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Una actitud se ha definido como la asociación entre un objeto y su evaluación.

A qué nos referimos cuando hablamos de actitud

Siempre que hablamos de actitud, necesitamos un objeto (material, idea, colectivo, objeto social…) hacia el que dirigir nuestra actitud: objeto actitudinal.

Cuando coloquialmente decimos “no me gusta la actitud de esta persona” nos referimos a un conjunto de comportamientos de esa persona.

Las actitudes pueden ser de varios tipos: favorables/desfavorables, positivas/negativas (mucho/poco…) y esta dicotomía es la evaluación que hacemos de un objeto en concreto. Siempre realizamos una evaluación entre el sujeto y el objeto, y entonces le damos un vínculo de forma subjetiva. La evaluación es lo que buscamos con nuestro trabajo.

Estructura de las actitudes

  1. Cognitivo
  2. Afectivo, emocional
  3. Conductual, comportamental

1. Cognitivo

Se refiere al cómo y qué conocemos de ese objeto, a partir de creencias, valores, esquemas experiencias, ideas/ideologías, opiniones, como definimos el objeto. Ej. Qué es para mí el alcohol, que creo que es consumir mucho o poco alcohol.

2. Afectivo

Se refiere a qué sentimos ante ese objeto: bien, mal, indiferente…

3. Conductual

No se refiere a cómo me comporto ante el objeto, sino qué tendencia tengo a comportarme ante el objeto.

Por ejemplo, una actitud desfavorable hacia el alcohol propiciará que la persona tienda a no beber alcohol, esto no quiere decir que no beba nunca. Tampoco implica que si beba haya cambiado su actitud negativa por una favorable.

El estudio de Lapierre (1934) “actitud hacia personas de raza china”, demostró que la actitud no se correspondía con el comportamiento. Si bien la pareja de chino fue aceptada en prácticamente todos los hoteles y restaurantes, en el cuestionario en un 90% aproximadamente respondieron que no los aceptarían en su establecimiento (un cuestionario anónimo con una alta muestra bien planteado y con ítems válidos, no tiene porque implicar que la gente mienta porque no son amenazadores).

Un factor clave que puede hacer variar la actitud y el comportamiento, es la presión social.

La actitud hacia un objeto conocido está más consolidada y es más resistente al cambio que si es un objeto desconocido.

Cuando se pregunta “qué haces” estás preguntando actitud, no comportamiento. Para valorar la actitud se debe preguntar “qué harías”.

No tiene por qué existir concordancia entre actitud y comportamiento, aunque normalmente existe, ya que si no se produce desequilibrio y aparecería la disonancia cognitiva: falta de concordancia entre actitud y comportamiento.

Un ejemplo claro de manejo del comportamiento es la publicidad, ya que trabaja con las actitudes, no con el comportamiento.

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Funciones de las actitudes

  1. De conocimiento. Las actitudes pueden actuar como esquemas o filtros cognitivos. Un prejuicio hacia una cierta cultura, puede bloquear el conocimiento de aspectos positivos que tengan sus componentes, por eso no hemos de quedarnos con la “primera impresión”. En ocasiones para medir las actitudes se pueden presentar al sujeto situaciones hipotéticas para ver como las actitudes que tiene filtran la adquisición de conocimientos nuevos.
  2. De adaptación. Las actitudes nos permiten adaptarnos e integrarnos en los grupos sociales. Para poder pertenecer a un grupo, debemos pensar y hacer todo lo más parecido posible a las características del grupo.
  3. Egodefensiva. Podemos desarrollar actitudes para defendernos ante determinados objetos. Ante objetos que percibimos amenazantes, desarrollamos actitudes negativas para preservar el Yo. Ejemplo: ”el profesor me tiene manía” es una frase como defensa ante mi incapacidad o irresponsabilidad.
  4. Expresiva. Las actitudes nos permiten mostrar a los otros nuestra identidad (qué somos y como somos). Se define “valor” como el conjunto de actitudes ante un objeto.

Relación entre actitud y conducta

No tiene por qué existir relación entre actitud y conducta, pero si que existe coherencia entre los componentes de la actitud.

Ejemplo: es imposible sentir rechazo hacia algo y pensar que es lo mejor que me ha pasado.

Dentro de la relación entre actitud y conducta, hay que tener en cuenta:

  1. Compatibilidad
  2. Accesibilidad

1. Compatibilidad actitudinal

Cuando vamos a medir actitudes, no podemos formular enunciados muy concretos o muy abstractos cuando lo que se quiere medir es muy general o muy concreto, en este orden. Si lo que se estudia es la emancipación (concepto abstracto), no puede preguntarse: “a qué edad crees que deben emanciparse las personas”, porque es un concepto concreto.

Ejemplo: Actitudes de unas personas por ej: mujeres entre 18 y 35 años, podré prever la actitud hacia los anticonceptivos orales, o sea que sea coherente con la conducta de tomarlos.

Si la actitud no se mide delante del objeto, la relación actitud-conducta baja. Pero si se plantea delante del objeto la relación aumenta.

2. Accesibilidad

Una actitud muy accesible es aquella que está muy consolidada o muy clara. Esto significa que la actitud se ha ido conformando porque la persona conoce muy bien el objeto, no es ambivalente para ella. Hay mucha coherencia entre las actitudes accesibles y el comportamiento.

Hay que tener en cuenta que las actitudes accesibles son muy difíciles de modificar porque están muy consolidadas. Sabremos que las actitudes son muy accesibles porque la persona tardará muy poco tiempo en contestar el cuestionario, o sea, la latencia de respuesta es mínima. Se puede tener una actitud muy accesible y no asumir posiciones radicales.

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