adolescentes-fumando

La importancia de las amistades

Los amigos de nuestros hijos les sirven para establecer vínculos más allá del ámbito familiar y les permiten identificarse con un grupo de iguales que están experimentando vivencias similares.

Pero a veces nos preguntamos si este grupo en realidad ayuda a nuestro hijo a hacerse mayor de forma saludable, o bien, se trata de un modelo de identificación inapropiado. En el peor de los casos, nuestro hijo puede rodearse de amistades poco sanas que lo manipulan, la humillan o inducen a conductas antisociales o autodestructivas, como pueden ser el consumo de alcohol, drogas, o haciendo pequeños actos de delincuencia.

Qué implica hacerse mayor

En el proceso madurativo de nuestros hijos llega un momento en que se da un cierto distanciamiento en nuestras vidas, al menos, así lo sentimos los padres. Los niños y niñas dejan de necesitarnos casi por todo y nosotros dejamos de ser los modelos y referencias obligadas. Ellos deben terminar de construir su personalidad y definir su identidad, y esto lo deben hacer en gran medida por su cuenta. En este viaje tendrá una importancia capital el grupo de amigos, los cuales pasan a constituirse en compañeros de ruta. Los chicos y chicas deben ponerse a prueba, deben experimentar sus deseos y conocer sus límites, lo que conlleva un riesgo y la oportunidad de crecer y fortalecer su personalidad.

Cuando las cosas van mal

El proceso madurativo presenta altibajos, y no siempre se cumple la fórmula de “si mi hijo está mentalmente sano y no ha tenido problemas en la niñez tendrá amigos y amigas sanos en la adolescencia”, lo cierto es que pueden haber sorpresas, puede que algo se haya estropeado y  no se haya percibido con anterioridad. En estos casos, los padres no debemos culpabilizarnos ni intentar buscar aquello en lo que fallamos, tenemos que seguir adelante e intentar ayudarles de la mejor manera posible. En otros casos no hay sorpresas; una familia desestructurada, una infancia vivida traumáticamente, una educación aberrante o inexistente, un trastorno infantil de difícil tratamiento y otras circunstancias del pasado lo llevarán con facilidad al joven en busca de relaciones poco saludables.

adolescente-fuma

La presión del grupo

Nuestros hijos, sobretodo en la etapa de la adolescencia, están sometidos a una indiscutible presión de grupo, y se necesita mucha fuerza de voluntad, habilidades sociales y seguridad personal para decir “no” cuando es necesario, para no verse implicado en situaciones y actuaciones de las que luego cuesta volver atrás. Y no es ésta la única presión que soportan los jóvenes: las nuevas tendencias sociales, la incertidumbre de futuro y la crisis de valores no ayudan a que nuestros hijos e hijas encuentren amistades sanas en su trayectoria vital.

¿Qué podemos hacer los padres?

Lo primero de todo es no cortar las vías de comunicación, debemos hacerles partícipes de nuestras actividades y decisiones, respetando su silencio y su intimidad, valorando sus éxitos, interesándonos por sus proyectos, escuchando sus opiniones y críticas, censurando sus conductas negativas, pero no a ellos mismos.

No descalifiquemos a sus amigos, intentemos conocerlos y si es posible, también a sus padres, hagámosles entender que seguiremos a su lado cuando nos necesitan, sepamos pedir perdón cuando es necesario, y sobre todo, seamos el modelo de conducta que permanecerá en el su interior hasta que lo recupere para reorientar su vida.

Con todo esto no queremos decir que tengamos que ser padres perfectos y ejemplares, todos nos equivocamos y hay circunstancias en la vida que no podemos controlar, tan sólo tenemos que intentar conocerlos, amarlos y mantenernos a su lado, esperando que el destino les sea favorable.

¿Cuándo hay que pedir ayuda?

Si, a pesar de intentar comunicarnos con ellos y entender sus miedos y preocupaciones, persisten las señales de alerta: se aíslan o se vuelven irritables o violentos, se ausentan a menudo de casa o escuela, baja mucho su rendimiento escolar, se muestran muy pasivos y cansados ​​o demasiado activos y excitados, su estado de ánimo cambia radicalmente, y sospechamos que sus amistades lo están influyendo negativamente, entonces será necesario consultar con un especialista en salud mental infantil o juvenil.

En resumen

  • Hay que interesarse por sus cosas.
  • Saber escuchar, hablar y compartir experiencias.
  • Debemos aprender a confiar y apoyar. Así promoveremos su autonomía y reforzaremos su autoestima.
  • Es importante que seguimos transmitiendo valores, marcando límites y dando afecto.
  • Debemos tratar de no descalificar sus amigos, aunque no nos gusten.
  • Hay que censurar sus conductas negativas, no a ellos mismos.
  • Hemos controlar qué hacen nuestros hijos, pero desde el respeto y la distancia.
  • Tener mucha paciencia.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here