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A pesar de que cada día se habla más de la violencia de género, todavía hay muchas personas que no saben exactamente a qué se refiere esta forma de violencia o tienen una idea ligeramente equivocada al respecto.

Para comprender la gravedad de este tipo de violencia, el pasado año 2018, fueron 47 las víctimas mortales de la violencia machista en España. Por ello, es interesante realizar un análisis de este término para disipar cualquier duda.


¿Qué es la violencia de género?

La Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre hace referencia a la violencia de género como “el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”.

A su vez, en el Real Decreto-ley 9/2018, de 3 de agosto, de medidas urgentes para el desarrollo del Pacto de Estado contra la violencia de género, se define este tipo de violencia como “la manifestación más cruel de la desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres. Se trata de una violencia de naturaleza estructural que se dirige contra la mujer por el mismo hecho de serlo. Esta violencia menoscaba el disfrute de sus derechos humanos y libertades fundamentales y es un obstáculo para la plena realización de la igualdad entre mujeres y hombres”.

Por lo tanto, esta Ley y este Real Decreto ya nos dan una idea de que la violencia de género es un tipo de violencia ejercida por el hombre sobre la mujer por el mero hecho de ser mujer. Por lo tanto, estamos hablando de un tipo de violencia con una carga cultural determinante, ya que se da de forma sistémica, no de forma puntual, sino que existe un trasfondo de base educativa, cultural y social, llamado machismo.

La violencia de género engloba toda acción física, psicológica, sexual, simbólica, económica y social que se dé por parte de un hombre hacia una mujer, en el marco de una relación sentimental (presente o pasada).

¿Por qué los hombres no son incluidos dentro de la violencia de género?

Quienes aún no están familiarizados con esta forma de violencia se pueden hacer esta pregunta. No son pocas las personas que han manifestado su incomprensión por llevar a cabo una serie de actuaciones educativas, legales y penales para acabar con la violencia sobre la mujer. Sin embargo, convendría reflexionar acerca de la naturaleza estructural de este tipo de violencia.

Precisamente es el carácter estructural de esta violencia el que impide que los hombres puedan ser considerados como víctimas de violencia de género. La especificidad y el motivo de esta forma de violencia (del hombre sobre la mujer, por el mero hecho de ser mujer) hace del todo incompatible el que haya hombres que puedan ser incluidos en este tipo de violencia en calidad de víctimas, ya que es una violencia específica dirigida hacia la mujer.
Por ser una manifestación constante, frecuente, que se cobra muchas víctimas y ser considerada como una auténtica lacra social, la violencia de género tiene y ha de tener entidad propia, legal, política y socialmente.

¿Puede la Psicología luchar contra esta lacra?

La Psicología tiene poderosas armas para luchar contra esta lacra. Principalmente a través de dos vías: la educación y la intervención psicológica.

En materia de educación, es especialmente importante concienciar acerca de la importancia de la educación afectivo-sexual durante todas las etapas de la infancia y adolescencia. ¿Por qué es importante? En primer lugar, es importante en todas las etapas de la vida, pero si hay una etapa crítica es la de la infancia y sobre todo, la adolescencia, porque en esta época de nuestra vida, vivimos muchos cambios físicos, psicológicos y sociales que van a determinar quiénes vamos a ser en un futuro.

Incorporar intervenciones educativas en la infancia y adolescencia orientadas a promover la igualdad, los buenos tratos, las relaciones de pareja sanas y el respeto a la diversidad es crucial. De hecho, es aquí cuando este tipo de aprendizajes pueden ser incorporados por los chicos y chicas a sus esquemas mentales, a su forma de entender el mundo y la sociedad.

Si dicha labor es llevada a cabo por un psicólogo o una psicóloga, es muy importante que tenga formación en educación afectivo-sexual. La formación más recomendable para esta serie de intervenciones es la que proporciona la Sexología, ya que es una disciplina que estudia los sexos y todo lo que a ellos les rodea.

Por otro lado, las intervenciones psicológicas ante casos de violencia machista son muy importantes. Para comprender la importancia de estas intervenciones, hemos de saber que la violencia de género en la pareja se da de una forma cíclica.

El ciclo de la violencia de género

El ciclo de la violencia de género es precisamente lo que hace que a una mujer le cueste mucho el pedir ayuda y terminar con esta relación. Este ciclo tiene las siguientes fases:

  • Fase de tensión: El agresor empieza a acumular tensión y se empieza se dan episodios de desprecio o reacciones inesperadas por parte de la mujer y su intensidad se eleva de una forma progresiva.
  • Fase de explosión: En esta fase se dan una serie de conductas violentas ya sea físicamente, psicológicamente o de cualquier otro tipo, sobre la mujer.
  • Fase de luna de miel o arrepentimiento: El agresor muestra arrepentimiento, pide perdón, soliendo realizar la promesa de que cambiará y que lo que ha sucedido ha sido aislado o fruto de circunstancias ajenas a las agresiones e incluso a él mismo.

Durante la fase de explosión es cuando la mujer víctima de violencia de género suele pedir ayuda. Muchas mujeres no son conscientes de que están inmersas en este ciclo de violencia, por lo que la labor del psicólogo o la psicóloga es muy importante en este punto.
Reforzar la decisión de la mujer de acabar con la relación también es importante, y tiene el fin de disminuir la probabilidad de que se vuelva a entrar en el ciclo, máxime cuando la fase de explosión de la violencia es seguida de la fase de arrepentimiento, y es en esta fase donde muchas mujeres en situación de maltrato se plantean dar marcha atrás en su decisión de terminar con la relación, debido a que el maltratador realiza promesas de cambio, y puede llegar a darle a la mujer maltratada la suficiente esperanza como para creer que merece la pena darle una oportunidad.

La indefensión aprendida

La indefensión aprendida: un concepto clave en la violencia de género
Si existe un concepto psicológico que cobra especial importancia en la violencia de género es el de indefensión aprendida. La indefensión aprendida es un estado psicológico caracterizado por comportamientos pasivos basados en el convencimiento de que se haga lo que se haga, no se va a poder cambiar absolutamente nada de la situación. ¿Por qué este concepto está presente en la violencia de género? Porque los episodios de maltrato, especialmente en la fase de explosión, se dan independientemente de lo que haga la mujer. Con lo cual, la mujer aprende que, haga lo que haga, va a ser maltratada.

Cuando se vive esta indefensión aprendida, tu vida ya no es la misma, porque percibes que has perdido el control sobre ella o gran parte de ella. Este es uno de los motivos que hace difícil que las mujeres que sufren malos tratos pidan ayuda, porque una persona que siente que ha perdido el control de su vida difícilmente tendrá la fuerza y la motivación para acabar con la dinámica de maltrato.

Además, la autoestima queda muy mermada en estas situaciones. De hecho, las mujeres que sufren violencia machista pueden llegar a percibir su realidad de una forma tan diferente que optan por quedarse con él, aunque las maltrate. Tal es la alteración de la realidad debido a la pérdida de autoestima, que se suele pensar en no dejar al maltratador por temor a no encontrar a nadie mejor que él, e incluso por creer que no merecen a alguien mejor.



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