Monsieur Leborgne pasó a la historia sin pretenderlo, sin quererlo y sin saberlo. Cuando el señor Leborgne cayó en manos de Paul Broca, las neurociencias estaban comenzando su andadura sobre bases cada vez más fiables. Los nuevos avances y las antiguas teorías un tanto obsoletas, llevaron a profundizar más sobre el conocimiento del cerebro y del sistema nervioso en general. Cuando Broca se encontró con el señor Leborgne, éste sólo podía decir «tan». Por ello se le bautizó como «Monsieur Tan», «Monsieur Tan-Tan» o simplemente como «Monsieur Leborgne».

Sin embargo, el hallazgo más sorprendente no vendría hasta que Broca llevara a cabo una autopsia del señor Leborgne y redactara un informe que se convertiría en un referente en la neurología. Pero, ¿por qué sería tan importante este informe? ¿qué le ocurría a Monsieur Leborgne para destacar de forma tan llamativa? El señor Leborgne, nunca supo que su cerebro pasaría a la historia.


Monsieur Leborgne y un cerebro dañado

Pierre-Paul Broca (19824-1880) fue un neurofisiólogo francés cuyas investigaciones en neurociencias resultarían ser todo un hito dentro de la disciplina. El cerebro todavía seguía siendo un desconocido, así que muchos investigadores intentaban aproximarse a él con teorías más o menos acertadas. Entre ellas destaca la frenología, de Franz Joseph Gall (1758-1828), que aseguraba que diferentes funciones del ser humano tenían su correlato a nivel cerebral. Una teoría que ya apuntaba a la especialización cerebral pero que, sin embargo, sus métodos de investigación fueron más que flojos y llenos de subjetividades.

Cerebro Monsieur Leborgne

En el año 1861, Broca publicó un informe que supondría un acontecimiento de gran importancia en cuanto al conocimiento del cerebro. Un señor llamado Leborgne, de 51 años, fue derivado al servicio quirúrgico de Broca del Hospital Bicêtre en París. Monsieur Leborgne mostraba irregularidades en el habla, destacando los problemas en la producción. Parecía comprender todo lo que se le decía pero sólo era capaz de articular la palabra «tan».

Debido a que sólo era capaz de decir «tan», se le empezó a conocer como «Monsieur Tan». Pero el estado de salud del señor Leborgne era tan precario, que falleció una semana después de ser ingresado. Ante esto, Broca realizó una autopsia. Lo que observó consistiría en uno de los primeros hallazgos sólidos sobre las lesiones cerebrales. El señor Leborgne, tenía dañado una parte del lóbulo frontal del hemisferio izquierdo, concretamente el área 44 de Brodmann.

Credibilidad del hallazgo

El informe que publicó Broca, supuso un fuerte impulso para las teorías localizacionistas, ya que asociaba una localización cortical a una función concreta. En esa fecha ya se habían relacionado zonas del cerebro con funciones concretas, sin embargo, no tuvieron el mismo éxito que Broca. ¿Por qué este descubrimiento se convirtió en un hito en las neurociencias? Como recoge Redolar (2013), cuatro fueron las razones que influyeron en convertir este hallazgo en historia de las neurociencias:

  1. La información que aportó Broca fue mucho mayor que la que se había reportado en teorías anteriores, por lo que el corpus teórico fue más extenso.
  2. Broca situó la zona del habla en un área muy diferente a la que proponía la teoría de la frenología. Una teoría cuyas bases eran más que dudosas.
  3. Los frenólogos se basaban en los bultos en la cabeza para sus teorías sobre las funciones cerebrales. Pero los tiempos estaban cambiando y comenzaron a predominar las investigaciones llevadas a cabo sobre el propio cerebro.
  4. La credibilidad de Broca era conocida en la época. Su participación en los debates sobre las localizaciones y las funciones cerebrales no era precisamente un tema que le preocupase. Todo ello le valió la fama de «juez imparcial», alguien que sólo afirmaba algo cuando estaba completamente seguro.

El área de Broca de Monsiuer Lebornge

Tras el descubrimiento de la lesión en el cerebro de Monsieur Lebornge, Broca investigó diferentes casos que presentaban la misma área dañada y la misma alteración en el habla. De esta forma, se asentó todavía más la importancia del lóbulo izquierdo en la producción del habla. La zona dañada, correspondiente al área 44 de Brodmann, pasó a conocerse como área de Broca. En investigaciones posteriores el área de Broca se convertiría en una zona importante en la afasia de Broca. Sin embargo, cabe recordar que en este tipo de afasias hay más zonas implicadas.

Paul Broca

La afasia de Broca también es conocida como afasia de expresión, afasia anterior o afasia motora. La lesión únicamente del área de Broca produce mutismo, por ello, para considerar la afasia como tal, también deberán estar dañadas zonas adyacentes al área 44, así como lesiones anteriores e inferiores a la cisura de Rolando, lesiones en la ínsula y en regiones corticales del lóbulo frontal (área 45). La cercanía de las lesiones a áreas motoras, puede provocar una hemiplejia o parálisis motora de la cara y de las extremidades derechas. La extensión de la lesión determinará el grado de gravedad de la parálisis, que puede ir desde una parálisis facial leve hasta una hemiplejia derecha total.

Futuros hallazgos

Las investigaciones del cerebro estaban tomando un rumbo cada vez más certero. Los nuevos métodos de investigación y los cambios de pensamiento en cuanto a la exploración del cuerpo humano, habían abierto un nuevo camino. En algunas épocas pasadas, experimentar con el cuerpo humano estaba prohibido, por eso la posibilidad de disponer de cadáveres humanos supuso un gran avance en las neurociencias.

Sin duda, todos estos adelantos ayudaron a aumentar el conocimiento y el número de investigación. Es por ello, que un neurólogo alemán llamado Carl Wernicke, no tardó en localizar la zona del cerebro especializada en la comprensión del habla. Se percató que una lesión en el lóbulo temporal cerca de la corteza auditiva podía provocar graves dificultades en la comprensión verbal. Se trató de un descubrimiento que dio pie a la famosa afasia de Wernicke. La explosión de las neurociencias no había hecho más que empezar.

Bibliografía

Redolar, D. (2013). Neurociencia cognitiva. Madrid: Editorial Médica Panamericana.

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