Esta frase se la he escuchado decir a muchos padres que vienen a la escuela para tratar las dificultades de sus hijos. En muchas ocasiones el niño no tenía más de 4 o 5 años. Muchos profesionales de la educación también se sienten impotentes y desorientados ante ciertas situaciones con muchos niños.

¿Qué está fallando en nuestra educación actual?

Nuestra educación actual carece de principios claros y de medios educativos apropiados. Reina la confusión. En pocas décadas hemos pasado de una educación autoritaria en la que el niño se veía obligado a obedecer a ciegas, a una antiautoritaria donde el niño “decide” (tiene libertad para decidir por si mismo). Muchos de los que fueron educados en el autoritarismo quisieron para sus hijos algo completamente diferente y, así, cayeron en el antiautoritarismo. Ahora se sienten impotentes y ven como los hijos se les van de las manos.

Padres y educadores necesitamos principios claros y métodos educativos apropiados. Según el filósofo y psicólogo profundo Walter Odermatt la educación en la infancia tiene como objetivo principal fomentar la independencia en el niño. La educación, además, tiene que ser integral. Esta educación integral tiene cuatro objetivos para la educación del carácter de un niño, así como unos medios educativos para alcanzar cada uno de ellos.

Los objetivos educativos en la formación del carácter son: el agradecimiento, el respeto, el gusto y el ahorro. Debemos enseñar a los niños a ser agradecidos. El agradecimiento no consiste sólo en dar las gracias. El agradecimiento consiste sobre todo en apreciar el valor de las cosas, diferenciando entre el valor exterior o material que algo o alguien tiene y su valor interior. Gracias al respeto, el niño es considerado ante todo lo que le rodea. Un niño así se comporta con cuidado y con tacto. A través de la educación en el gusto, el niño aprende no sólo a apreciar los diferentes sabores, sino también a diferenciar y valorar correctamente entre el arte, lo valioso, la cursilería y la basura. Por medio del ahorro, se enseña al niño a manejarse con poco, a alegrarse de lo que tiene y a apreciar el valor de conseguir las cosas por sí mismo.

Para lograr estos objetivos, la educación integral según Walter Odermatt nos ofrece cuatro medios: la instrucción, el ejemplo, la disciplina y el hábito. La instrucción es importante ya desde el principio. Al niño pequeño se le explican las cosas diciéndole siempre la verdad, empleando frases cortas en afirmativo y utilizando el lenguaje de adultos. Puede que algunas de estas explicaciones sólo con el tiempo las llegue a comprender. El ejemplo de los adultos, en especial de los padres, es decisivo para el niño. Los niños imitan en primer lugar a sus padres. Los educadores tenemos que ser un ejemplo vivo de lo que queremos que los niños aprendan. En caso contrario el niño vive un conflicto interior entre lo que se le dice y lo que ve. La disciplina como medio educativo consiste tanto en el elogio merecido y, ocasionalmente, el premio, como también la desaprobación oportuna y, en caso necesario, el castigo apropiado y conocido de antemano por el niño. Los hábitos se crean a través de la repetición. Los niños aman la repetición como lo vemos, por ejemplo, cuando una y otra vez escuchan con interés el mismo cuento. Aprovechemos esto y eduquémosles en hábitos que conduzcan a conseguir los fines educativos.

Padres y educadores debemos aspirar a educar a los niños para que sean independientes, agradecidos, respetuosos, ahorrativos y que tengan buen gusto. A través de la aplicación correcta, consecuente, rigurosa y a la vez bondadosa de la instrucción, el ejemplo, la disciplina y el hábito lograremos estos objetivos educativos, así como niños y familias felices.

Pilar Saldaña Duport
Maestra y psicóloga profunda

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