El efecto Zeigarnik

El efecto Zeigarnik

El efecto Zeigarnik es uno de tantos fenómenos psicológicos que nos acompañan diariamente y de los que no somos plenamente conscientes. Creo que para facilitar su comprensión, lo más adecuado es explicarlo a través de un ejemplo.

Imaginemos que trabajamos de camareros y que acabamos de servir a una mesa todo lo que han solicitado. Nos piden la cuenta y les cobramos de inmediato. En nuestra cabeza, hemos cerrado automáticamente nuestro compromiso con esa mesa. Instantes más tarde, llegan nuevos clientes al local y piden algunos refrescos y algo para picar. Nos acercamos a la barra y en ese momento, si nos concediésemos unos segundos para pensar, nos acordamos mucho mejor de aquellos pedidos que todavía no hemos servido o cobrado, que de los que acabamos de despachar.

En otras palabras, este camarero recuerda mejor todas las tareas no finalizadas o inconclusas (lo que todavía tiene que hacer), sin embargo, parece que ha olvidado repentinamente todo lo que había servido y cobrado momentos antes. Hemos archivado esa información en el cajón de “tareas finalizadas” y las olvidamos rápidamente ya que, dejan de ser relevantes para nuestro desempeño inmediato. Además, somos seres con un sistema de procesamiento limitado, por lo que necesitamos ahorrar recursos cognitivos. Para esto, debemos perder información que ya no nos resulta útil para poder dar cabida a otra que pueda llegar a serlo. Es una cuestión de espacio y de eficiencia.

La situación que hemos expuesto no es una mera casualidad. En el experimento original, llevado a cabo en un café Austriaco por Bluma Zeigárnik (1927), es dónde se obtienen las conclusiones que permiten explicar y dar nombre a este fenómeno. Simplificando y resumiendo los resultados, la autora observó que un camarero era capaz de recordar fácilmente una lista de pedidos pendientes, y que sin embargo, tenía gran dificultad en recordar los platos que acaba de servir y los servicios que ya había cobrado.

¿Qué pasa si aplicamos esto a la vida cotidiana?

Hemos expuesto que todas aquellas tareas que no hemos acabado se recuerdan mejor que las finalizadas. Una tarea inconclusa genera una tensión o impulso de meta que nos lleva a conservarla fresca en nuestra cabeza para tener mayor facilidad en recordarla y por lo tanto, en realizarla. Este recurso, al que parece que no podemos acceder conscientemente, podemos utilizarlo en nuestro favor cuando tengamos que priorizar entre muchas tareas y no dispongamos del tiempo suficiente para realizarlas.

Por lo tanto, del experimento extraemos que es mejor empezar una tarea y dejarla “a medias”, que no iniciarla. Es la propia sensación de tener una tarea incompleta o inconclusa la que nos va a llevar a intentar paliar, a través de la acción, la ansiedad que esto nos genera. Por lo cual, sólo reduciremos esta tensión finalizando aquello que ya hemos comenzado.

¿Por qué nos cuesta tanto dejar a medias la misión de un videojuego? ¿Por qué no solemos dejar de leer un libro por la mitad de un capítulo? ¿Qué pasa cuando al final de una película vemos la palabra: <<continuará…>>?

Generalmente, el ser humano se lleva mal con la incertidumbre, con todo aquello que no controlamos. No nos gusta dejar algo a medias en ningún contexto. Cuando empezamos algo, tenemos un mayor o menor impulso que nos dirige a acabar eso en lo que estamos embarcados. Toda actividad que genere una sensación permanente de interrupción se queda grabada a fuego en nuestra cabeza, y haremos lo posible para completarla. Lo que ya hemos finalizado, en cambio, lo olvidamos irremediablemente rápido.

Esa sensación que tenemos cuando acabamos la segunda temporada de nuestra serie favorita y sabemos que aún quedan unos meses para que se estrene la tercera. Esas ganas de que se emita el próximo capítulo lo antes posible para resolver nuestras dudas sobre la trama, eso es el efecto Zeigarnik.

Recomendación práctica para los procrastinadores: para evitar la postergación de tareas importantes es más eficaz/productivo algo tan simple como comenzarlas, aunque no podamos completarlas, que posponerlas.

¿Qué es el efecto Zeigarnik?
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Jose Salido Botas
Licenciado en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela y Máster en Psicología Clínica, Legal y Forense por la Universidad Complutense de Madrid. Experto en Mediación Familiar por la Universidad Camilo José Cela. Acreditado como Psicólogo General Sanitario por la Consejería de Sanidad de la Xunta de Galicia.