personalidad-dominante

¿Quién no conoce a alguien que siempre quiere llevar razón? ¿O alguien que nunca da su brazo a torcer y todo ha de hacerse como él o ella quiere? Algunas personas de nuestro entorno tienen la capacidad de agotar nuestra paciencia. Esta forma de ser se conoce como personalidad dominante o autoritaria.

El psicólogo William M. Marston, hace más de medio siglo, definía la personalidad dominante como una persona que “proyecta su energía al mundo y utiliza la razón para alcanzar sus objetivos. Es confiable, tenaz, exigente, orientado al poder y puede ser agresivo en las formas. Aquí están las personas que les gusta decir lo que el resto ha de hacer”.

La Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial fue un punto de inflexión en el estudio del autoritarismo a nivel psicológico. Innumerables psicólogos, sociólogos, filósofos y demás teóricos, quedaron asombrados por el genocidio judío por parte del nazismo.

Concretamente les llamó la atención tanto la personalidad autoritaria como aquellos que obedecían ciegamente sus órdenes. Por lo que se remonta a mitad del Siglo XX el estudio de la personalidad autoritaria.

¿Qué lleva a una persona ordenar una masacre? ¿Qué lleva a otras a obedecer? Veremos más adelante que algunas teorías postulan que una personalidad autoritaria no sólo da órdenes, sino que también poseen cierto grado de sumisión.

Dos autores fueron los referentes en el comienzo del estudio del autoritarismo. Uno de ellos fue Erich Fromm con la publicación en 1941 de su libro “El Miedo a la Libertad”. Por otro lado, tenemos a Theodor Adorno con la publicación del libro “La Personalidad Autoritaria” en 1950.

Erich Fromm

Erich Fromm (1900-1980) defiende que la conciencia psíquica individual se forma a través de los hechos históricos y sociales. Para su teoría se centra en el significado que tiene la libertad para el hombre. Según Fromm, “el hombre, cuanto más gana de libertad más pierde en seguridad”.

Cuando el hombre intenta ser libre le invade una gran inseguridad que le llevará a huir de esa libertad. De esta forma, explica que en las épicas de crisis es cuando más auge tiene el autoritarismo, ya que es cuando el hombre se siente más inseguro e impotente.

“El peligro del pasado era que los hombres fueran esclavos. Pero el peligro del futuro es que los hombres se conviertan en robots”.

Fromm postula que cada persona emplea diferentes soluciones para afrontar la inseguridad, sin embargo, son dos las que más destacan: el autoritarismo y la conformidad automática.

  • Autoritarismo. El autor lo define como un “mecanismo de evasión que consiste en la tendencia a abandonar la independencia del yo individual propio, para fundirse con algo o alguien exterior a uno mismo, que tiene autoridad o se le atribuye”. Se caracteriza por poseer dos formas principales. Por un lado se trata de una poderosa tendencia a la sumisión e independencia. Eso se produce como resultado del sentimiento de inferioridad, impotencia y la insignificancia individual. Por otro lado, estos sentimientos de inferioridad generan en el individuo una tendencia de someter a los demás.
  • Conformidad automática. Estos sentimientos también influyen en que el individuo abandone su yo individual para ser uno de muchos. De esta forma se identifica y se conforma con la mayoría.

Theodor Adorno

Theodor Adorno (1903-1969) fue uno de los primeros teóricos en publicar sobre el autoritarismo. En el año 1950 Adorno y sus colaboradores publicaron el libro “La Personalidad Autoritaria”. Definen el autoritarismo como una “tendencia general a colocarse en situaciones de dominancia o sumisión frente a los otros como consecuencia de una básica inseguridad del yo”.

Según Adorno y su equipo, las transformaciones sociales ocurren con una rapidez tal que provocan una falta de estructuración del campo cognitivo del individuo. Este hecho tendría como consecuencia la aparición de ansiedad e inseguridad en el sujeto que le empujaría a una actitud autoritaria como solución a esta ansiedad e inseguridad.

