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El miedo es una emoción básica que nos ayuda a protegernos de ciertos peligros. Se trata de una emoción estrechamente relacionada con la supervivencia. Sin embargo, existen situaciones donde este miedo puede condicionarse a situaciones o estímulos completamente neutros, lo que se conoce como miedo condicionado. Imaginemos que un niño pequeño cada vez que entra en una habitación le damos un susto. Al poco tiempo, es muy posible que este niño le tenga miedo a la habitación en sí.

Para que este condicionamiento tenga lugar, existen dos estructuras cerebrales fundamentales: la amígdala y el hipocampo. La amígdala representa un elemento clave en las emociones y el hipocampo en la memoria espacial. De esta forma, podemos condicionar el miedo a un lugar concreto. A lo largo del artículo repasaremos en qué consiste el miedo condicionado así como el papel clave de estas dos estructuras cerebrales.


Miedo condicionado, ¿en qué consiste?

Antes de entrar de lleno en el papel de la amígdala y del hipocampo en el miedo condicionado, repasaremos en qué consiste este proceso. Como define el equipo de Carlos Ibérico (2007), en el condicionamiento del miedo «un estímulo neutral, que no produce de por sí una respuesta emocional, es seguido de un estímulo incondicional aversivo (EI). Luego de ciertos apareamientos, el estímulo neutral indicará el inicio del EI y provocará una respuesta de miedo asociada con la expectativa del EI aversivo«.

A través de este proceso, un estímulo que originalmente era neutral, se convierte en un estímulo condicionado (EC). Para que se entienda mejor imaginemos que realizamos un experimento con ratas. Tenemos a un roedor en una jaula con un suelo que da pequeñas descargas eléctricas (EI). Durante unos cuantos ensayos, se activa un sonido (estímulo neutro) que va seguido de una descarga (estímulo incondicional aversivo). Cuando se realizan los ensayos suficientes, el sonido acaba provocando por sí mismo una reacción de miedo. Esto es, el sonido ha pasado a ser un estímulo condicionado.

Miedo condicionado y amígdala

El papel de la amígdala en el miedo condicionado ha sido ampliamente investigado. LeDoux y su equipo (2000), realizaron un experimento con ratas para comprobar qué rol jugaba la amígdala en el condicionamiento del miedo auditivo. En un principio, provocaron lesiones en las vías auditivas en ratas, concretamente lesiones bilaterales del núcleo geniculado lateral. En este caso, observaron que se bloqueaba el miedo condicionado a un tono, sin embargo, las lesiones bilaterales producidas en la corteza auditiva no lo impedían.

¿Qué indican estos hallazgos? Que para que se produzca el condicionamiento al miedo las señales que provocan el tono han de llegar al núcleo geniculado medial, pero no a la corteza auditiva. También hallaron la existencia de otra vía desde el núcleo geniculado medial a otra estructura: la amígdala. Averiguaron que las lesiones de la amígdala así como las del núcleo geniculado medial impedían el miedo condicionado.

La amígdala recibe el input de todos los sistemas sensoriales. Esta estructura está relacionada con el aprendizaje y el mantenimiento del significado emocional de las señales sensoriales. Así pues, la amígdala es fundamental en este proceso ya que a través de ella se aprende y se mantiene la aversión a un estímulo condicionado al miedo. En la amígdala se produce el proceso de evaluación sobre la importancia emocional de un sonido concreto en función de las experiencias previas con éste. A partir de aquí, se activan los circuitos responsables de respuesta simpática y de conducta en el hipotálamo y la sustancia gris periacueductal.

Miedo condicionado contextual e hipocampo

El miedo condicionado también puede asociarse a un contexto concreto. Imaginemos que volvemos cada día a casa del trabajo por una calle tranquila de la ciudad. Un día, alguien con la cabeza tapada nos dice que le demos todo el dinero: nos están robando. A partir de esta experiencia, existe una gran probabilidad de que dejemos de pasar por esa calle y tomemos vías alternativas. De esta forma, se habrá condicionado la calle del robo al miedo, es decir, la calle por sí misma, nos elicitará la emoción de miedo.

El proceso a través del que un contexto inofensivo puede llegar a producir miedo mediante la asociación de éste a estímulos que inducen al miedo se conoce como miedo condicionado contextual. En este tipo de condicionamiento no solo entra en juego la amígdala, sino también el hipocampo. El hipocampo es una estructura clave en los procesos de memoria de localización espacial, así pues, se trata de una estructura importante en este tipo de condicionamiento.

Antoniadis y McDonald (2000), demostraron que la lesión bilateral del hipocampo antes del condicionamiento, bloquea la aparición de la respuesta de miedo al contexto sin bloquear el desarrollo de miedo al estímulo condicional explícito. Si trasladamos este hallazgo al ejemplo del ladrón se podría decir que no perdemos el miedo al ladrón pero sí a la calle, es decir, no desarrollaríamos miedo a volver a pasar por ahí.

Por otro lado, cuando la lesión se produce después del condicionamiento bloquea el recuerdo de la respuesta de miedo sin cambiar el recuerdo de la respuesta de miedo al estímulo condicional explícito. Si volvemos al ejemplo del ladrón, en este caso, tendríamos miedo al ladrón pero se bloquearía el recuerdo de respuesta de miedo en la calle, es decir, la calle dejaría de darnos miedo.

Bibliografía

  • Antoniadis, E. y McDonald, R. (2000). Amygdala, hippocampus and discrimibative fear conditioning to context. Behavioural Brain Research, 108, (1), 1-19.
  • Ibérico, C., Vansteenwegen, D, Vervliet, B. y Hermans, D. (2007). El efecto de la (im)predictabilidad en el miedo contextual: una réplica de hallazgos básicos. Revista de Psicología, 25, (1), 81-101.
  • LeDoux, J. (2000). Emotion circuits in the brain. Annual Reviews Neuroscience, 23, 155-184.
  • Pinel, J. (2006). Biopsicología. Madrid: Addison-Wesley.

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