Peritaje en derecho penal

Vamos a ver a continuación los temas principales del peritaje en derecho penal: la valoración de la imputabilidad y responsabilidad y la predicción de la peligrosidad y de la conducta violenta.

Uno de los tópicos más importantes en el peritaje en derecho penal es el de la imputabilidad. En España la imputabilidad se ha venido definiendo como la voluntariedad consciente.

La responsabilidad se fundamenta en la imputabilidad, que es la capacidad del hombre para actuar culpablemente. Se han utilizado tres grados de apreciación de la responsabilidad:

  • Imputable (culpable)
  • Semiimputable (responsabilidad atenuada)
  • Inimputable (irresponsable)

Peritaje en derecho penal

Una persona es responsable de lo que hace y por tanto, se le puede declarar imputable cuando actúa dolosamente. Es decir, el que sabe lo que hace y quiere hacerlo.

Saber implica conocer, porque se tiene inteligencia y querer implica voluntad, característica consecuente de la libertad típica del hombre. Por tanto, la inteligencia y la voluntad son las dos piezas básicas para los juristas de que exista o no responsabilidad criminal.

La ley penal describe ciertos estados en los que se presume que falta alguna de estas dos capacidades, eximiendo de responsabilidad criminal: la enajenación mental, el trastorno mental transitorio, las alteraciones perceptivas y la minoría de edad. En este artículo veremos las dos primeras.

Peritaje en derecho penal: la enajenación mental

La enajenación mental se define como la plena perturbación de las facultades intelectivas o volitivas de cierta permanencia o intensidad. El término enajenado se establece en el Código Penal de 1932 y permanece hasta el actual código penal en el que se sustituye por el de anomalía o alteración psíquica.

Esto supone ya un gran avance porque se trata de un término poco esclarecedor (anterior al código de 1932 se empleaban términos como loco, demente, imbécil).

El problema es determinar qué trastornos mentales se englobarían y cuales no. La solución es determinar cuál es el efecto psicológico que en la mente del sujeto puede producir la enfermedad mental para que se pueda considerar como enajenado.

El efecto psicológico ha de consistir en la perturbación de las facultades psíquicas que impida al sujeto conocer lo ilícito de su conducta u orientar su actividad conforme a ese conocimiento.

La consecuencia de que sea el efecto psicológico el que determine la eximente es que no se pueden establecer listas de trastornos mentales en base a los cuales si el sujeto es diagnosticado de uno de ellos se considera un enajenado mental.

Al no hacerse así, el proceso se complica. Generalmente, las psicosis y las formas más graves de retraso mental han sido comprendidas en la eximente cuando producen el mencionado efecto psicológico (que se da en la mayoría de los casos).

Han sido rechazadas las psicopatías por suponer una perturbación de la afectividad, del carácter y no incidir sobre las capacidades intelectivas o volitivas (el término de psicopatía ha sido sustituido por el de personalidad antisocial como categoría dentro de los trastornos de personalidad, DSM-IV).

La enajenación mental, una complejidad para la pericial psicológica

De lo que se ha expuesto se deduce la importancia y complejidad del peritaje psicológico o psiquiátrico. La tarea del perito es:

  • Examinar al sujeto autor de la conducta delictiva
  • Hacer el diagnóstico de la enfermedad mental que padecer, su intensidad y duración.
  • Determinar el efecto psicológico que tal enfermedad ha producido en el sujeto en el momento de cometer el delito

Al juez corresponde sobre la información que le proporciona el dictamen declarar la responsabilidad o irresponsabilidad del sujeto.

El trastorno mental transitorio

Es otro de los presupuestos contemplados en la legislación penal como eximente de responsabilidad criminal, siempre que no haya sido buscado de propósito para delinquir.

Se puede decir que es una enajenación mental temporal que debe darse en el momento del delito. El efecto psicológico es el mismo que en caso de la enajenación, la única diferencia está en la transitoriedad de dicho efecto psicológico. La intensidad de la perturbación ha de ser la misma.

El término aparece también en el CP de 1932 (permanece todavía en el actual CP de 1995). Al igual que ocurre con el término de enajenación, el trastorno mental transitorio es un término legal que no está contemplado en ninguna de las clasificaciones internacionales sobre trastornos mentales, de ahí la imprecisión del término desde un punto de vista psicológico.

La única diferencia es que la duración de la perturbación debe ser breve sin que deje secuelas. Si tenemos en cuenta que al perito se le reclama en un momento que dista del que se cometió el delito, podemos suponer que los síntomas de la perturbación han desaparecido cuando se le hace la evaluación.

Por tanto, se le pide que evalúe el estado de esa persona en un momento en que se encuentra en un estado totalmente diferente. En la práctica por tanto es tan difícil demostrar científicamente un trastorno mental transitorio que su desaparición no representaría ningún inconveniente en la práctica judicial.

Referencias

  • Bernal, A. O. (2009). Fundamentos de psicología jurídica e investigación criminal. Ediciones Universidad de Salamanca.
  • Clemente, M., & Martín, J. C. R. (1995). Guía jurídica del psicólogo. Compendio básico de legislación para el psicólogo jurídico. Pirámide.
  • Muñoz, J. M., Manzanero, A. L., Alcázar, M. Á., González, J. L., Pérez, M. L., & Yela, M. (2011). Psicología Jurídica en España: Delimitación conceptual, campos de investigación e intervención y propuesta formativa dentro de la Enseñanza Oficial. Anuario de psicología jurídica21, 3-14.
Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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