La Escala F y personalidad dominante

Adorno y su equipo estaban interesados en indagar en este tipo de personalidad (fascista) tras el genocidio judío y para ello elaboraron la Escala F, cuyos objetivos eran dos: detectar el etnocentrismo y detectar al sujeto potencialmente fascista.

La Escala F mediría el factor de autoritarismo en el individuo y se compone de nueve subvariables teóricas:

  1. Convencionalismo. Consiste en la adhesión rígida a los valores convencionales de la clase media.
  2. Sumisión autoritaria. Se trata de la actitud de sumisión y aceptación de forma indondicional con respecto a las autoridades morales idealizadas por el endogrupo.
  3. Agresivisad autoritaria. Es la tendencia a buscar y condenar, rechazar y castigar a los individuos que violan los valores convencionales.
  4. Antiintraceptividad. Este concepto se define como la oposición a lo subjetivo, a la autoreflexión y a la introspección.
  5. Superstición y estereotipia. Consiste en la creencia en la determinación sobrenatural del destino humano e inclinación a pensar en categorías rígidas.
  6. Poder y fortaleza. Preocupación por la dimensión dominio-sumisión, fuerte-débil, etc. en las relaciones interpersonales, identificándose con las figuras de poder y valorando de forma excesiva la fuerza y la dureza.
  7. Destructividad y cinismo. Hostilizad y vilipendio general de la humanidad.
  8. Proyectividad. Las personas tienden a pensar que en el mundo ocurren acontecimientos peligrosos al proyectar sus impulsos emocionales inconscientes al exterior.
  9. Sexo. Exagerada preocupación por aspectos sexuales.

Adorno y su equipo querían demostrar que la personalidad autoritaria estaba estrechamente relacionada con “el tipo de enfoque y perspectiva que un sujeto puede adoptar en una gran variedad de campos de la vida, de los aspectos más íntimos de la adaptación familiar y sexual, pasando por las relaciones personales con la gente en general, hasta las ideas religiosas, políticas y sociales”.

Los métodos y las investigaciones de Adorno no tardaron en ser debatidas, pero sin duda, estableció un precedente en el estudio de la personalidad autoritaria que sigue en nuestros días.

Milton Rokeach y el Dogmatismo

Según Rokeach (1918 -1988) la conducta del individuo está guiada por un único sistema de creencias y “sostiene su autoestima a partir de una organización jerárquica de creencias, actitudes y valores, los cuales se encuentran funcionalmente interconectados”.

El autor también sostiene que “las creencias son las afirmaciones que la gente hace sobre sí mismo y el mundo, ya sean generales o específicas, y están dispuestas dentro de dicho sistema en términos de su centralidad e importancia para la autoestima”.

El sistema de creencias se divide en dos, aquellas que forman el núcleo y son inmutables o muy difíciles de cambiar, y aquellas creencias periféricas que carecen de importancia. Rokeach sostiene que cuanto más cerrado es el sistema cognitivo del sujeto más probable es la aparición de autoritarismo e intolerancia.

De esta forma, a mayor nivel de dogmatismo mayor será la admiración por la figura de autoridad. Sin embargo, el miedo también es mayor, por lo que crecerá el odio hacia figuras de autoridad opuestas y al admiración hacia la autoridad afín (Feldman, 2003).

La teoría de Rokeach arroja luz sobre el fanatismo político que podemos ver en nuestros días y el rechazo hacia grupos políticos sin saber apenas nada de ellos. Si nos identificamos con una ideología X y nuestro sistema cognitivo es muy cerrado, todo aquello que represente la ideología Y será rechazado, criticado e, incluso, odiado.

Psicología Budista

La psicología budista aporta teorías personales y profundas sobre el individuo que pueden explicar la conducta dominante. Entran en juego el concepto del Yo, el de las expectativas y de la aceptación, así como el aferramiento a estos tres conceptos.

