Personalidad improductiva

En los tiempos que corren, lo más importante para cualquier persona que participa o gestiona un negocio es la productividad. Hoy, hablamos de las excusas más habituales para no ser productivo, y cómo puedes hacerles frente.

No haré un buen trabajo

Una de las excusas más frecuentes para no hacer un trabajo (generalmente, uno que podría permitirte un ascenso) es que no serás capaz de hacer un buen trabajo. Seguramente hayas utilizado esta excusa, aunque no la hayas empleado directamente con tu jefe.

En muchas ocasiones, esta excusa se utiliza al llegar a casa y explicar a tu pareja que te han ofrecido un puesto de más responsabilidad, o cuando te han encargado un proyecto un poco más complicado que los anteriores.

Esta excusa es fácil de resolver: No tienes que hacer un buen trabajo.

¿Sorprendido? Evidentemente, tienes que hacer lo mejor que esté en tu mano, tan bien como puedas. Pero tus superiores ya cuentan con que la primera vez que haces un trabajo nuevo, no vas a hacerlo como alguien con diez años de experiencia.

Por lo tanto, la primera excusa queda desarmada.

No agradecerán mi aporte

Otra excusa bastante habitual es que no agradecerán tu aporte. Evidentemente, hablamos de los jefes. Y hablamos de situaciones en las que se te ocurre alguna idea que podría ser positiva para la empresa, pero que no está directamente relacionada con tu trabajo.

Por ejemplo, puedes estar trabajando en una máquina y detectar que, con un pequeño arreglo en la máquina, se puede aumentar la velocidad a la que trabaja la máquina (es un simple ejemplo, hay mil ejemplos más de este tipo).

Hay dos tipos de personas: Las que al acabar la jornada van al despacho del jefe y se lo explican, y los que no. Y, efectivamente, puede que no agradezcan tu aporte y no lo valoren. Eso no está en tu mano.

De hecho, puede que tu idea sea una mala idea. ¿Pero sabes qué es lo que sí agradecerán? Tu proactividad, y el hecho de que tengas interés en hacer mejorar la empresa. Así que no hay excusa aquí tampoco.

No saco ningún provecho directo

Este es uno de los grandes males en los países hispanos. Si no sacamos provecho directo, no hacemos nada. Y conviene cambiar el chip, porque la mayoría de los actos que nos generarán provecho, no lo generan de forma directa.

Si puedes hacer un trabajo que mejora la productividad de tu empresa (por ejemplo, dando ideas para mejorar un proceso productivo, como mencionaba antes), puede que no recibas nada directamente, pero la empresa será más productiva.

Y, cuando una empresa mejora su productividad, crece, puede aumentar salarios y contratar más gente. Por lo tanto, puede que esa actitud proactiva no te genere provecho en el momento, pero sí lo hará en el largo plazo.

Así que aquí tampoco hay excusa.

Ese no es mi trabajo

Esta excusa proviene de una falsa idea de lo que es una empresa. Muchos trabajadores conciben la empresa como un lugar donde uno es contratado para un trabajo y no debe salirse de ese trabajo, porque no le pagan por ello.

Es una idea de que la empresa está hecha para beneficiar al jefe y no a la totalidad de los trabajadores que participan en ella. Y esta idea es errónea.

Lo que es una empresa es un conjunto de personas colaborando para llevar hacia adelante un proyecto empresarial. El jefe y el trabajador están colaborando, y así debe entenderse para que una empresa funcione correctamente.

Por lo tanto, tu trabajo es cualquier trabajo que pueda mejorar la empresa, porque tu trabajo es que la empresa prospere. Debes actuar como si la empresa fuera tuya.

De hecho, Amancio Ortega, cuando empezaba con su imperio textil y solo tenía un par de tiendas, ya gestionaba la empresa como el jefe de todo. Pero si un día la cosa no iba al ritmo que debía, bajaba al taller a doblar camisas con los demás trabajadores.

Si el hombre más rico del mundo dejaba “su trabajo” para hacer algo que “no era su trabajo”, ¿cómo no vas a hacerlo tú? Aquí tampoco hay excusa.

Como puedes ver, existen multitud de excusas para ser improductivo o aplazar las tareas, y lo que hay que hacer es luchar contra ellas con tanta fuerza como sea posible. No hay excusa posible. Ir lamentándose por la oficina no es una opción.

 

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