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“¿Por qué miente tanto?”, esta es una de las frases que más repiten los padres. Y es que casi todos los niños mienten en mayor o menor medida. Conocer las causas que les llevan a tener esta conducta es importante para saber cómo actuar. La mentira es una habilidad que todos los niños aprenden, algunos la ejercitan mucho más que otros.

Cuándo empiezan a mentir los niños

Antes de los 5 años no es preocupante que el niño mienta, ya que suele ser fruto de su imaginación, pero a partir de los 7 sí, pues el pequeño ya distingue perfectamente entre verdadero y falso.

Las mentiras preocupantes son las que cuentan para conseguir que castiguen a otros, en este caso hay que hacerles ver las consecuencias de su conducta.

Pero no todo es malo en la mentira infantil, urdir una mentira implica utilizar la imaginación y, mantenerla, emplear la memoria, es decir, para  mentir hay que hacer trabajar al cerebro. La conclusión a la que ha llegado una investigación del Instituto de Estudios sobre el Niño de la Universidad de Toronto, es que “los procesos cerebrales de formular una mentira son un indicador de la inteligencia del niño”.

¿Por qué miente un niño?

Conocer la causa por la que ha mentido tu hijo te ayudará a entenderle y a saber cómo actuar. Lo principal es hablar con el niño para descubrir el motivo que le ha llevado a mentir. Estas son las principales causas:

  • Por miedo. Hay niños que tienen miedo de las consecuencias de sus acciones, por eso suelen mentir. Suele ocurrir cuando viven en un entorno sujeto a reglas muy estrictas o si tienen padres muy autoritarios, o si no tienen libertad para hablar con sus progenitores.
  • Para proteger a alguien.
  • Porque es muy imaginativo y la verdad le aburre.
  • Para evitar una tarea que no le gusta realizar: “¿Te has lavado los dientes?”, pregunta el padre.  “Si papá” , responde el niño (pero en realidad no se los ha lavado).
  • Por error. Cometen una acción involuntaria, como por ejemplo romper un jarrón, y no saben salir de la situación embarazosa.
  • Por amor, para su aprobación, y porque a los niños les gusta impresionar a la gente con rapidez.
  • Por imitación. Si el padre o la madre mienten, el niño también lo hará. “Si ellos observan y viven la mentira de manera cotidiana, aprenden a hacerlo como algo normal”, advierte la psicóloga. Por ejemplo, si escucha a la madre decir por teléfono: “dile que no estoy.”

Cómo actuar ante la mentira de nuestros hijos

Hay que recordar que uno de los motivos principales que lleva a un niño a mentir es el miedo. En cierto modo la mentira es una conducta de evitación del castigo. Si se castiga al niño por mentir, los padres corren el riesgo de reforzar el miedo, lo que aumenta la probabilidad de que el pequeño mienta en el futuro.

El niño puede pensar que no lo castigan por mentir sino por descubrir la verdad, y es muy probable que la próxima vez busque formas más sofisticadas de mentir para no ser descubierto.

Así pues, cuando creamos que un niño miente, debemos seguir estos cinco pasos:

  1. Descubrir la causa. Es muy importante averiguar los motivos que le han llevado a mentir. Y asegurarse de que ha mentido, es muy contraproducente acusarle de mentiroso cuando no lo ha sido.
  2. Dar ejemplo. Los padres deben ser un buen ejemplo para sus hijos y que no mientan. De acuerdo a las capacidades evolutivas del niño, es conveniente buscar la manera de enseñarle sobre la honestidad, identificar lo real de lo imaginado.
  3. Felicitar o premiar al niño que confiesa la verdad. Explicarle que lo que ha hecho no está bien y negociar de forma democrática las consecuencias de sus actos.
  4. Favorecer un  ambiente de confianza. Así el niño se encontrará cómodo y en libertad para contar sus errores o conductas no adecuadas. Que no sienta que cada vez que habla habrá consecuencias negativas.
  5. El castigo, sólo se debe utilizar en casos extremos. Si nos vemos incapaces de corregir esta conducta entonces hay que pedir ayuda a un profesional.

¿Cuándo se considera un problema?

Todos los niños mienten. Sin embargo, lo que más debe preocupar a los padres es la mentira compulsiva. Cuando el niño miente sin ninguna razón aparente y con frecuencia. Los padres de estos niños tienden a sospechar y desconfiar de sus hijos, y estos pequeños cada vez se hacen más rebeldes y deshonestos (la pescadilla que se muerde la cola). Aquí hay que buscar las causas y pedir ayuda al psicólogo infantil.

