El sistema inmunológico es el encargado de mantener y desarrollar en el momento preciso las defensas de nuestro cuerpo a agentes nocivos. En el funcionamiento de este sistema intervienen nuestros pensamientos.

El sistema inmunológico se encuentra vinculado con el cerebro, y los estados mentales del tipo de la esperanza o la desesperanza, afectan su funcionamiento. Los estados cerebrales afectan la totalidad del cuerpo.

Tanto emociones como pensamientos están en condiciones de afectar las enfermedades influyendo en ellas.

El cerebro y el sistema inmunológico no se conectan por medio de fibras nerviosas, sino a través de hormonas, esos mensajeros químicos que circulan con la sangre y pueden trasmitir estados emocionales de una a otra parte del cuerpo. Ha quedado ya perfectamente demostrado que cuando alguien se deprime su cerebro cambia.

El sistema inmunológico detecta por medio de las hormonas si la persona está deprimida, si es así reduce su funcionamiento.

El estado psicológico personal puede modificar la respuesta inmunológica. La tristeza, la depresión y el pesimismo pueden llegar a reducir la actividad del sistema inmunológico.

Es importante considerar también que el optimismo por sí solo, no puede remediar la depresión y la mala salud. Pero sí podemos colaborar a mejorar nuestra salud con un estilo de afrontamiento con pensamientos positivos. El punto de equilibrio estaría en tener un optimismo flexible, es decir considerar las probabilidades de que sucedan cosas buenas como no tan buenas. No darle mayor cantidad de probabilidad a lo malo.

Si tenemos algún problema de salud, no significa ser optimista el ignorarlo y olvidarse de que existe; si no el tener conciencia de su existencia en nuestro cuerpo y pensar cual sería la mejor manera de ayudar desde nosotros mismos a eliminarlo.

En el desarrollo de la enfermedad influyen nuestros pensamientos y emociones.

Lic. Elízabeth González Montaner
Psicóloga

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