Navidad consumo

Navidad y consumo son dos conceptos que cada vez estrechan más sus manos. Cuando llega la Navidad las calles se llenan de luces, los comercios son adornados con motivos navideños y desde sus altavoces se pueden escuchar villancicos. Sin embargo, no hace falta que llegue la Navidad para respirar este ambiente navideño, ya que la decoración en muchos comercios la ponen incluso en agosto y las luces en la vía pública cada vez se encienden antes. Pero, ¿por qué cada vez llega antes la Navidad? ¿Cuál es el objetivo de adelantar esta fecha tan señalada un mes, incluso dos?

Navidad y consumo

Si tuviéramos que definir la Navidad en unos cuantos acontecimientos, estos podrían ser: escuchar villancicos, árboles llenos de luces y bolas, belenes, luces y motivos navideños en calles, etc. Digamos que el ambiente cambia, tanto en casa como fuera. De hecho, muchas personas esperan la Navidad por la decoración tan pintoresca con las que muchos ayuntamientos decoran sus ciudades y pueblos. El ambiente parece cambiar por completo. Y no se trata de un cambio cualquiera, sino que también nos solemos volver más sensibles, más solidarios y más amorosos.

Como es bien sabido, la Navidad es fecha de regalos. En algunos países se hacen regalos por Papá Noel, en otros por los Reyes Magos, y en otros países por ambos. Poco a poco, a lo largo del tiempo, se ha ido asociando la Navidad a regalar. Navidad y consumo se han vuelto casi indisociables. Regalamos a nuestros familiares y amigos. También se ha asociado la Navidad a grandes banquetes de comida familiar. Se intentan preparar platos que el resto del año se suelen comer de forma más ocasional, tanto por su elevado precio como por su elaborada preparación. Por lo que se puede inferir que en Navidad el gasto es bastante mayor que durante todo el año.

Navidad y Condicionamiento

Cuando Pavlov tocaba una campanita antes de acercar la comida a sus perros, éstos salivaban. Los animales habían asociado el sonido de la campanita con la presencia de la comida y comenzaban la conducta de salivación. Este sencillo condicionamiento es el conocido como condicionamiento clásico.

De alguna forma, con la Navidad nos ocurre algo similar. En el caso de Pavlov, la comida elicita una respuesta de salivación por sí misma, esto es, un estímulo indoncionado (comida) provoca una respuesta incondicionada (salivación). Cuando se antepone un estímulo neutro (sonido) a la comida, se produce una asociación. Por lo que el sonido pasa a ser un estímulo condicionado que provoca por sí mismo una respuesta de salivación, por lo que ya sería una respuesta condicionada.

En nuestro caso, y de forma bastante resumida, la Navidad podría ser el estímulo incondicionado ya que cuando llega esta fecha, nuestro vínculo con el consumo es tan alto que aumentan nuestras ganas de comprar. Es imprescindible decir que el hecho de que la Navidad actúe como estímulo incondicionado requiere de bastantes condicionamientos por medio. Sin embargo, ya está tan asociado el consumo con la Navidad, que en este artículo se abordará como estímulo incondicionado per se.

Así pues, la Navidad sería nuestro estímulo incondicionado y las compras la respuesta incondicionada. Ahora bien, ¿qué elementos podemos usar para generar la respuesta de compra asociada a la navidad? Luces, villancicos y decoración. En Navidad todo se llena de luces navideñas, por lo que si estas luces se cuelgan un mes y medio antes, la respuesta de consumo se puede ver activada y aumentarán el número de compras.

Navidad y consumo: Controlar nuestros gastos

Es normal que después de la fuerte asociación entre Navidad y consumo, cuando llega esta fecha sintamos un fuerte impulso hacia el consumo. Aún así, existen ciertos consejos gracias a los cuales podremos controlar nuestros gastos:

  • Llevar dinero en metálico. Gracias a la tarjeta de crédito pagar es más cómodo, sin embargo, el aspecto negativo es que no somos realmente conscientes de todo lo que gastamos. Si queremos tener una percepción más real del dinero que gastamos estas navidades, lo mejor es tener dinero en metálico en la cartera. De esta forma, apreciaremos cómo va disminuyendo la cantidad de billetes y monedas y podremos ser más conscientes del gasto que llevamos.
  • Comprar lo necesario. La Navidad, al igual que las rebajas, incitan a comprar, pero no obliga, es decir, no tenemos porque comprar algo que no necesitemos. ¿Cuántas veces hemos comprado algo que hemos usado muy pocas veces o ninguna? Nos hemos dejado llevar por la época del año o por el precio y hemos realizado un gasto innecesario. Es por ello, fundamental pensar y reflexionar sobre si lo que vamos a comprar es necesario en nuestras vidas.
  • Regalos: los justos. Regalarle a un niño cinco clases de juguetes es sobre-estimularle. Pensamos que cuantos más regalos, mejor. Pero la realidad es muy diferente. Si a un niño se le regalan dos o tres cosas, las disfrutará más que si le llenamos el salón con cajas y cajas de diferentes juguetes. Cuanto más tenga para elegir, menos sabrá a qué jugar y antes se aburrirá.
  • Comer con cabeza. La comida es otro de los aspectos importantes en Navidad. Los precios de cierta clase de alimentos se disparan en estas fechas, por lo que el gasto puede verse aumentado si queremos consumir estos tipos de alimentos. La cuestión radica sobre la necesidad de tener que adquirir ciertos alimentos. ¿Tenemos que comer estos alimentos en Navidad por un precio astronómico o podemos comerlos el resto del año a un precio más moderado?

Bibliografía

Domjan, M. (2012). Principios de aprendizaje y conducta. Madrid: Paraninfo

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