su infelicidad en ese momento.

Cuando tu hijo coja una de estas tan temidas rabietas puedes seguir estos consejos:

Asegúrate que no se hace daño

En primer lugar trata de mantenerlo seguro, pues en estos arranques de rabia puede llegar a golpearse, romper cosas, dar patadas, arañar… así que trata de mantenerlo alejado de objetos que le puedan causar heridas y mantenlo todo lo más a salvo posible.

Conserva la calma

Aunque te parezca una tarea casi imposible, somos los adultos los que debemos dar ejemplo ante los niños manteniendo el control. Si nos enzarzamos en una discusión sin fin sobre quién tiene la razón o quién puede gritar más, nos pondremos a su mismo nivel, dejándonos llevar por los impulsos. Además, si lo haces, probablemente prolongarás la pataleta pues en cuanto empiece a calmarse se dará cuenta del tono airado de tu voz y comenzará de nuevo.

No intentes hacerlo entrar en razón

Mientras esté en plena rabieta, un niño es incapaz de escuchar y mucho menos de razonar, no llegarás a ninguna parte intentándolo.

Háblale con seguridad y mirándolo a los ojos

Con los niños lo mejor siempre es hablarles manteniendo el contacto visual, es la manera en que se centran más y logran mantener la atención. Para ello debemos acuclillarnos o sentarnos para ponernos a su altura, encontrando una postura corporal firme. Con esta misma firmeza, pero siempre manteniendo el respeto y sin utilizar el maltrato físico o psicológico, lo tomaremos de los hombros y lo miraremos fijamente a los ojos hasta que el pequeño nos corresponda la mirada. Esta será la señal en que ha llegado el momento de hablar con él.

Espera a que se tranquilice solo

Si después de intentar hablar con él no logras ningún resultado, lo que debes hacer es dejar que el niño se desahogue. Puedes decirle que mientras mantenga esta actitud te mantendrás alejado hasta que se calme. Entonces nos alejaremos un poco del pequeño simulando indiferencia, pero sin perderlo de vista.

No le recompenses ni le castigues por una rabieta

El mensaje que debes transmitir al niño es que estas rabietas son terribles para él, pero no logran cambiar nada: ni consiguen su objetivo, ni los castigamos severamente. Si tiene una rabieta porque quiere ver la televisión, no cambies de opinión y dejes que la vea después de que se haya calmado. De la misma forma, si ibas a dar un paseo antes de que tuviera la rabieta, debes seguir con el plan, tan pronto como se calme. Él debe entender que no sirven para absolutamente nada.

No temas las rabietas en público

Lo que más temen los padres es que se produzcan rabietas en lugares públicos, pero no debes dejar que tu hijo sienta esta preocupación. Si dudas en llevarlo a la tienda para evitar que monte una escena porque quiere un juguete, o si lo tratas de forma especialmente cuidadosa cuando vienen visitas por si provoca una pataleta, se dará cuenta de lo que está pasando. Una vez que tu hijo se dé cuenta de que sus rabietas tienen un efecto en tu comportamiento, es probable que aprenda a utilizarlos en su beneficio y entre en un estado de rabietas semi-deliberadas típicas de niños más mayores cuyas rabietas no se han logrado manejar con eficacia.

Pasa página

Cuando por fin haya pasado la tormenta, poneros a otra cosa y sobretodo no remuevas más las aguas. Aunque todavía estemos con la rabia del mal rato que nos ha hecho pasar, en el momento en el que deje la rabieta le acogemos y damos por zanjado el asunto sin hacer más comentarios sobre lo que ha ocurrido.

Temperamento y educación

Debemos tener en cuenta que el hecho de hacer más o menos pataletas también depende en parte del temperamento del niño. Existen bebés que siempre han sido especialmente llorones y difíciles de calmar, que pueden tener más rabietas entre los 2 y los 4 años.

Si nunca hemos ignorado el comportamiento disruptivo del niño durante las rabietas, es posible que estas aumenten en intensidad y frecuencia tras empezar a hacerlo, por fortuna siempre estamos a tiempo de cambiar nuestro comportamiento y pararlas si no nos dejamos dominar por los nervios.

La actitud de los padres debe ser siempre tranquila y firme. Si durante la rabieta los niños ven que flaqueamos, esta durará más.

Aunque las pataletas pueden parecer eternas, debemos saber que el desgaste físico y emocional de los niños es tan grande que no suelen durar más de media hora, y disminuyen a 5 o 10 minutos si mantenemos siempre nuestra actitud de serenidad y firmeza.

Es importante que todas las personas del entorno (padres, abuelos, tíos…) que cuidan del pequeño sigan las mismas normas y no hayan discordancias, de lo contrario el niño tendrá a qué aferrarse para perpetuar su comportamiento.

 

Rabietas y pataletas: por qué se originan y cómo manejarlas
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