“Los ojos de los demás son nuestras cárceles, sus pensamientos nuestras jaulas.Virginia Woolf

Imagina que vas con un amigo andando por el centro de la ciudad, buscando tu cafetería de siempre. Tras cruzar una esquina, encuentras una nueva cafetería que sirve un café similar, pero cuya puerta está llena de una enorme cola de gente. Automáticamente, tu amigo se apunta a la cola y tú le sigues. “¿Qué hacemos aquí?” Preguntas. “No lo sé, pero si hay tanta gente será que este café es mejor.”

La conducta que acabamos de describir es un claro ejemplo del efecto bandwagon, también conocido como “efecto manada” o el “efecto de la moda”.

¿Qué es el Efecto Bandwagon?

El efecto bandwagon, es una teoría psicológica según la cual los individuos adoptan ideas o conductas por el mero hecho de que una gran mayoría de personas lo han hecho previamente, a pesar de que estas decisiones choquen con sus propias creencias o razonamientos.

Este sesgo cognitivo puede manifestarse a diario en áreas como la del comportamiento de consumo, la moda o la política. Un claro ejemplo de ello es la tendencia individual que existe a la hora de cambiar el voto hacia aquellos candidatos electorales que puntúan más alto en las encuestas, para sentir que nos encontramos en el “lado ganador”.

efecto-bandwagon

El concepto “efecto bandwagon” comenzó a usarse durante el siglo XIX en los Estados Unidos, haciendo alusión a la atracción que provocaban los candidatos electorales que usaban carrozas llenas de música y diversión en desfiles callejeros y que hacían a la gente literalmente “subirse al carro”. (Bandwagon, traducido al castellano: carro).

¿Por qué sucede el Efecto Bandwagon?

El efecto que las normas grupales tienen en cada uno de nosotros ejerce una presión contra la que es difícil luchar. La necesidad de formar parte del grupo hace que nuestra conducta se adapte a sus tendencias con el objetivo de ser aceptados y no quedarnos al margen.

Todos queremos pertenecer al grupo de los “ganadores”, sabemos que es difícil ser el extraño en una sociedad demandante y luchamos contra las implicaciones que esto supondría, adoptando conductas que, aunque puedan estar lejos de nuestros valores y hasta de nuestro razonamiento, nos hacen más fácil la adaptación al grupo.

El vídeo enlazado, muestra un claro ejemplo de cómo la presión grupal puede ejercer tal influencia en nuestras decisiones. Es el famoso experimento de Asch, diseñado para estudiar hasta qué punto podemos dejarnos llevar por la opinión de otros, antes que por la nuestra.

En este clásico experimento, un grupo de personas debía decidir algo tan simple como qué línea de entre varias presentadas poseía el mismo tamaño que una línea original. El problema surgía cuando los participantes observaban como el resto del grupo daba una respuesta errónea por unanimidad. De lo que el participante no era consciente es de que el resto del grupo estaba constituido por actores que trataban de confundirlo aportando una respuesta incorrecta.

Los resultados son un claro ejemplo del poder de la presión grupal: al menos el 75% de los participantes elegía la respuesta incorrecta que el resto del grupo había elegido, a pesar de la obviedad del error.

¿A quiénes afecta el efecto bandwagon?

Nadie está exento de verse afectado por el efecto bandwagon, incluso aquellos que conscientemente trabajan por mantener un modo de vida independiente, terminan adoptando actitudes diarias que podrían decirse influenciadas por el efecto grupal.

Imaginemos que vamos a una frutería en la cual venden dos tipos de fresas y son tan parecidas que no sabemos por cuál de las dos decidir. Una cola enorme de gente va haciendo sus compras eligiendo siempre el mismo tipo de fresa. Lo más probable es que cuando nuestro turno llegue, optemos por el producto que todo el mundo está eligiendo, aunque no sepamos exactamente por qué razón lo hacen.

¿Qué problemas puede generar el efecto bandwagon para el individuo?

Esta forma de actuar tiene ciertas consecuencias positivas para nuestra supervivencia grupal y puede relacionarse con conceptos como la prudencia y la adaptabilidad, pero en ocasiones, la presión grupal puede llevarnos a cometer actos y decisiones poco razonables, que incluso pueden chocar con nuestro razonamiento más básico.

Desde tomar malas decisiones económicas o poco éticas, hasta llevar a cabo formas de vida poco saludables, por ejemplo, dejándonos llevar por las modas de la estética o de dietas imposibles, las consecuencias del efecto bandwagon también pueden ocasionar problemas serios en la calidad de vida de las personas.

Pero es tan fácil “subirse al carro” como “bajar de él” y esto es de hecho lo que hace que las modas suelan durar poco y sean tan cambiantes. Es importante comenzar a preguntarnos a nosotros mismos por qué actuamos tal y como lo hacemos y si existe una influencia ajena que pueda estar llevándonos a adoptar conductas poco razonables. Si la respuesta es que sí, es el momento de empezar a trabajar para fortalecer nuestra independencia y conseguir crear un criterio propio basado en valores más beneficiosos.

Qué es el Efecto Manada o Efecto Bandwagon
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