saber recibir y rechazar peticiones


En muchas ocasiones hemos aceptado hacer un favor por no quedar mal. ¿A cuánta gente le cuesta decir no? ¿Por qué solemos sentirnos culpables cuando decimos que no a una petición? ¿Por qué solemos sentirnos en la obligación de hacerlo? Las peticiones y los favores, aunque puedan parecer algo baladí, en ocasiones pueden implicarnos en acciones que no queríamos llevar a cabo. Del mismo modo que, a veces, no sabemos decir que no, tampoco sabemos pedir favores cuando necesitamos ayuda o un cambio de conducta cuando algo nos incomoda.

A lo largo del artículo se abordará el hacer peticiones, el por qué fallamos a la hora de hacerlas, las ventajas de saber hacerlas y saber decir “no”. También se ofrecerán algunos consejos para hacer peticiones de la forma más correcta posible así como algunas sugerencias sobre cómo decir “no”. Tanto hacer peticiones como rehusarlas, en ocasiones, puede convertirse en algo importante, así que… ¡empecemos!



Hacer peticiones

Hacer peticiones no siempre es fácil. Podemos tener miedo a ser rechazos, a incomodar o a ser ignorados. Sin embargo, es importante saber hacerlas porque en ocasiones dependeremos de que alguien nos haga un favor o nos veremos obligados a expresar un cambio de comportamiento. Existen diferentes tipos de peticiones. Entre ellas encontramos:

  • Pedir favores.
  • Realizar peticiones para compartir actividades recreativas, agradables y/o laborales.
  • Pedir un cambio de comportamiento a otra persona o saber criticar de forma apropiada.

¿Por qué a veces fallamos en las peticiones?

María Nieves Vera y Gloria María Roldán (2009), destacan que en ocasiones, nuestra falta de asertividad puede llevarnos a realizar peticiones de forma poco agradable. En lugar de pedir algo de forma correcta, podemos llegar a ser  manipulativos, exigentes o agresivos. Por ejemplo: “déjame tu coche”, “si no me ayudas no eres un amigo de verdad”, “hazme el favor que te pido”, etc. Por otro lado, también podemos pedir algo de forma contraria, es decir, con vergüenza e inhibición. Esto es, en voz baja y temblorosa, dudando, sin mantener el contacto ocular…

El psicólogo Walter Riso (2015) destaca cuatro pensamientos de las personas poco asertivas:

  1. “Los derechos de los demás son más importantes que los míos”.
  2. “No debo herir los sentimientos de los demás ni ofenderlos aunque yo tenga razón y me perjudique actuar así”.
  3. “Si expreso mis opiniones, seré criticado o rechazado”.
  4. “No sé qué decir ni cómo decirlo. No soy hábil para expresar mis emociones”.

También solemos escuchar y creernos demasiado estos pensamientos y diálogos internos. Por ejemplo, podemos dejar de hacer una petición porque pensamos que la otra persona no va a querer o podemos resultar una molestia. Así pues, será importante controlar este diálogo interno que sólo sirve para bloquearnos y sustituirlo por otro más asertivo. Además, es importante saber y recordar que la otra persona tiene el derecho a negarse.

“Los demás tienen derecho a negarse. No es un rechazo como personas, es un uso de su derecho a decir no”. 

-María Nieves Vera-

Ventajas de saber realizar peticiones

  • Aumenta la posibilidad de obtener ayuda de los demás.
  • Solemos sentirnos bien cuando vemos que otros nos ayudan.
  • Conseguimos lo que necesitamos sin tener que ser cansino o grosero.
  • Si realizamos peticiones, los demás sabrán cuáles son nuestras necesidades y podrán sentirse útiles si quieren ayudarnos.
  • Podemos llevar a evitar sentimientos de frustración ya que habremos sido capaces de realizar actividades que dependían de los demás.

Consejos para pedir favores

  • En primer lugar es importante ser amable.
  • Los demás no tienen por qué saber lo que queremos, así que es bueno ser claro y directo.
  • Explicar las razones por las que necesitamos el favor.
  • Si acceden al favor, es importante agradecerlo.
  • Evitar ser pesados.
  • Utilizar estrategias asertivas con el cuerpo, los ojos, la cara y el tono de voz.
  • Si rehúsan hacernos el favor, debemos comenzar a buscar otras alternativas y, por supuesto, evitar enfadarnos.
  • Realizar la petición del favor antes de que nos desesperemos. Por ejemplo: si nos tienen que dejar un coche, es mejor empezar a buscarlo dos semanas antes del día que lo necesitemos.
  • Evita las amenazas, los enfados, la culpa al otro. El otro tiene derecho a decir “no”.

