Estudio sobre los recuerdos

Por lo visto los nombres son más difíciles de recordar que muchas otras cosas como por ejemplo los puestos de trabajo, los pasatiempos de las personas o los pueblos de origen.

De todos es conocido que los nombres de las personas son difíciles de recordar. Pero ahora sabemos que no sólo se trata de una impresión nuestra, pues se ha hecho una investigación sobre esto y los resultados sugieren que hay algo peculiar en los nombres propios, que los hace particularmente difíciles de recordar. De hecho, algunos investigadores dicen que los nombres que se ponen a las personas es lo más difícil de aprender de entre todas las palabras que oímos desde niños.

En un estudio reciente (Cohen & Faulkne, 1986) se dio a los participantes unos nombres y biografías para estudiar. Posteriormente se pusieron a prueba para ver qué podían recordar. A continuación están los porcentajes de recuerdo de las diferentes áreas de información:

Empleo: 69%
Hobbies: 68%
Ciudad de residencia: 62%
Nombres de pila: 31%
Apellidos: 30%

Como vemos, los nombres son más difíciles de recordar que el trabajo, las aficiones o el lugar donde se reside. Y por si fuera poco, a medida que envejecemos la mayoría de nosotros todavía empeoramos mucho más nuestra capacidad para recordar nombres propios.

Pero, ¿por qué?

a lo largo del tiempo se han propuesto todo tipo de teorías. Una es que muchos de nosotros tenemos los mismos nombres. La gente con nombres comunes como “Juan” y apellidos como “García” son más difíciles de recordar, ya que, en nuestra mente, un tal Juan García interfiere fácilmente con otro.

Otra causa estudiada para dar respuesta a este fenómeno es su característica fundamental, y es que los nombres propios son lo que algunos autores han definido como expresiones referenciales puras, es decir, que los nombres sólo designan a un individuo concreto pero no proporcionan ninguna información semántica adicional sobre la persona referida. De esto se deriva que son un tipo de palabras que no están sometidas a la posibilidad de hacer una categorización semántica como sucede con los nombres comunes que podemos clasificarlos en función de su contenido en distintos grupos (animales, alimentos, muebles etc., Griffin, 2010).

En otros trabajos se ha observado que sus peculiaridades fonológicas de los nombres de personas son muy amplias, ya que éstos presentan una mayor variedad y amplitud de combinaciones fonológicas que los nombres comunes. En ellos podemos encontrar combinaciones sumamente infrecuentes que no aparecen en otros tipos de palabras y con ello, el tamaño del grupo de los nombres de persona es mucho mayor que el de los nombres comunes. Este hallazgo incide en la dificultad de recuperar los nombres propios personales, ya que aunque tengamos cierta información fonológica sobre la palabra buscada, esta información activa muchos más candidatos posibles que en otro tipo de palabras.

Pero la explicación más popular en la investigación es que los nombres son esencialmente arbitrarios y sin sentido. Para la mayoría de nosotros nuestros nombres no ofrecen pista alguna acerca de nuestra apariencia, personalidad ni nada de nosotros, excepto quizás una edad aproximada, la etnia, la clase social, ya que hay unas modas y tendencias por países, culturas y épocas. Y si nuestros padres han sido o son celebridades, entonces puede que también tengan algún sentido especial (‘Moon Unit’, ‘Tu Morrow’ y ‘ Moxie Crimefighter’, ‘Cruz’, ‘Harper Seven’, ‘Apple’-sí, todos estos y muchos más son nombres reales de los hijos de celebridades-).

Así pues, el significado es la clave para no tener dificultades al recordar nombres. Por extraño que nos resulte, es más fácil de recordar que una persona trabaja como sastre, que si su apellido es en realidad Sastre. Quizás es porque estamos tan acostumbrados a la falta de asociación entre el nombre de una persona y lo que significa. ‘David’ tanto podría ser tan fácilmente un asesino en serie como un aparejador.

Es por eso que un truco muy común para recordar nombres, es esforzarnos para hacer algún tipo de asociación en nuestra mente. Por este mismo motivo, también es probablemente que la razón de la existencia de apodos es que se recuerdan mejor que los nombres dados, pues tienen más significado porque la gente a adquirir los rasgos o hechos particulares.

Así que la próxima vez que te enojes porque alguien ha olvidado tu nombre, no te preocupes, es perfectamente normal. Sólo sé amable y sigue recordándoles cuál es tu nombre.

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