El Yo corresponde a la identidad que establecemos desde que nacemos hasta el presente. Se trata de nuestro nombre, nacionalidad, educación, creencias. Todo lo que somos es nuestro Yo. Según el budismo, nuestro Yo cambia de forma continua, sin embargo, necesitamos aferrarnos a una identidad fija para sentirnos seguros.

Cuanto mayor es el aferramiento a una identidad invariable menor será nuestra flexibilidad cognitiva. Estaremos menos abiertos al cambio. Nuestras expectativas de cómo deberían ser las cosas es fija y si no salen como esperamos sufrimos, e incluso, nos enfadamos.

Solemos esperar que nuestra pareja sea más o menos igual con el paso del tiempo, pero si poco a poco va cambiando podemos llegar a pensar que algo malo ha pasado, que ya no es la misma. Sin embargo, no ha ocurrido nada malo, simplemente el Yo evoluciona. Un Yo abierto está más sujeto al cambio y a enriquecerse de la experiencia y el aprendizaje.

Expectativas y Aceptación

La aceptación de que algunos aspectos de la vida son incontrolables por nosotros nos ayudará a ser más flexibles. No podemos controlarlo todo, por lo tanto interiorizar este hecho nos convierte en personas menos autoritarias. Todos tenemos conocidos para los que las cosas deben ser de una forma concreta, y si no es así, surge la ira automáticamente.

Una personalidad autoritaria no tolera bien los cambios ni aquello que se salga de sus sistema de creencias. Pone en peligro su Yo, su identidad, y sus expectativas no se ven colmadas. Es por ello tan importante estar abierto a la vida sin aferrarse a una identidad invariable. Si interiorizamos que somos seres cambiantes y no hay nada de malo en ello todos seríamos más felices y tolerantes.

No todo es tan negativo

A pesar de que la personalidad dominante está revestida de negativismo, la psicología social ha comprobado que en momentos excepcionales puede ser útil. Dentro de los estilos de liderazgo encontramos un estilo que se conoce como “estilo autocrático”. ¿En qué consiste?

Se trata de un estilo de liderazgo unidireccional en el que el líder o jefe toma todas las decisiones sin tener en cuenta a los trabajadores. Nadie discute sus opiniones ni directrices. Se trata de una forma de liderazgo impositivo donde todas las directrices están marcadas por el líder.

Este estilo de liderazgo tiene dos ventajas principales muy puntuales. Por una parte, sirve para tomar decisiones cuando la situación se descontrola y existe la necesidad de actuar rápidamente. Por otra parte, elimina la tendencia de algunos trabajadores a relajarse en su puesto de trabajo.

Sin embargo, y a pesar de los beneficios que pueda tener, no quiere decir que el líder tenga que poseer necesariamente una personalidad dominante. Podría simplemente adoptar un papel puntual para solucionar un imprevisto. Ya que si el líder posee una personalidad autoritaria, a medio y largo plazo son más las desventajas que las ventajas.

Reflexión Final

Como podemos comprobar, tanto las teorías de la psicología moderna occidental como la psicología budista, coinciden en señalar que en la base de la personalidad dominante se esconde un sistema de creencias inflexible. Del mismo modo también se observa que el individuo posee una baja autoestima que necesita aferrarse a una identidad sólida para sentirse seguro.

Bibliografía

  • Adorno, T., Frenkel-Brunsk, E., Levinson, D. y Nevitt Sandford R. (2006). La Personalidad autoritaria. Empiria, Revista de Metodolofía de Ciencias Sociales, 12, 155-200.
  • Etchezahar, E., Jaume, L., Biglieri, J y Cernove, N. (2013) El Dogmatismo: sistema cerrado de creencias, autoritarismo e intolerancia. Anuario de investigaciones, 20, 207-210.
  • Ovejero Bernal, A. (1982). El autoritarismo: enfoque psicológico. El Basilisco, 13,40-44.
  • Rokeach, M. (1952). Dogmatism and opinionation on the left and on the right. American Psychologist, 7, 310.

La personalidad dominante y la Escala F
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