Decir “no” sin sentirnos culpables

¿Qué ocurre cuando no sabemos decir que no? Por un lado, que podemos llegar a sentirnos mal por hacer aquello que no queríamos. Por otra parte, podemos sentir que no tenemos el control de nuestra vida y que las demás personas pueden hacer con nosotros lo que quieran. Pero, ¿por qué nos cuesta tanto decir que no? Normalmente, suele esconderse el miedo al enfado o rechazo de la otra persona.

Cuando cedemos a algo que no queremos solemos sentimos mal, manipulados por los demás y enfadados tanto con nosotros como con los demás. Cuando no cedemos y decimos que no pero nos sentimos culpables podemos sentir enfado hacia nosotros y hacia la situación. En ocasiones, hasta podemos llegar a castigarnos. Es por ello, tan importante saber cuáles son nuestros límites.

Ventajas de saber decir “no”

  • Al decir “no”, dejamos claro cuál es nuestra postura, sentimientos y límites.
  • Nos permite tomar el mando de nuestra vida así como nuestras propias decisiones.
  • Evitamos que los demás se aprovechen de nosotros y que nos manipulen.
  • Nos sentimos bien con nosotros mismos por no sentirnos en la obligación de hacer algo que no nos apetece o no nos gusta.
  • Nos autoafirmamos como personas independientes.
  • Si decimos “no”, podemos evitar que en el futuro nos hagan peticiones que sabrán que no queremos hacer.

Consejos para decir “no”

  • En primer lugar, recuerda tu derecho a decir “no”.
  • Presta atención a lo que te están pidiendo.
  • Explica por qué no puedes hacer el favor para que la otra persona lo entienda, pero si no lo entiende o no quiere entenderlo, evita poner excusas o justificaciones innecesarias. Por ejemplo, bastaría con decir: “lo siento, no puedo acompañarte al examen, tengo cita en el médico”.
  • Es importante ser amable, hacerle ver que comprendemos la importancia del favor, pero debemos mantenernos firmes.
  • Puedes sugerirle otra idea. Por ejemplo: “lo siento, no puedo acompañarte al examen, pero puedo dejarte el coche”. Cada uno sugiere lo que más le conviene.

¿Cuáles son nuestros límites?

Todos conocemos la expresión de “dar la mano y que nos cojan el brazo”. Su significado es que, en muchas ocasiones, realizamos tantos favores a una persona que se cree con el derecho, no sólo de que le hagamos todos los favores que quiera, sino con el derecho de enfadarse si no se los hacemos. De esta forma, estamos dejando que vulneren nuestros límites y accedemos a cumplir peticiones en contra de nuestra voluntad.

Hemos de ser conscientes que en las peticiones también entran aquellas que nos realizan nuestras parejas. No se trata sólo de favores, sino de querer cambiar nuestros valores esenciales o preferencias. Por ejemplo, muchas parejas piden a su cónyuge que cambiar de actitud, de carácter e, incluso, de preferencias. “No me gusta que te guste la ropa hippie, ¿por qué no te gusta ropa más elegante?”, “a ver cuando dejas de escuchar esa música, sabes que no me gusta”, “¿te puedes alterar de vez en cuando? Eres demasiado tranquilo”, etc.

Este tipo de peticiones son tan incorrectas como surrealistas. Estamos dejando de lado la personalidad de nuestra pareja para imponerle la nuestra porque creemos que nuestros valores y gustos son los correctos. Las parejas pueden pulir algunos aspectos, pero no cambiar radicalmente por petición ajena. Lo mismo pasa de padres a hijos o entre amigos. Muchos padres tratan de imponer sus pensamientos a los hijos: “deja de juntarte con esa persona, ¿qué van a pensar los demás?”, “cuando acabes el instituto, estudiarás medicina”.

Tanto nuestros gustos como valores pueden cambiar a lo largo de nuestra vida, pero no por imposición, sino por experiencia. Como afirma el neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl: “cuando no somos capaces ya de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos”. Esto es, la experiencia es la que nos cambia. Así pues, debemos tener claros nuestros límites cuando se intenta modificar tanto nuestros valores como nuestros gustos o cuando las peticiones entran a formar parte de un abuso.

Bibliografía

  • Nieves, M. y Roldán, G. (2009). Ansiedad Social. Manual práctico para superar el miedo. Madrid: Ediciones Pirámide.
  • Riso, W. (2015). El derecho a decir no. Barcelona: Editorial Planeta.




Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here