Rabia

La rabia es una enfermedad infecciosa viral que ha sido reconocida desde hace milenios por su rápida evolución e increíbles manifestaciones clínicas. Es transmitida por vectores animales mamíferos de sangre caliente como: murciélagos, perros, gatos, mapaches, zorrillos y hasta por humanos.

El virus de la Rabia pertenece al género de los Lyssavirus del grupo Rhabdoviridae y su estructura está formada por ARN en forma de bala que se transmite en un 90% por medio de la mordida de un animal vector (que puede que sea solo portador del virus) a través de la saliva.


Una forma característica y poco común de transmisión es por medio de la inhalación del virus, que se da cuando el paciente se encuentra en zonas con muchos murciélagos concentrados.

Rabia: El desarrollo de la enfermedad

El desarrollo de la enfermedad comienza con la inoculación del virus, que ingresa por la mordida vía intramuscular.

El virus comienza a replicarse localmente hasta llegar a una unión neuromuscular, donde va a comenzar la infección del sistema nervioso al unirse a los receptores acetilcolínicos.

Una vez aquí, el virus viaja por los nervios periféricos aferentes (sensitivos) en sentido ascendente de forma centrífuga.

Se desplaza hasta alcanzar la médula espinal y finalmente asciende hasta llegar al encéfalo. Cuando la infección llega a las neuronas cerebrales comienzan a aparecer los síntomas clínicos en el paciente.

Por último, la infección termina cuando empieza a propagarse por nervios sensitivos del Sistema Nervioso Central (SNC) a otros tejidos del Sistema Nervioso Autónomo (SNA): Glándulas salivales, corazón, piel y suprarrenales.

Comúnmente el periodo de incubación de la rabia es entre 20 a 90 días desde la exposición pero también puede ser desde unos cuantos días hasta más de un año. Esta variabilidad se debe a que depende de la cantidad de virus inoculado y la velocidad de replicación del mismo hasta llegar al SNC.

Fases de la enfermedad de la rabia

El cuadro clínico consta de 3 fases características

  • La fase prodrómica
  • Fase neurológica
  • Finalmente, el estado de coma

La fase prodrómica

La fase prodrómica tiene una duración de 2 a 10 días y es el comienzo de la etapa clínica con la aparición gradual de los síntomas generales de la infección.

Es relativamente inespecífica y entre sus signos están: fiebre, cefalea, malestar general, náusea y vómitos.

En la mayoría de casos, aparecen síntomas neurológicos: parestesias, dolor o prurito en el área de la infección (signos patognómicos de la patología). Se mantiene la conciencia con cierta presencia de ansiedad/agitación.

La fase neurológica

La fase neurológica tiene una duración de 2 a 7 días más y está compuesta por dos variaciones: La rabia encefalítica (80% de los casos) y la rabia paralítica (20% de casos). 

  • La rabia encefalítica, también conocida como la etapa excitatatoria, presenta: pulso acelerado, agresividad, alucinaciones, aumento de la actividad del SNA: priapismo, piloerección, hipersialorrea (aumento de secreción salival, “espuma”), etc.
    • Hay lapsos de lucidez y convulsiones, estos lapsos son cada vez más cortos entre sí. Fallas en el tallo encefálico provocan un signo característico de este tipo de rabia: la hidrofobia aerofobia, porque hay espasmos dolorosos e involuntarios de todos los músculos de la deglución/respiración  que provocan en el paciente un rechazo a beber agua por temor a sufrir las consecuencias.
    • El paciente puede tornarse muy agresivo, con los ojos hinchados, rojizos y con hipersialorrea, ofreciendo una imagen temible. Si en uno de los episodios de agresividad muerde a otros, puede llegar a transmitir la enfermedad.
  • La rabia paralítica es menos drástica que la encefálica, pero puede durar más. Está más asociada por la transmisión por murciélagos que por perros. La médula espinal está más afectada que el cerebro, por consiguiente, hay síntomas distintos. Las manifestaciones consisten en la debilidad muscular más parálisis gradual y ascendente de los músculos esqueléticos hasta llegar al músculo cardíaco y la muerte.

Fase de coma

Finalmente, la afección al sistema nervioso es tan importante, que el infectado entra en coma y muere, en muchos casos, tras una agonía terrible, como es el en caso de la rabia encefálica.

Tratamiento de la rabia

El tratamiento comienza con profilaxis, esto es de suma importancia ya que se cree que la correcta higiene de la herida puede evitar en un 90% el desarrollo de la patología.

La herida se debe lavar con agua y jabón, alcohol y cloruro de benzalconio. Finalmente, se procede a vacunar al paciente con vacunas de células diploides humanas (HDCV) que contienen al virus inactivo con beta propriolactona.

Actualmente, es la que causa menores reacciones secundarias y alergénicas. La administración se da en 6 dosis en los días 0, 3, 7, 14, 30 y 90 después de la exposición.

La mitad de la dosis se administra en el lugar de la herida y la otra mitad es por vía intramuscular (por la lenta liberación). Afortunadamente, si hay la correcta prevención, control y tratamiento de la enfermedad tienen un pronóstico muy favorable.

Comentarios finales

La principal importancia de conocer ésta enfermedad es que, a pesar de ya no ser tan común en países desarrollados, se debe tener en cuenta cuando ha habido contacto con cualquier animal de dudosa procedencia ya que si no se provee un tratamiento preventivo contra la rabia desde el principio de la exposición, es muy difícil combatirla.

Una vez que la infección presenta manifestaciones es porque el SNC está infectado. Cuando esto sucede ya no hay nada que hacer, el paciente muere en el lapso de 15 días más o menos.

Referencias

Peña-Herrera, B. y Marcial, P. (2018) Neurociencias: Etiología del daño cerebral. Samborondón: Universidad Espíritu Santo – Ecuador.



Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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