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Las redes sociales han favorecido la aparición y la expansión de noticias falsas o «fakes news» de forma inimaginable. En la actualidad, tan sólo hace falta un ordenador o un teléfono móvil y conexión Internet para comenzar a extender un bulo. En nuestras redes sociales, en cierta prensa aparentemente seria, en cualquier rincón de la red podemos leer noticias falsas. Pero, ¿cuál es el objetivo de todo ello? ¿Por qué difundir bulos? ¿Cuál es nuestro papel en todo este proceso?

Aunque parezca un fenómeno reciente, las noticias falsas llevan años existiendo, sin embargo, con la explosión de la era de Internet, ahora es más fácil que nunca difundir este tipo de información. Lo llamativo es que las noticias falsas ya no sólo nos llegan desde fuera, sino como veremos más adelante, nosotros también nos convertimos en agentes activos.


Posverdad o post-truth

En 2016, Oxford escogió el concepto «posverdad» o «post-truth» como la palabra internacional del año. Pero, ¿qué significa? Se definió como las «circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las referencias a emociones y a creencias personales«. A través de esta explicación, puede explicarse una de las razones por la que las noticias falsas o las fake news tienen tanta credibilidad. Se trata del hecho de que cuando corre una noticia falsa, la gente que siente más afinidad emocional tiende a creérsela aunque le den datos objetivos de lo contrario.

Por ejemplo, cuando el partido político X inventa una mentira sobre el partido político Y, los seguidores del partido X tenderán a creer más la mentira aunque el partido Y muestre con pruebas empíricas que se trata de una invención. Las creencias y emociones son más afines al partido X y aunque se den datos reales sobre la mentira tenderán a seguir creyendo en X. Así pues, aunque se trate de un bulo, tendrá efecto sobre un sector de la población.

Nuria Fernández-García (2017), destaca que las «redes sociales ayudan a que las teorías conspirativas persistan y crezcan en el espacio virtual, al crear un ecosistema en el que la verdad de la información deja de importar«. Sin duda, se trata de una problemática que cada vez está más arraigada. Fernández-García, en referencia a las noticias falsas en política, añade que «lo que importa es si la información se adapta a una cierta narrativa. De esta forma, resulta difícil construir una esfera pública compartida y el comportamiento político se vuelve impredecible».

Tipos de mala información

Según la Federación Internacional de Periodistas (FID), existen siete tipos de mala información:

  1. Sátira o parodia. En este caso se trata de una información que, a pesar de ser falsa, no pretende causar engaño ya que se identifica claramente con una parodia.
  2. Contenido engañoso. Este aspecto es más delicado ya que entramos en la creación de un contenido engañoso con la intención de incriminar a alguien o a algo. La información no tiene porque ser necesariamente falsa pero sí crear confusión.
  3. Contenido impostor. Consiste en suplantar fuentes originales. Por ejemplo, cuando se falsifica la cuenta de un político o de una página de noticias y se publican noticias falsas con la intención de perjudicar.
  4. Contenido fabricado. El contenido de la información es nuevo y en su mayoría inventado. La intención es engañar y perjudicar.
  5. Conexión falsa. Cuando los titulares o imágenes no se corresponden con el contenido de la noticia.
  6. Contexto falso. Cuando el contenido original se difunde en un contexto falso. Por ejemplo, cuando un partido político lleva a cabo unas declaraciones polémicas en un determinado momento pero ciertos medios las recuperan y las hacen pasar como actuales.
  7. Contenido manipulado. La información o las imágenes se manipulan con el fin de engañar. Por ejemplo, se puede ofrecer la imagen de una persona siendo insultada para mostrarla como víctima, pero quizá no se vea lo ocurrido antes cuando la persona insultada ha increpado a otras personas. En este caso, los protagonistas de la imagen se han insultado mutuamente pero sólo se ofrece una parte. De esta forma, se puede poner a la opinión pública en contra de un colectivo.

Motivaciones detrás de las noticias falsas

  1. Periodismo deficiente.
  2. Parodia.
  3. Provocación.
  4. Pasión.
  5. Partidismo.
  6. Provecho.
  7. Poder o influencia política.
  8. Propaganda.

¿Qué podemos hacer ante las noticias falsas?

Aunque parezca lo contrario, cada uno de nosotros tenemos un papel activo en este tipo de fenómenos. Las redes sociales son un expositor perfecto para estas noticias falsas. Aquellos que tengamos alguna red social, podremos ver que nuestros contactos difunden contenidos políticos falsos, remedios milagrosos para enfermedades, dietas que adelgazan muchos kilos en poco tiempo… La cuestión es, ¿cuántos contrastan la información antes de compartirla? 

Un gran número de personas lee la información de forma pasiva y sin actitud crítica: «vaya, un remedio para adelgazar 8 kilos en una semana, lo compartiré». De esta forma, estamos fomentando la circulación de noticias falsas. Así pues, la primera medida que podemos tomar es dejar de compartir este tipo de información sin contrastarla. También es frecuente ver la difusión de una frase peyorativa emitida por un político. Lo curioso es que a veces la misma frase la atribuyen a diferentes políticos al mismo tiempo.

Si la primera medida es dejar de compartir información, la segunda medida, como se ha mencionado antes, es contrastarla. Si alguna ventaja tiene la era de la «sobreinformación» es la rápida consulta de datos. Así pues, lo mejor será que busquemos información en fuentes especializadas. Si leemos que un político ha emitido un discurso xenófobo en una rueda de prensa podemos consultar diferentes fuentes para comprobarlo. Por ejemplo, podremos ver el vídeo del político (si está disponible). De esta forma, sabremos si la información es cierta o no.

Reflexión final

Nuestra responsabilidad es grande, por ello, como ciudadanos, podemos adoptar un papel más responsable y comenzar a cuidar aquello que compartimos. Gracias a este esfuerzo, podemos hacer que este tipo de noticias no circulen de la forma en que lo hacen, ya que en una gran mayoría de ocasiones sólo buscan el desprestigio y dañar. Si sabemos que la información es mentira, seremos cómplices; pero si no la contrastamos, también. Con esto no se pretende inocular la culpa, sino la responsabilidad. Por lo que si somos conscientes de que gozamos de una gran responsabilidad, seremos mucho más precavidos a la hora de compartir información.

Referencias

Federación Internacional de Periodistas: https://www.ifj.org/es.html

Fernández-García, N. (2017). Fake News: una oportunidad para la alfabetización mediática. Nueva Sociedad, 269, 66-77.

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