Qué es la autocompasión y por qué es tan importante practicarla

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Imagina que un amigo te cuenta, con gran decepción, que ha fallado en una entrevista de trabajo muy importante, una entrevista para la que llevaba mucho tiempo preparándose pero que ha errado por culpa de los nervios. ¿Qué crees que le dirías? Seguramente que no fuera muy duro consigo mismo y que seguro que en un futuro lo conseguirá. O bien que a cualquier persona puede haberle ocurrido y que su valía personal es mayor que una entrevista. ¿Qué crees que te dirías a ti mismo/a si quien hubiera fallado esa importante entrevista fueras tú? A lo mejor pasarías días o semanas repasando cada fallo, enfadado/a y decepcionado/a contigo mismo y con un gran sentimiento de frustración. ¿Por qué somos comprensivos con los demás, pero tan duros con nosotros mismos?

¿Por qué necesitamos autocompasión?

Estamos acostumbrados a autoexigirnos un nivel de perfección tan irreal que nos resulta difícil tratarnos con indulgencia y comprensión. Esto es algo que solemos hacer normalmente cuando reconfortamos a otras personas que tienen problemas, pero que pocas veces hacemos con nosotros mismos. Tendemos a castigarnos cuando nuestras circunstancias no son satisfactorias y a culparnos por cada error cometido, aunque sean errores comunes.



Practicar la autocompasión es beneficiosa psicológica y emocionalmente. Consigue que nuestra ansiedad disminuya y que nuestra autoestima aumente, así como que consigamos lidiar mejor con los problemas. Se trata de dejar de castigarnos y ser amables con nosotros mismos. De comprender que somos humanos y que errar forma parte de nuestro aprendizaje. Esto consigue disminuir los sentimientos negativos que desembocan en estados graves como la depresión.

Cómo practicar la autocompasión

Para practicar la autocompasión no basta con proponérselo, también hay que entrenar. Para ello existen tres componentes principales que deben ser tenidos en cuenta para conseguir este estado beneficioso:

  • Practicar la bondad con uno mismo: Se trata de entrenarnos para ser amables con nosotros mismos incluso cuando más tendemos a criticarnos. Por ejemplo, cuando tenemos un problema solemos pensar cosas como “por qué me ocurre esto a mí, todos los demás son felices menos yo”. Este tipo de pensamiento negativo es una distorsión cognitiva que hace que lo veamos todo desde una perspectiva poco realista y autocrítica. ¿Y si cambiamos este tipo de afirmaciones automáticas por otras como “todos fallamos de vez en cuando”? Esto puede conseguirse con técnicas como la reestructuración cognitiva, que se basa en cambiar los patrones de pensamientos disfuncionales y automáticos por otros más realistas y beneficiosos.
  • Enfrentar el problema: Evitar o esconder los problemas consigue que nos sintamos impotentes ante las circunstancias y nos culpemos a largo plazo de hechos a los que no nos atrevemos a enfrentarnos. Algunos expertos afirman que practicar la atención plena o el mindfulness consigue que las personas se focalicen en el aquí y el ahora y dejen de evitar aquello que les preocupa.
  • Reconocer nuestras imperfecciones: Vivimos en una sociedad competitiva en la a veces parece que se espera que demos el 100% en todo lo que hacemos. Esto puede estar tan instaurado en nuestro comportamiento que finalmente somos nosotros mismos los que nos autoexigimos la perfección absoluta. Algo que es completamente irrealizable. Ser conscientes de ello y aceptar nuestras limitaciones nos permite relajarnos y sentirnos bien con nosotros mismos incluso siendo imperfectos.

No confundir la autocompasión sana con el victimismo

La autocompasión, como muchas otras maniobras psicológicas de defensa, puede tener dos caras. Por un lado, existe un tipo de autocompasión con tendencia al victimismo que puede llegar a boicotear los sentimientos positivos y la perspectiva realista de las personas. Se trata una actitud constante y prolongada en el tiempo en la que las personas culpan a cualquier factor externo sin buscar nunca su propia responsabilidad en los problemas y sin tratar de solucionarlos, sintiéndose una víctima de las circunstancias y mirando al mundo con impotencia. Este tipo de autocompasión puede ser muy perjudicial para la autoestima y el bienestar de algunas personas, por lo que, de presentarse, puede ser necesario trabajar en ella.

Por otro lado, encontramos una autocompasión necesaria, sana y que debemos practicar para nuestro bienestar. Se trata de un acto de cuidado hacia nosotros mismos, de una actitud comprensiva que nos hace superar dificultades con respeto y cariño personal. Una forma de combatir los sentimientos de culpa, frustración y bloqueo emocional debido a una tendencia a buscar un perfeccionismo casi irrealizable.

Enlaces de interés

The Power of Self-Compassion. Jason Marsh. https://greatergood.berkeley.edu/article/item/the_power_of_self_compassion/success.

Give Yourself a Break: The Power of Self-Compassion. Serena Chen. https://hbr.org/2018/09/give-yourself-a-break-the-power-of-self-compassion.

4 ways to boost your self-compassion. https://www.health.harvard.edu/mental-health/4-ways-to-boost-your-self-compassion

How Self-Compassion Helps You Cope With the Ups and Downs of Life. Sherri Gordon. https://www.verywellmind.com/how-to-develop-self-compassion-4158290

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