Cuatro tipos de mentiras

  1. La hecha en forma esporádica (todos alguna vez mentimos) y espontánea Pero… ¿hay mentiras piadosas? Esa es la pregunta que todos nos hacemos, y quien justifica la mentira hace suya la frase de que “el fin justifica los medios”.
  2. La evolutiva, que comienza en la niñez y es reforzada por los padres/madres (de niño)
  3. La que se dice como producto de un padecimiento sintomático. Para obtener atención gracias a la creación de un falso personaje que nos da brillo y es para mejorar nuestra propia autoestima, inventando logros y consecuciones personales.
  4. La efectuada como conducta repetitiva. Esta es la mitomanía, en la que se vive para y por la mentira. es la complicada y la que lleva a la mentira compulsiva.

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Pero… ¿Porqué mentimos?

  1. Determinadas personas, en algún momento, aprenden a eludir sus responsabilidades mintiendo. Si lo realizan durante mucho tiempo, la mentira termina convirtiéndose en hábito, apareciendo de este modo un trastorno psicológico serio que le impide controlar su comportamiento , donde la mentira acaba dominando al individuo.
  1. La mentira se da también porque el sujeto obtiene cierto placer, se siente de alguna forma más listo que los demás. El hecho de correr cierto riesgo favorece la aparición de una elevación de adrenalina y cierto placer asociado al riesgo. Recibe el beneficio secundario que supone el no afrontar el acto realizado. Sin embargo cada mentira, además puede llevar asociada que la persona se vea obligada a unirla con otras nuevas. Por ejemplo, una persona dice a su doctor que le duele el estómago para evitar acudir a su trabajo. El médico le remite al especialista y éste le realiza una prueba muy dolorosa que consiste en introducir un tubo por la garganta hasta el intestino. Finalmente la conducta ficticia inicial lleva al paciente a un dolor real de garganta y a lo mejor a la pérdida de su trabajo si su jefe descubre el invento.
  1. También otra causa está relacionada con la autoestima. Llevados por la inseguridad y desconfianza en nuestra capacidad de ser aceptados tal como somos, podemos caer en la tentación de adornar aquí y allá nuestra historia y nuestras habilidades de forma que causemos una impresión favorable en las demás personas. Esta es quizás el origen de la mentira que más se está generalizando en nuestro tiempo en la que la imagen superficial y la búsqueda de estereotipos y clichés socialmente aceptados se está imponiendo.

Mentir es un recurso fácil, aunque el precio que se corre es la posibilidad de ser descubierto. En esto sucede algo similar a la persona que lanza rumores falsos para disminuir quien envidia: puede ser descubierto y la conducta desvelada, ir en su contra desprestigiándolo ante a los que quería influir.

La mentira que busca impresionar para mejorar la autoestima, se puede transformar en un trastorno de la personalidad que podríamos llamar ‘seudologia fantástica’ que es una compulsión a imaginar una vida, unos acontecimientos y una historia en base a causar una impresión de admiración en los espectadores o en las personas que nos escuchan.
Este afán por impresionar esta basado en la imperiosa necesidad de resultar valiosos y geniales por medios tramposos ya que por los medios naturales y habituales de la simpatía y de la espontaneidad se duda de poder conseguirlos.
Refleja, por un lado, la ambición de ser dignos de amor, de admiración y “ojito derecho” de los demás como antes de ser destronamos por el proceso de maduración lo éramos de los padres; por otro lado, se pone de manifiesto nuestra profunda duda de no ser dignos de ser admirados o queridos en base a la distancia, la dureza, el aislamiento y la falta de adaptación que sufrimos, que asemejan pruebas de algún tipo de discapacidada.

El mentiroso fantasioso coge el atajo de robar atención y aprecio de los demás por la vía del fácil engaño (las palabras son cómodos sustitutos de los hechos) en vez de por su Ser-sincero, tal vez mucho mas modesto de lo que su ambición soporta.

A veces la propia conducta del individuo genera un comportamiento que tiende a confirmar la mentira: Se imagina un gran literato o poeta, lo dice y además busca poemas, los copia, los parafrasea y los da a conocer diciendo que son suyos. Copia un cuadro diciendo que tiene dotes de pintor/a y lo que ha hecho es una sofisticada técnica de copiado. La historia está llena de grandes farsantes que han sido descubiertos tarde o temprano.

No se conforma con ser una persona cualquiera -tal vez se vería a sí misma con excesivo desarraigo-, sino que desea ser siempre una personalidad de primera magnitud, de esas que los demás admiramos embelesados y envidiosos.

¿Se puede prevenir la mentira?

Una forma de evitar que la mentira se transforme en una obsesión en la edad adulta es “no castigar a los chicos cuando dicen una mentira menor, ya que es propio de la imaginación infantil y forma parte de su maduración”. Los padres deben explicar las diferencias entre fantasía y realidad a los niños/as. El desarrollo de una fantasía muy grande puede llevar a los niños/as a cultivar “otra realidad” inventada que es la puerta a la mentira. Hay que hacerles saber distinguir entre imaginación (estimulándosela también) y realidad.

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