Pensamiento y felicidad

Desde pequeños vamos interiorizando experiencias, patrones de comportamiento e incluso pensamiento que nos definen en la edad adulta. Así pues, las lecciones que hemos aprendido acerca de los sentimientos y las relaciones durante la infancia operan inconscientemente cuando crecemos, dirigiendo de alguna forma nuestras vidas. Hoy vamos a plantearos cinco preguntas que puedes hacerte a ti mismo cuando te sientes como si la felicidad hubiera escapado una vez más de entre tus manos

1. ¿Estoy repitiendo mi infancia en el presente?

Todos nosotros nos sentimos atraídos por aquello que nos es familiar y por lo que hemos vivido durante la infancia. Esto es estupendo si hemos disfrutado de una infancia plena, nos hemos sentido apoyados y queridos, pero cuando tenemos malos recuerdos, pensamos que nuestra infancia no ha sido del todo buena  o incluso hemos vivido experiencias traumáticas, reproducir patrones nos lleva muchas veces al abismo. Sentarnos a pensar acerca de las relaciones clave en nuestra vida (padres, hermanos…) y cómo éstas nos hacen sentir y comportarnos en el presente, nos puede ayudar a abrir los ojos. ¿Crees que tu pasado te persigue, que no eres capaz de superar tus emociones? A veces tenemos un gran desorden emocional en nuestras vidas que merece nuestra atención. Si los aspectos de nuestras anteriores relaciones familiares nos hacen infelices, necesitamos armarnos de valor y hacerles frente, si es necesario, debemos pedir ayuda.

2. ¿Cómo me relaciono con la gente que forma parte de mi vida?

Nuestras experiencias de la infancia crean en nosotros como una “plantilla” a través de la cual  vemos, sentimos y reaccionamos a las relaciones íntimas; esta es la base de la Teoría del Apego. Buscamos el amor, la complicidad y el reconocimiento de los otros, pero a veces nuestros propios comportamientos nos sabotean el éxito, es entonces cuando se hace necesario aumentar nuestra comprensión tanto de nosotros mismos como de los compañeros que estamos seleccionando. A continuación te presentamos una escala de auto observación de patrones desarrollada por Kim Bartholomew y Leonard Horowitz:

A. Es fácil para mí sentirme emocionalmente cerca de los demás. Estoy a gusto dependiendo de ellos y que ellos dependan de mí. No me preocupa estar solo/a o con alguien que no me acepte.
B. No me siento cómodo intimando demasiado con otras personas. Deseo tener relaciones emocionalmente íntimas, pero me resulta difícil confiar plenamente en los demás o depender de ellos. Me preocupa que me lastimen si les permito estar demasiado cerca de mí.
C. Quiero tener relaciones emocionalmente íntimas, pero a menudo pienso que los otros son reacios a acercarse tanto como a mí me gustaría. Me siento incómodo cuando estoy sin una relación íntima, me preocupa que las otras personas no me valoren tanto como yo las valoro a ellas.
D. Estoy cómodo sin relaciones emocionales estrechas. Es muy importante para mí sentirme independiente y autosuficiente, prefiero no depender de otros o que otros dependan de mí.

Estos son los patrones generales con la descripción correspondiente: A seguro, B preocupado, C  temeroso y D esquivo o despreciativo.

Pregúntate ahora en cuál de estos patrones encajas más.

Por ejemplo, a veces deseamos fervientemente tener una relación de pareja pero parece que sólo encontramos personas que no están dispuestas a involucrarse en una relación íntima, Está cuestión y muchas otras se aplican tanto a los amantes como a los amigos. Piensa acerca de las experiencias emocionales que estás teniendo y cómo haciendo las cosas de forma diferente podría aumentar tu felicidad.

3. ¿Sé gestionar correctamente mis emociones?

Gran parte de nuestra felicidad depende de lo bien o mal que nos recuperamos tras una derrota o una decepción. Una vez más, las personas con apego seguro están mejor equipadas para recuperarse de las turbulencias emocionales y confían en su capacidad de fijarse nuevas metas para salir adelante, cosa que las personas con un tipo de apego inseguro no logran, ya que tienden a ver las cosas malas como prueba de sus propias deficiencias o defectos.

Si piensas sobre algo que no funciona en tu vida te ves atrapado en un ciclo repetitivo de pensamientos negativos, está claro que algo no anda bien. Asegúrate de que no estás en “modo de auto-crítica”, atribuyendo todo lo que ha ido mal a algún defecto básico de tu personalidad: “La relación fracasó porque mi madre tenía razón, no soy digno/a de ser amado/a” o “No he conseguido el trabajo que quería porque todos los demás son más inteligente que yo”. Si todo lo que se puedes imaginar es el peor de los escenarios, nunca encontrarás la relación que te mereces ni el trabajo que buscas. Es necesario enfrentar esos miedos y reconocer tus potenciales.

4. ¿Estoy usando el pensamiento abstracto?

Los estudios sobre el establecimiento de metas y la motivación muestran que somos capaces de resolver problemas de una forma más creativa cuando pensamos en nuestras necesidades de manera abstracta y no excesivamente específica. Por ejemplo, en vez de decir que nos sentimos solos y desearíamos tener más amigos, podríamos pensar en ello como una meta u objetivo a lograr, planteándonos hacer nuevos amigos, de este modo, en lugar entenderlo como una necesidad lo veremos como un propósito, lo cual nos abre la puerta a pensar en actividades que pondríamos llevar a cabo para conseguirlo. Esto podría alentarnos a que nos apuntáramos a clases de baile o yoga, hacer algún trabajo de voluntariado o cualquier otra actividad que implique salir de casa y conocer a nuevas personas.

5. ¿Aprecio realmente lo que tengo?

Parece que la mayoría de nosotros nos centramos más en las cosas negativas que en la cosas positivas de la vida, y no damos la importancia o el valor que se merece a lo que tenemos. Basado en la película de 1946 ¡Qué bello es vivir!, concretamente en la escena en la que el ángel convence a George Bailey de no suicidarse, mostrándole cómo habría sido la vida de los demás sin él, los investigadores encontraron que al pensar en lo que sería la vida sin la existencia de una determinada persona o alguna otra cosa, se aumentaron tanto la gratitud como la felicidad de las personas que llevaron a cabo este proceso de razonamiento.

Para concluir, las investigaciones han demostrado que en realidad podemos controlar más o menos un 40% de lo que constituye nuestra felicidad, o sea que hay un determinado de factores controlables y otros que no podemos dominar, que son fruto de lo que nos rodea e incluso del azar. Pero ponernos al volante de este 40% es un primer paso necesario.

No te olvides suscribirte a nuestro canal YouTube de Psicología y Educación

También te puede interesar: El significado de Namasté

¿No eres feliz? Hazte estas 5 preguntas
Vota este artículo!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.